El Aeropuerto de Barcelona-El Prat acaba de cerrar el ejercicio 2025 con cifras históricas que baten todos los registros y plusmarcas habidos y por haber pero que, en contraposición, lo colocan al borde de su capacidad operativa. Con 57,5 millones de pasajeros, récord absoluto, la infraestructura barcelonesa pese a funcionar a pleno rendimiento sin grandes lastres, se acerca peligrosamente a un umbral que expertos y gestores llevan años señalando como crítico y que solo podría sortearse con la ansiada y a la vez polémica ampliación de la tercera pista y la construcción de una nueva terminal satélite.
Barcelona nunca duerme, y su aeropuerto -el de El Prat- tampoco. Según datos facilitados este mismo martes por AENA, en 2025, las terminales y pistas pratenses se convirtieron en un auténtico hormiguero aéreo: 57.483.036 pasajeros cruzaron sus zonas de embarque y desembarque, un 4,4% más que en 2024, pulverizando por segundo año consecutivo su propio récord anual. La cifra no es solo simbólica: sitúa al aeropuerto a apenas un suspiro de los 60 millones de viajeros, superando incluso los 55 millones que la mayoría de expertos consideran su capacidad máxima operativa en óptimas condiciones, antes de la esperada ampliación de terminales y pistas.
La imagen del gran aeródromo barceloneés es nítida y clara: pistas funcionando al máximo rendimiento, terminales llenas incluso fuera de temporada alta y franjas horarias tradicionalmente tranquilas —las llamadas horas valle— convertidas en la nueva frontera del crecimiento. A falta de la largamente debatida ampliación que, según los planes de Aena, permitirá alcanzar entre 70 y 80 millones de pasajeros al año, El Prat ya no crece cuando quiere, sino solo cuando puede. Y le queda poco margen para seguir haciéndolo, de ahí que sea tan urgente que se clarifique el futuro de la ampliación de la tercera pista y la posible afectación del proyecto a la reserva natural del Delta, que debería multiplicar su tamaño.
El dato clave de 2025 no es solo cuántos pasajeros han pasado por Barcelona, sino cómo lo han hecho. El aumento del tráfico se ha concentrado en horarios, días y meses que todavía tenían margen, confirmando una estrategia de desestacionalización que busca repartir la presión a lo largo del año. Diciembre fue el mejor ejemplo: 4,3 millones de pasajeros en un solo mes, un 5,8% más que el año anterior, y nuevo récord mensual. Este comportamiento confirma una tendencia que también se observa en otros grandes hubs europeos: cuando el crecimiento físico se frena, la solución pasa por exprimir el reloj y el calendario.
El motor del récord ha sido, una vez más, el tráfico internacional. De los más de 57 millones de pasajeros comerciales, 43,2 millones viajaron en vuelos internacionales, un 6,2% más que en 2024. El tráfico nacional, en cambio, retrocedió ligeramente (-0,6%), una señal que refuerza el papel de Barcelona como gran puerta de entrada global y nodo turístico y económico del sur de Europa. En diciembre, la brecha fue aún más evidente: los viajeros internacionales crecieron un 9,1%, mientras que los nacionales cayeron un 3,2%.
El récord no se ha quedado solo en el capítulo de los pasajeros. En 2025, operaron en las pistas barcelonesas 360.786 vuelos, un 3,7% más que el año anterior, la cifra más alta jamás registrada en un año natural. Diciembre volvió a marcar máximo mensual con 27.780 operaciones.
Y mientras los aviones despegan llenos de viajeros, también lo hacen de mercancías. El Prat superó por primera vez la barrera de las 200.000 toneladas de carga aérea, con un crecimiento del 10,5%. Un dato que consolida su papel logístico y añade otra capa de complejidad a una infraestructura ya exigida al límite.
Con estos números sobre la mesa, el debate sobre el futuro del aeropuerto vuelve a la pista de despegue. Comparado con otros grandes aeropuertos europeos que superan holgadamente los 60 o 70 millones de pasajeros gracias a ampliaciones progresivas, El Prat avanza ahora con el freno puesto. Cada nuevo récord es también un recordatorio: sin cambios estructurales, el margen de crecimiento es cada vez menor.
2025 pasará a la historia como el año en que el aeropuerto de Barcelona empezó a rozar su techo y a sentir el aliento del tope operativo en el cogote. El interrogente que queda por despejar ya no es si El Prat puede seguir creciendo, sino cómo y hasta cuándo podrá hacerlo sin que pistas y terminales se saturen del todo mientras se dilucida el futuro del proyecto de ampliación. Y siempre con el retrovisor mirando hacia a la laguna protegida de la Ricarda y su posible afectación.