El Prat

De aparcamiento abandonado a santuario natural: el cambio radical del aeropuerto en Viladecans

Redacción | Martes 13 de enero de 2026

Durante años, desde la inauguración de la T1 del Aeropuerto de Barcelona-El Prat, hay un vasto terreno, enclavado en el término municipal de Viladecan, que se ha convertido con el paso del tiempoo en tierra de nadie: ni ciudad ni naturaleza, solo asfalto olvidado junto a las pistas. Ahora, el Delta del Llobregat (y según ha ratificado este viernes el BOE) va a empezar a recuperar ese espacio que un día le fue arrebatado y ocupado por el gris hormigón. El aeropuerto barcelonés se prepara para empezar borrar huellas de hormigón y devolver antes de un año 51.000 metros cuadrados de su recinto a los humedales, en una operación silenciosa pero implacable que transformará infraestructuras obsoletas en un nuevo respiro verde a las puertas de Barcelona. La actuación es el resultado de una sentencia favorable a un contencioso interpuesto por el Ayuntamiento de Viladecans, reclamando la reversión de esos terrenos a su estado natural primigenio.



En unos generosos terrenos aeroportuarios donde en los últimos años han predominado el hormigón, las marcas viales y el eco de los motores, pronto volverán el carrizo, el agua y el vuelo bajo de las aves. El aeropuerto ha iniciado uno de esos movimientos silenciosos pero significativos que compiortan cambios radicales: va a empezar a derribar antiguas infraestructuras para renaturalizar 51.000 metros cuadrados en pleno Delta del Llobregat, dentro del término municipal de Viladecans. Aunque pudiera parecerlo, no se trata de una operación ligada a la futura (y todavía en trámites) ampliación del aeropuerto, sino del cumplimiento de una deuda ambiental pendiente desde 2009. Ese año, la gran transformación del aeropuerto pratense (fruto de la construcción de la actual terminal T1, entre otras operaciones) dejó como herencia varias zonas asfaltadas que, con el paso del tiempo, han quedado en desuso. Ahora, más de quince años después, esas superficies regresarán al paisaje verde del que nunca debieron salir del todo. De hecho, en ese momento el Ayuntamiento de Viladecans denunció judicialmente que esos terrenos debían recuoperarse como zona protegida y la justicia le dio la razón. Fruto de esa sentencia y del aplomo municipal, florece ahora la renaturalización del sector.

Zona de actuación. (Fuente: EL PAIS, BOE)

El proyecto, publicado este pasado viernes en el Boletín Oficial del Estado (BOE), pone fecha de caducidad a algunas piezas olvidadas desde la construcción de la T1. Entre ellas, el antiguo aparcamiento de autobuses (que ocupa 12.000 m²), la vieja parrilla de taxis del aeropuerto (que se extiende por otros 24.000 m²), un plataforma de señalización aérea y diversos viales internos de uso restringido. En total, más de cinco hectáreas de suelo gris que serán demolidas, limpiadas y restauradas ecológicamente para que vuelvan a lucir en todo su verde explendor. El objetivo es claro: levantar el asfalto, retirar residuos y permitir que el suelo vuelva a cumplir su función natural dentro de uno de los espacios naturales más valiosos del área metropolitana de Barcelona.

Un enclave de máxima sensibilidad ambiental

La actuación se sitúa en un punto especialmente delicado del Delta del Llobregat, un mosaico de humedales, marismas y lagunas que cuenta con protección europea como Red Natura 2000 y una polémica Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), que ha sido ampliada unilateralmente para descontento de la mayoría de los agricultores de la zona. Muy cerca se encuentran el estanque del Remolar -frontera natural entre El Prat y Viladecans- y la marisma viladecanense de Les Filipines, dos de los grandes refugios de biodiversidad del delta.

Por este motivo, el proyecto ha pasado por un exhaustivo proceso de análisis ambiental. El Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) ha determinado que no será necesaria una evaluación de impacto ambiental ordinaria para ejecutarlo, siempre que se apliquen medidas estrictas durante las obras. Los informes técnicos coinciden: no se verán afectados hábitats ni especies protegidas y, a medio plazo, la intervención supondrá una mejora neta del valor ecológico de la zona. La decisión no es baladí pues existen movimietnos que se oponen a la ampliación del aeropuerto de El Prat justamente por su afectación a las zonas Zepa.

Esquivar el periodo de nidificación

Eso sí, el calendario será clave. Las tareas de demolición y restauración de las zonas afectadas por la intervención deberán esquivar el periodo reproductor y de nidificación de las aves, y el ruido y el movimiento de maquinaria se controlarán al milímetro para minimizar molestias en un entorno que funciona como auténtica “gasolinera biológica” para miles de aves migratorias. La recuperación ambiental no implica rácerrar el territorio al ciudadano. Al revés. El proyecto contempla la creación de un nuevo aparcamiento de 100 plazas, con una superficie de 3.500 m², destinado a los visitantes del espacio natural del Remolar-Filipinas.

A diferencia de las infraestructuras que se eliminan, este parking no estará asfaltado y utilizará materiales permeables e integrados en el paisaje. La idea es sencilla pero ambiciosa: facilitar el acceso ordenado al espacio natural sin comprometer su equilibrio ecológico. Observadores de aves, paseantes y amantes de la naturaleza seguirán teniendo una puerta de entrada a uno de los pulmones verdes más singulares de Catalunya, a escasos metros de las pistas de aterrizaje.

Un gesto simbólico en un debate mayor

En pleno debate sobre el futuro del aeropuerto y su posible ampliación (de la que la Unión Europea tendrá la última palabra aunque cuenta con el visto bueno del Gobierno y de la Generalitat), esta renaturalización de 51.000 metros cuadrados en el términmo municipal de Viladecans adquiere un valor que va más allá de los números. Es la demostración de que, incluso cuando se trata de infraestructuras de gran escala e impacto, es posible desandar parte del camino y devolver parte del espacio urbanizado a la naturaleza.

Si todo avanza según lo previsto, las obras se prolongarán alrededor de un año. Al final del proceso, Viladecans habrá ganado un fragmento más de Delta, y el aeropuerto barcelonés habrá cerrado —por fin— un capítulo pendiente de su historia ambiental. Allí donde hoy todavía se pisa asfalto cuarteado, mañana volverá a imponerse el paisaje que define al Delta del Llobregat.

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