Hace ya tiempo que quería dedicarle este espacio a un escritor que me ha hecho pasar momentos inolvidables con las lecturas de las novelas que ha protagonizado uno de esos personajes que acaban convirtiéndose en imprescindibles como referentes del género. Me estoy refiriendo a ANDREA CAMILLERI (Porto Empedocle, Italia, 1925-2019) y al comisario Salvo Montalbano, protagonista de 33 relatos que entronizaron a Camilleri como un autor de referencia en la novela policíaca.
Y sí, seguramente muchos lectores empedernidos se han percatado de la sonoridad y familiaridad del apellido Montalbano. Efectivamente, Camilleri era un admirador de Manuel Vázquez Montalván y, como homenaje al creador de Pepe Carvalho, puso a su protagonista el apellido Montalbano. Toda una declaración de intenciones ya que ambos autores compartían dos pasiones irrenunciables: la literatura y la gastronomía…como sus protagonistas. Con Salvo Montalbano descubrimos un paisaje siciliano subyugante que despierta en los lectores el deseo de visitarlo para sumergirse en ese mar de Vigata (en realidad Porto Empedocle, pueblo natal de Camilleri) y en unos parajes sobrios, con una vegetación en la que las chumberas ilustran las duras condiciones de vida de los habitantes de esa zona, austeros pescadores adaptados a una vida pausada y tranquila…pero no tanto. Salvo Montalbano es el comisario de Vigata, capital administrativa de la provincia de Montelusa, y se enfrenta a los más variados casos delictivos. Especialmente relevantes son los personajes que le acompañan en su vida personal y profesional: su amigo y subordinado Mimí Augello, el inseparable detective Fazio, el catastrófico agente Catarella, el irascible forense Dr. Pasquano… y Livia, su novia genovesa que, aunque viven su relación a distancia, le visita con frecuencia y es un contrapunto esencial en la efervescencia emocional del comisario Montalbano.
Con este personaje he disfrutado momentos lectores de muy grato recuerdo…pero he de confesar una circunstancia que probablemente sorprenderá a bastantes de los que compartimos la afición por la lectura: cuando rememoro a Montalbano, en mi mente aparece la imagen del comisario en la persona del actor Luca Zingaretti, que interpretó a Salvo Montalbano en 37 episodios durante las 15 temporadas que dio vida al personaje creado por Camilleri. En pocas ocasiones he tenido la sensación (me sucede también con Poirot y el actor David Suchet) de que la recreación de las novelas y de sus protagonistas a través de una serie televisiva o una película haya reflejado con total credibilidad, al menos a mí me lo parece, lo que los creadores de tales personajes pretendían transmitir en sus libros. Sin embargo, el autor no llevó muy bien la convivencia entre su obra escrita y la versión televisiva de la misma y lo evidencia en algunas manifestaciones públicas y también, en sus últimos relatos, lo expresa en boca de su criatura, Salvo Montalbano. Para los que quieran posicionarse les recomiendo recuperar en RTVE Play los episodios de la serie. Y a ver qué les parece…
RICCARDINO (Salamandra, 2022) es el libro que Andrea Camilleri decidió que sería la última peripecia protagonizada por Montalbano. Lo escribió en 2005 y dispuso que no fuese publicado hasta después de su muerte (2019). Yo lo he leído en la edición en catalán (RICCARDINO. labutxaca, 2022). La historia gira alrededor del asesinato de un director de banco, Riccardino Lopresti, y del entorno de la víctima, tres amigos inseparables que, juntamente a las esposas del grupo, conforman el núcleo de la trama. Mafia, corruptelas políticas, intromisiones eclesiásticas…constituyen elementos consustanciales de la historia. Sin embargo, hay un elemento esencial en esta última aventura de Montalbano: el Autor (Camilleri) interactúa con el comisario desarrollando unos diálogos, intensos por ambas partes, en los que se vislumbra el mutuo cansancio que Autor y personaje experimentan después de tantos años de “investigar juntos.” Todo ello premonitorio del final de trayecto para una saga inolvidable, de culto para lector@s empedernid@s. III