La nueva película de Mel Álvarez 'Más allá de la Montaña' (rodada este mes de agosto en Corbera de Llobregat) se puede catalogar como realismo mágico. Se trata del segundo largometraje del director rodado en territorio español tras El rostro del diablo, un thriller policial aún pendiente de estreno. Más allá de la montaña sigue a Arturo (interpretado por José Vicente Pinto), un hombre que regresa a su aldea natal tras la muerte de su madre. Acompañado por su esposa (Lis Moreno) y su hijo pequeño se reencuentra con su padre, con quien mantiene una relación muy distante: Don Felipe (Pep Antón), un personaje excéntrico cuya visión del mundo está marcada por las leyendas de un paraíso mítico llamado Ávalon, “más allá de la montaña”. Lo que comienza como una despedida se convierte en un viaje emocional hacia la reconciliación familiar, con la mirada inocente del pequeño Adrián (Bruno Morales) como faro de esperanza.
La historia avanza entre heridas generacionales, silencios que pesan y cuentos que resisten el paso del tiempo. Y cuando una nueva tragedia golpea, será el pequeño Adrián quien, armado con el legado narrativo de su abuelo, emprenderá un viaje hacia esa montaña mítica donde quizás, solo quizás, se encuentre el principio de la verdadera sanación. El realismo mágico, ese concepto acuñado por Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad, se palpa en cada fotograma, en las acciones del día a día, en el amor o la capacidad para perdonar.
Por eso, el director define el film como “una meditación sobre el perdón, los nuevos comienzos y la fuerza silenciosa de los lazos familiares”. El guión, que entrelaza lo real con lo fantástico, se apoya en paisajes naturales y una atmósfera visual cargada de simbolismo. En palabras de Álvarez, la naturaleza no es solo el escenario, sino “un personaje en sí mismo, que representa tanto el territorio físico como el emocional que debemos atravesar en la vida”.
Para Mel Álvarez, su segundo largometraje es “una carta de amor al hogar, al legado y a esas historias que nunca dejan de vivir dentro de nosotros”. En tiempos donde lo íntimo y lo colectivo reclaman nuevos relatos, Más allá de la montaña se perfila como una obra que puede ser capaz de conectar generaciones a través del cine, la memoria y la magia del paisaje de Corbera.