La siniestralidad viaria ha vuelto a crecer en el Baix Llobregat en lo que va de año rompiendo la tendencia de años anteriores. Entre enero y agosto de 2025 se han contabilizado siete víctimas mortales en las carreteras de la comarca, una más que en el mismo periodo de 2024, cuando fallecieron seis personas, lo que supone un incremento del 16,6%. El aumento en las cifras no es singular del Baix, al contrario, sigue la tendencia del conjunto de Cataluña, donde la mortalidad también ha repuntado respecto al año pasado. Pese a los malos resultados anuales, este mes de agosto se ha cerrado con diez víctimas mortales en la red viaria catalana, una menos que en 2024 y dos menos que en 2023. Sin embargo, la ligera mejoría estival no ha compensado el aumento acumulado en el resto del año.
Según los últimos datos hechos públicos por el Servei Català de Trànsit (SCT), entre enero y agosto de 2025 murieron en Cataluña 97 personas en 90 accidentes mortales, unos guarismos que están muy por encima (un 3,2%) de las 91 víctimas mortales en 84 siniestros del mismo periodo registrados en 2024. Es decir, se ha detectado un incremento de la mortalidad al volante del 3,2%. Sin embargo, la cifra sigue por debajo de la de 2019, año de referencia previo a la pandemia, cuando se contabilizaron 121 muertos en las carreteras catalanas en ese mismo periodo. Huelga decir que el repunte preocupa, y mucho, a las autoridades.
Del análisis de los datos resulta que la evolución de la siniestralidad en las carreteras del Baix Llobregat en estos ocho primeros meses del año es un calco que se proyecta en paralelo a la del conjunto de la comunidad autónoma. Las seis muertes registradas en los ocho primeros meses de 2024 se han convertido en siete en este 2025. Estos malos resultados mantienen a la comarca, junto al Vallès Occidental y Osona, como las zonas con más siniestralidad de toda la provincia de Barcelona. El contrapunto lo ponen las comarcas del Bages y el Maresme, que el año pasado encabezaban la lista negra, pero que en lo que va de este año han sido relegadas a un segundo plano.
Los accidentes mortales en carretera en este 2025 se han repartido por los diferentes municipios y vías comarcales, aunque destacan tres de ellos. El 2 de febrero, un motorista de 25 años perdió la vida al chocar su motocicleta contra un turismo y salir despedido en el kilómetro 3,6 de la BV-2005, en Torrelles de Llobregat. Dos meses después, el 25 de abril, un hombre de 49 años, vecino de Calafell, falleció en la AP-7 (a la altura de Martorell) al chocar su furgoneta contra una valla. Este pasado 2 de agosto un joven de 23 años natural de Viladecans que viajaba como copiloto murió tras una salida de vía en la A-2 en Sant Feliu de Llobregat. El conductor fue detenido por presunto homicidio por imprudencia grave.
En la línea de estos tres siniestros, el balance global de siniestralidad en la red viaria catalana de 2025 también muestra un patrón que se repite: los colectivos vulnerables representan más del 40% de las víctimas mortales. En toda Cataluña, 30 motoristas, siete peatones y cuatro ciclistas han perdido la vida entre enero y agosto. Los motoristas siguen siendo los más afectados, aunque con una ligera reducción respecto a 2024 (34 fallecidos en el mismo periodo). En cuanto a la edad, destaca el peso de las víctimas menores de 35 años, que representan más de un tercio de los fallecidos en Cataluña en 2025 (36 muertes).
Frente a la preocupante accidentabilidad de este año, el SCT insiste en la necesidad de reforzar la prudencia y el respeto entre conductores y colectivos vulnerables, especialmente motoristas, peatones y ciclistas, para frenar la escalada. El Servei también recuerda que los fines de semana siguen siendo los días más críticos (casi la mitad de las víctimas mortales en 2025 se produjeron en sábados, domingos o festivos) y pone el foco en que el problema no es solo la cantidad de siniestros “sino su gravedad y consecuencias”
Ante este escenario, la administración catalana .no se ha quedado de brazos cruzados. La consellera d’Interior de la Generalitat, Núria Parlon, ha anunciado recientemente la entrada en servicio de un sistema de velocidad variable en carretera AP-7 —como posible límite a 60 km/h en momentos de alta congestión— con paneles inteligentes y tecnología IA para armonizar el flujo vehicular.
Por otro lado, el SCT está trabajando con la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) en un sistema predictivo basado en inteligencia artificial que adelantará riesgos en tramos concretos de la red viaria catalana (como el complejo trazado de la AP-7 comprendido entre El Vendrell y Granollers), además de desplegar nuevos radares móviles en 150 puntos calientes
Los análisis más recientes destacan tres tramos viarios del Baix Llobregat como puntos negros o zonas de especial atención en materia de accidentalidad. Se trata de la autovía A-2 (incluyendo los enlaces con AP-2, B-20, B-10 y C-32), que se afianza como el tramo con mayor número de siniestros graves por kilómetro, implicando especialmente a vehículos pesados y motoristas. Además, esta vía rápida es una de las carreteras más peligrosas de toda Cataluña. En general, todas las vías metropolitanas de alta capacidad (A-2, AP-7, B-23 y N-340) concentran numerosas muertes, con especial énfasis en la autopista AP-7 a su paso por Martorell.
En segundo lugar, se sitúa la autovía de Castelldefels (C-31) en concreto el enlace con El Prat de Llobregat y L'Hospitalet), que registra altos niveles de siniestralidad, especialmente entre motoristas y vehículos ligeros. El tercer puesto en siniestralidad comarcal lo ocupa la carretera BV-1201 (entre Olesa de Montserrat y Castellbisbal), un tramo de apenas 8 km y gran intensidad de tráfico que está considerado como uno de los diez más peligrosos de Cataluña, según el estudio EuroRAP. También son tramoss críticos la BV-2005 (Torrelles), la BV-2411 (Begues) y la C-32 (Castelldefels).