La aparición y creciente visibilidad de nuevos modelos de familia —hogares formados por dos padres, dos madres, padre y madre, familias monoparentales, reconstituidas o con abuelos y otros tutores al frente de la crianza— está transformando costumbres profundamente arraigadas en España.
Incluso celebraciones tan tradicionales y aparentemente sencillas como el Día del Padre y el Día de la Madre han entrado en debate. Lo que durante décadas fue una cita fija del calendario escolar y familiar se ha convertido en una discusión activa sobre cómo adaptar las tradiciones a una sociedad mucho más diversa.
En España, el Día del Padre se celebra cada 19 de marzo, coincidiendo con la festividad de San José, mientras que el Día de la Madre tiene lugar el primer domingo de mayo. Ambas jornadas han estado vinculadas históricamente a reuniones familiares, pequeños regalos y actividades escolares en las que los niños preparaban dibujos, tarjetas o manualidades para entregar en casa. Para varias generaciones, estas fechas forman parte de los recuerdos de infancia y de una tradición asociada al cariño familiar.
Sin embargo, en los últimos años algunos centros educativos han comenzado a replantearse este modelo. El motivo principal es que la estructura familiar ya no responde siempre al esquema clásico de padre, madre e hijos. En muchas aulas conviven menores criados por un solo progenitor, niños con dos madres o dos padres, alumnos que viven con sus abuelos o menores que han perdido a uno de sus progenitores. Ante esa realidad, algunos docentes consideran que mantener las celebraciones tradicionales sin matices puede generar incomodidad o sensación de exclusión en determinados casos, siguiendo directrices de los que se llama wokismo.
Como respuesta, algunos colegios estas efemérides por celebraciones más amplias, como el Día de la Familia o el Día de la Persona Especial. o bien mixtas. La intención es que cada niño dedique la actividad escolar a quien considere una figura importante en su vida. Para evitar controversias, También hay colegios que están dejando estas celebraciones al ámbito privado y evitan organizarlas dentro del aula
Esta decisión, sin embargo, no está exenta de polémica. Quienes defienden mantener las fechas tradicionales consideran que se trata de costumbres positivas, con un fuerte componente emocional, y que eliminarlas supone renunciar innecesariamente a parte de la cultura popular española. A su juicio, el Día del Padre y el Día de la Madre no excluyen a nadie por sí mismos, sino que simplemente se limitan a reconocer unos vínculos familiares muy presentes en la mayoría de hogares.
Por el contrario, quienes apuestan por reformular estas celebraciones sostienen que la escuela debe adaptarse a la pluralidad social actual. Argumentan que el ámbito educativo debe ser especialmente sensible con la realidad de todos los alumnos y evitar actividades que puedan señalar diferencias personales o familiares. Desde esta perspectiva, sustituir estas fechas por otras más inclusivas no supone borrar tradiciones, sino actualizarlas.
Pese al ruido que genera cada año en redes sociales y medios de comunicación, no se trata de un conflicto de gran magnitud nacional. pero que sí incide sentimentalmente en los padres (sobre todo varones) de las familias tradicionales. No hay protestas masivas ni enfrentamientos políticos decisivos pero el debate refleja, en realidad, que las costumbres también cambian cuando lo hace la sociedad.
Ante esta disyuntiva cabe preguntarse: ¿Se den seguir celebrando el Día del Padre y de la Madre como siempre por su arraigo cultural y porque no ofenden a nadie? ¿O es mejor ser prudentes y no herir posibles sensibilidades? El debate está servido. III