El precio de los pisos se ha disparado un 7,2% de promedio y los alquileres están por las nubes con un auge del 63,7% desde 2021. El alza interanual de las compraventas en el territorio ha alcanzado niveles no vistos desde antes de la crisis de la ‘burbuja’ de 2007
Con el comienzo del año, en las calles de L’Hospitalet y del Baix Llobregat empiezan a verse algunos carteles más de “Se vende” y rara vez alguno de “Se alquila” pero este tibio despertar no es suficiente para amortiguar la presión de quienes buscan una vivienda. El mercado inmobiliario del territorio ha experimentado un repunte en 2026, siguiendo la estela de los últimos trimestres del año pasado. Pero, para desconsuelo de muchos, el precio de los pisos ha experimentado una subida inaudita que roza el 10% interanual. En los alquileres la situación todavía es peor y una subida próxima al 60% desde el año 2021 causa estragos. Todo un golpe de realidad para la emancipación. En el entorno metropolitano “ya estamos hablando de cifras completamente desconectadas de los salarios”, reconoce Victor Font portavoz y director de estudios del portal inmobiliario pisos.com.
Según el último Informe sobre Conjuntura Econòmica del Fòrum Empresarial del Llobregat, durante el tercer trimestre del año pasado se formalizaron 3.262 operaciones de compraventa, un 3,7% más que en el mismo periodo del año anterior. Si se eliminan del cálculo los descensos de Gavà y Molins de Rei, donde se registraron 46 y 92 operaciones menos respectivamente, el crecimiento interanual supera el 8%, alcanzando niveles “que no se veían desde antes de la crisis de la burbuja inmobiliaria en 2007”. El aumento de operaciones se concentra en los municipios más grandes. L’Hospitalet lidera el incremento con 102 operaciones más que el año anterior, seguido de Cornellà con 77 y Viladecans con 74. Algunos municipios pequeños registran subidas porcentuales llamativas: Sant Esteve Sesrovires crece un 115%, La Palma de Cervelló un 75% y Castellví de Rosanes un 50%. Sin embargo, localidades como Molins de Rei y El Papiol muestran descensos del 56% y del 53%, lo que evidencia que la actividad se concentra allí donde la población y la demanda son mayores.
A pesar de este repunte, la oferta de vivienda sigue siendo claramente insuficiente. La población del territorio ha crecido en 45.000 personas en los últimos cinco años, y considerando que cada hogar ocupa de media tres personas, se necesitarían unas 15.000 viviendas nuevas por lustro para cubrir la demanda. En la última década solo se han construido 18.500 viviendas, una cifra que queda corta frente a las necesidades del territorio de 45.000 en 15 años. Esta escasez mantiene los precios altos, tanto en venta como en alquiler, y obliga a muchas familias y jóvenes a desplazarse hacia municipios más alejados de sus lugares de trabajo, aumentando la presión sobre el transporte público y las carreteras.
La concentración de nuevas viviendas refleja esta tensión. L’Hospitalet encabeza la construcción con 4.075 viviendas en diez años, seguida de Cornellà con 1.507, Viladecans con 1.308, Sant Just Desvern con 1.248, Sant Boi con 1.200, El Prat con 1.184, Sant Joan Despí con 1.014 y Sant Feliu con 1.005. En contraste, localidades más pequeñas como Castellví de Rosanes, La Palma de Cervelló y Sant Climent apenas alcanzan la veintena de viviendas en todo este período.
El desequilibrio entre la concentración de la oferta en los grandes municipios y la demanda constante mantiene la presión sobre el mercado. A pesar del incremento de operaciones, cada vivienda disponible se convierte en un recurso muy disputado. “La escasez continúa condicionando la movilidad, el coste de la vida y las decisiones residenciales de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes que buscan emanciparse”, señalan desde el Fòrum.
Las números no mienten. Según el barómetro inmobiliario de Real Advisor los precios de la vivienda han subido un 7,2% en el entorno metropolitano de Barcelona lo que acarrea que se hayan alcanzado “precios récord para las ventas” en prácticamente todos los municipios, según el barómetro. Así, un piso en las dos ciudades más caras del territorio (Esplugues y Sant Just Desvern) se está pagando en 2026 hasta a unos inauditos 4.468 euros por metros cuadrado. Les siguen Sant Joan Despí (4.044 euros), Gavà (3.860 euros), Sant Feliu de Llobregat (3.281), El Prat (3.123), Molins de Rei (3.046), Viladecans (2.924), Cornellà (2.848), Sant Boi (2.520), L’Hospitalet (2.761), Sant Andreu de la Barca (2.245), Martorell (2.225), Sant Vicenç dels Horts (2.095) y Olesa de Montserrat (1.938), según cifras facilitadas a El Llobregat por pisos.com.
Con los alquileres pasa algo muy parecido o incluso muchísimo peor. Porque de los 10.03 €/m2 que se pagaba de media en el territorio en 2021 por rentar un piso (903 euros mensuales como promedio) se ha pasado a abonar en enero de 2026 la friolera de 16,42 €/m2, lo que supone una renta de 1.478 euros mensuales. Así, en solo cinco años el territorio acumula una subida de los alquileres del 63,70% y le pisa los pies a Barcelona, que arrastra un incremento del 79,49%, según pisos.com.
Si nadie pone remedio, en unos años la situación puede ser insostenible si a esto se le suma la regularización masiva de inmigrantes sin papeles prevista por el Gobierno, que aumentaría la demanda y convertiría algunas zonas residenciales en inaccesibles para la gran mayoría de bolsillos. “Se está generando una expulsión masiva de población hacia la periferia metropolitana y creando bolsas de pobreza habitacional en el centro de las grandes urbes. Es urgente aumentar el parque de vivienda en alquiler asequible y regular adecuadamente la actividad turística” para que la situación no alcance la categoría de catastrófica, advierte Victor Font.
En definitiva, la recuperación del mercado inmobiliario no ha aliviado la tensión existente. Más bien ha puesto de manifiesto la urgencia de planificar nuevas construcciones de manera estratégica, orientadas a los municipios con mayor demanda, para garantizar que la oferta pueda, al menos parcialmente, seguir el ritmo del crecimiento poblacional y las necesidades reales de los habitantes del Baix Llobregat y L’Hospitalet. Sin ser agoreros, lo peor puede estar aún por llegar. III