Las familias no responden a un único modelo familiar, sino que son tan plurales como la sociedad en la que vivimos. La escuela debe reconocer esta realidad y trabajar por el reconocimiento de los vínculos familiares y su diversidad.
Las aulas son el reflejo de nuestra sociedad. Lejos de ser espacios cerrados a la realidad, en ellas conviven realidades distintas, historias familiares diversas y un entendimiento de los vínculos familiares afectivos que pueden ir más allá del modelo tradicional de familia.
Y es que el modelo de familia es tan diverso como el número de familias que existen. Limitarnos a promocionar un solo tipo de familia excluye la existencia de muchas otras realidades que no son minoritarias, y que responden a situaciones y capítulos de nuestra vida que ya son ordinarios en nuestro alrededor: separaciones o divorcios, adopciones, hijos con hermanos o hijos únicos, familias que se juntan por los progenitores que ahora son pareja, familias con progenitores del mismo género, familias con un solo progenitor o tutor... las familias somos diversas, como la vida misma.
Y en concreto, si hablamos del bienestar de nuestros infantes, yo creo que al final lo importante es que ellos se sientan queridos y cuidados, independientemente de cómo sea su familia. Toda familia que se diga a sí misma así, vela por el bienestar y la promoción del futuro de sus hijos. Por lo tanto, todas las familias son válidas, y merecen nuestro apoyo y reconocimiento.
En espacios como el colegio deben reconocer esta pluralidad porque no son burbujas aisladas de la realidad del alumnado. Es posible la adaptación de las celebraciones que ponen en valor los vínculos familiares sin limitarse a reproducir un único tipo de familia. El debate creo que no debe centrase en el nombre de la festividad, sino en potenciar el mensaje que quiere transmitir: el reconocimiento del amor, del cuidado y el acompañamiento de los adultos con los infantes. Y ante este objetivo, estoy convencida de que podremos encontrar el equilibro que permita seguir poniendo en valor este reconocimiento de las familias con toda su plenitud y diversidad. III