L’Hospitalet acaba de pulsar el botón de pausa en materia hotelera. Durante un año se van a frenar en seco los nuevos proyectos de construcción de hoteles y apartahoteles, mientras el Ayuntamiento estudia cómo equilibrar turismo, vivienda y necesidades de los barrios. La moratoria, recién aprobada por la Junta de Govern Local, busca frenar la presión turística y replantear el futuro urbano de la segunda ciudad más poblada de Cataluña. A los hoteleros no les queda otra que espera y mirar al calendario con incertidumbre, mientras la ciudad aprovecha el paréntesis sabático para dilucidar si quiere ser un imán imparable para el turismo metropolitano, explotando sus activos y sus atractivos, o un territorio que pone límites a la llegada de visitantes ocasionales para proteger la cohesión de sus barrios y tratar de resolver el peliagudo problema de la vivienda.
El Ayuntamiento de L’Hospitalet de Llobregat acaba de aprobar una moratoria de un año en la concesión de licencias para nuevos hoteles y aparthoteles, una medida con la que el consistorio quiere ganar tiempo para analizar el impacto del crecimiento turístico y redefinir el encaje de estos alojamientos en una ciudad densamente poblada y estrechamente ligada a las dinámicas que marca Barcelona como destino turístico de primer orden. La decisión, adoptada por la Junta de Gobierno Local, afecta a todo el término municipal, aunque deja fuera dos ámbitos estratégicos ya regulados urbanísticamente: el entorno de la Fira de Barcelona y el eje de la Granvia, donde existe una normativa específica desde 2020, y especialmente el área incluida dentro del Plan Director Urbanístico (PDU) Biopol-Granvia, aprobado definitivamente en abril de 2024 y que está llamado a convertir el entorno del Hospital de Bellvitge y el Institut Català d'Oncologia (ICO) en un polo de innovación biomédica y económica.
Según fuentes municipales, la moratoria permitirá evaluar el impacto urbanístico, económico y social que los establecimientos hoteleros ejercen sobre la ciudad, revisar si el planeamiento vigente se ajusta al nuevo marco normativo y establecer criterios claros sobre dónde y cómo pueden implantarse estos usos, especialmente dentro de la trama residencial. La suspensión tendrá una duración máxima de un año, tal y como permite la legislación urbanística, y no afectará a las licencias solicitadas con anterioridad ni a los proyectos que ya cuenten con certificados urbanísticos o informes de compatibilidad vigentes.
La medida se produce en un contexto de fuerte presión turística en el área metropolitana. Las restricciones al crecimiento hotelero y de apartamentos turísticos en Barcelona han provocado en los últimos años un desplazamiento de inversiones hacia municipios colindantes, entre ellos L’Hospitalet. Así, la ciudad ha pasado en pocos años de tener una quincena de hoteles abiertos a más disponer de 30 establecimientos, superando las 5.000 habitaciones, centralizadas en el ámbito de la Granvia y la Fira, donde se concentra el turismo de negocios y congresos, pero con una presencia bastante notoria también en algunos distritos. En paralelo, L’Hospitalet cuenta actualmente con más de 500 viviendas de uso turístico registradas, que se concentran en barrios como Collblanc, la Torrassa o Santa Eulàlia, una realidad que el consistorio quiere revertir para facilitar que estas viviendas regresen al mercado residencial.
La moratoria hotelera recién aprobada no es un hecho aislado. La medida forma parte de una estrategia municipal más amplia para ordenar los alojamientos turísticos y proteger el uso residencial. En noviembredel pasado año, el Pleno municipal aprobó la prohibición de nuevos pisos y apartamentos turísticos a partir de 2028, así como una prórroga de la suspensión vigente para nuevas licencias de viviendas de uso turístico, apartamentos turísticos y albergues juveniles, junto al freno temporal a más residencias de estudiantes y colegios mayores levantadas en suelo residencial. Estas decisiones se alinean con la política impulsada por la Generalitat de cataluña y avalada por el Tribunal Constitucional, que favorece la limitación de los alojamientos turísticos en municipios con dificultades de acceso a la vivienda o que padecen una elevada concentración de turistas.
La medida acordada por la Junta de Govern Local ha generado opiniones diversas. Desde el ámbito vecinal y social, se ha recibido de forma positiva porque puede acabar siendo una buena herramienta para aliviar la presión sobre la vivienda, contener la especulación y preservar el equilibrio social de los barrios. Por el contrario, diversos sectores empresariales y vinculados al turismo han expresado su preocupación por el posible impacto que la decisión municipal pueda tener en la inversión y el empleo, especialmente en una ciudad que ha consolidado un potente papel en el turismo de negocios gracias a la Fira y su proximidad a Barcelona.
Con la moratoria ya en vigor, L’Hospitalet abre ahora un período de reflexión clave. En los próximos doce meses, el Ayuntamiento deberá decidir si el freno al crecimiento hotelero se traduce en una nueva regulación más restrictiva, en una redistribución territorial de los hoteles o en un modelo que compatibilice actividad económica y derecho a la vivienda. Lo que está en juego no es solo el número de hoteles, sino el modelo de ciudad que quiere consolidar L’Hospitalet: una ciudad metropolitana activa y conectada, pero con prioridad para sus vecinos y su tejido residencial.