El Llobregat

Vigésimo aniversario de ‘El Llobregat’

EDITORIAL

X. Pérez Llorca | Viernes 10 de abril de 2026

Hay periodos en la historia de los países que pasan desapercibidos. En cambio en otros, los hechos se atropellan, se suceden en cascada sin dar tiempo a asimilar lo que está sucediendo. Esto último es lo que ha ocurrido desde nuestra primera edición en abril de 2006: En 2006, durante la presidencia de Pascual Maragall, se plebiscitó un nuevo Estatut de Autonomía en Catalunya.



Al poco (2008), la economía, que no se rige por estatutos, entró en crisis. Siguieron años muy duros: liquidación de cajas y bancos, quiebras de empresas, despidos e incertidumbres. En 2010, el Tribunal Constitucional recortó el Estatut, dando pie a un estado de opinión de exaltación nacional, que se expresó en movilizaciones masivas desde 2012; culminando con el referéndum de independencia del 1 de octubre de 2017, que colocó a todos los operadores políticos en situación de zugzwang. De todo ello, El Llobregat fue cronista.

En 2020, la pandemia del Covid-19 nos obligó a dejar de lado la épica y a preocuparnos por la vida. En cuestión de semanas, estábamos buscando mascarillas, aplaudiendo a los médicos, valorando la importancia de la salud, agradeciendo disponer de un hospital o de recibir subsidios por la suspensión de empleos. En esos meses de 2020, El Llobregat se editó puntualmente.

Y, milagrosamente, mientras todo esto pasaba, el millón de personas que vivimos en este territorio, continuamos despertándonos cada mañana, trabajando, riendo, llorando… viviendo. En veinte años, esta comarca de la Catalunya Nova, al oeste del Llobregat, ha crecido cualitativa y cuantitativamente. Desde estas páginas hemos informado de debates y proyectos: Porta Diagonal, Bioclúster, Campus Clinic, cubrimiento de la Granvía, logros de la Universidad Politécnica (UPC), del Hospital de Bellvitge o del de Sant Joan de Déu; del Parc Agrari, de las obras de la nueva autovía B-25, del aeropuerto… En estas dos décadas, L’Hospitalet y el Baix Llobregat han pasado de ser periferia industrial y residencial a convertirse en un motor metropolitano clave, con protagonismo en la salud, la innovación tecnológica y la diversidad cultural. Generamos del orden del 15% del PIB catalán.

Creo que vendrá mucho más por contar. Seguro que en los próximos tiempos tendremos que escribir sobre la nueva realidad social en la que estamos. Estas semanas, destacan un par de noticias que anuncian ese futuro:
Uno. Cambios en el movimiento sindical; las movilizaciones coordinadas, de maestros, médicos y payeses. Impulsadas por sindicatos sectoriales o de base asamblearia, que prescinden de los grandes sindicatos (UGT y CCOO, antes llamados, de clase). Reivindican “la revuelta” y se consideran pilares del estado de bienestar; exigen más recursos, entre otras finalidades, para asegurar el buen funcionamiento de la “escuela inclusiva”. Reivindicación tan justa, como de difícil solución: por ejemplo, el padrón municipal de L´Hospitalet informa que el 42% de los censados han nacido fuera de España. ¿Cuánto dinero sería necesario invertir solo en L´Hospitalet para conseguir “lo justo”, para atender toda la complejidad que se adivina tras ese dato: 42%? ¿El Pla del Samontà, presentado por el alcalde David Quirós, llega tarde? ¿Será suficiente para conjuntar tanta diversidad?

Y dos. La implantación en el área metropolitana de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE). Una medida necesaria para mejorar la calidad ambiental, pero que choca frontalmente con los intereses de todos aquellos que no tienen capacidad económica para comprar un coche nuevo. Los consistorios, con más o menos disimulo, han retrasado tanto como han podido la entrada en vigor de las sanciones previstas en la norma. Son conscientes de la contradicción. Desde esta publicación, nos tocará explicar, los efectos de la implantación, las derivas judiciales de la medida y estaremos atentos al impacto electoral que probablemente tendrá en mayo de 2027.Es nuestra función: informar de los hechos, destacar contradicciones y exponer opiniones. Dicho sea, con permiso del gran García Márquez:

El Llobregat, sí tiene quien le escriba”. III

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