Pere Rovira

Dios, el hombre y la Navidad = lenguaje de amor

Mossèn Pere Rovira | Domingo 14 de enero de 2024
Después de las fiestas navideñas, comenzamos un nuevo año lleno de expectativas y proyectos.

En muchos casos las fiestas de Navidad se convierten en un consumo desmesurado, dado que hemos desnaturalizado el verdadero origen de estos días tan especiales. Todo se reduce a un escaparate publicitario donde el denominador común son las “comilonas” y los “regalos”. Jesús no aparece como el antiguo protagonista, donde el cómo, el dónde y para qué nació es algo secundario. La sociedad ha paganizado el origen de esta fiesta tan marcadamente cristiana.
La pregunta que me he realizado estos días va en esta dirección: ¿qué ha pasado para que la vida y la fe se desconecten de forma tan alarmante?

Hace escasas semanas una joven adolescente me dijo que Dios era ella misma y por tanto no creía en nada más que ella. ¿Hasta qué punto hemos llegado, en muchas sociedades occidentales, para que todo referente religioso cristiano sea un obstáculo o impedimento para el crecimiento o la libertad del ser humano?

Cuando el tema religioso se expresa como una suma de teorías y doctrinas exentas de experiencia, la fe no responde a las necesidades del hombre de hoy. Cuando la fe en Jesucristo no se dirige al yo personal o comunitario, a los problemas y las inquietudes cotidianas, nos alejamos ante la búsqueda de sentido del ser humano. Cuando la fe no ilumina la historia, las realidades más frágiles de nosotros y las esperanzas futuras, es inútil encontrar un Dios tan lejano.
La Navidad ha sido, es y será la respuesta de Dios ante la búsqueda de “las grandes respuestas”. No se ha expresado con grandilocuencia y “pompas”, eligió la humildad y pobreza. Puede que éste sea el gran problema de nuestra sociedad: hemos crecido en soberbia y prepotencia y hemos decrecido en humildad y tolerancia con los que discrepan.

La ciencia se ha convertido en un “dios” demasiado utilitarista, impotente de convivir con la fe. Todos hemos de ayudar para que esta convivencia sea un hecho que nos enriquezca como personas y como sociedad. La fe es una realidad pre-ciencia y por tanto forma parte de la esencia del hombre en particular y del universo en general.

El hombre creyente no es más ni menos que el eterno buscador de la verdad inmutable y eterna. Procuremos no perder este deseo innato en el corazón de todos. III

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