La nueva contrata con FCC eleva a 43,5 millones de euros anuales la partida destinada al servicio integral de limpieza. Las mejoras incorporan una nueva flota de 154 vehículos, un 60% eléctricos, que atajarán la percepción de ‘ciudad sucia’
Uno de los temas recurrentes de conversación en los corrillos de vecinos o en las tertulias de café en L’Hospitalet ha venido siendo durante mucho tiempo la sensación de degradación y suciedad del espacio urbano: la insuficiente limpieza de las calles, los contenedores saturados, las aceras colonizadas por trastos...
Daba la impresión de que la ciudad ensuciaba más de lo que era capaz de limpiar. No era una especulación gratuita y pasajera, sino más bien la constatación de una sintomatología notoria, cotidiana y persistente. Incluso la administración municipal estaba al corriente del runrún vecinal y algún portavoz se atrevía a reconocer sin rodeos, cuando los micros no estaban demasiado cerca, que el servicio era “deficiente” y, por tanto, incapaz de responder al ritmo real que exigía la ciudad. El diagnóstico estaba claro: faltaban recursos, maquinaria y capacidad de respuesta. Y una vez identificado el origen del mal, solo había que empezar a aplicar el tratamiento idóneo -un nuevo modelo con más inversión- y voltear el paradigma. El proceso acaba de ponerse en marcha.
Más dinero, más medios y más control para revertir una percepción instalada en el inconsciente colectivo, ahí radica la clave de bóveda. El consistorio ha dado el pistoletazo de salida hace unos días a una flamante renovación de la concesión del servicio integral de limpieza a la empresa FCC bajo el lema “L’H més que net” (“L’Hospitalet más que limpio”), una operación cimentada en una inversión anual de 43,5 millones de euros —frente a los 28 millones de euros anteriores—, es decir, 15 millones más y un incremento de la partida que ronda el 31 %. “Es la inversión en limpieza más importante en la historia de la ciudad”, reconoce el alcalde de L’Hospitalet, David Quirós (PSC).
El aumento del capítulo inversor no es solo una cifra fría, es un bálsamo de Fierabrás. Nace, como reconocen distintas voces institucionales, para “corregir las carencias detectadas en el día a día del servicio”. Por tanto, no se trata simplemente de mejorar lo que había, sino de rehacerlo todo de arriba abajo. “Los vecinos se tienen que sentir en la calle como en casa, a gusto”, subraya Quirós, quien ha definido el year zero del renovado servicio como “una fecha importante” en la historia de la populosa ciudad.
La escala del despliegue es la mejor prueba de esta ambición. Una flamante nueva flota de 154 vehículos (casi el 60% eléctricos) ha empezado a patrullar la ciudad (luciendo los nuevos colores corporativos blanco y azul). Las primeras máquinas que han tomado las calles han sido los 19 vehículos para trabajos con agua a presión —entre los camiones de baldeo con depósitos de gran capacidad y las máquinas hidro-limpiadoras—, dotados con chorros a presión de agua caliente de alta precisión para la limpieza intensiva de espacios de difícil acceso. Ambos son mano de santo tanto con los grafiti y las pintadas callejeras como para higienizar a fondo viales y zonas comerciales.
También se han incorporado nueve vehículos de brigada de distrito —para el lavado de containers y la eliminación de manchas—, once vehículos de caja abierta compartimentados para la recogida selectiva de residuos y dotados de plataforma elevadora (ideales para la recogida de hierba y la limpieza de espacios abiertos y solares y también para la retirada de la basura depositada fuera del contenedor y de trastos abandonados de pequeño tamaño), siete vehículos escoba —con tres cepillos giratorios y turbina de aspiración— tres furgones de limpieza de pintadas y un cuarto de mantenimiento de papeleras, 29 vehículos polivalentes de apoyo a la recogida manual, 15 furgones de inspección, una retroexcavadoora con carga frontal y brazo telescópico posterior, un furgón de mantenimiento y un vehículo taller para la reparación de la escudería.
A la vez, se va a desplegar la renovación de 4.250 contenedores y la incorporación progresiva de nuevos equipos hasta agosto. La letra pequeña del operativo es que es la segunda ciudad de Cataluña está reorganizando su aseo desde abajo: desde los más nimios detalles, aquellos que normalmente solo se perciben cuando fallan. Y ahí va a jugar un papel clave la ciudadanía. “Se está enviando un mensaje en positivo a los ciudadanos: la limpieza es cosa de todos”, reitera el alcalde. Una corresponsabilidad que se refuerza con la creación de un cuerpo de inspectores con capacidad sancionadora, aunque con un matiz claro: “no se trata de sancionar, sino de hacer pedagogía”, incide Quirós.
Uno de los cambios más significativos no está en las máquinas, sino en el personal que va a utilizarlas y conducirlas. Durante estos últimos años, los operarios de FCC han sostenido el servicio municipal incluso con medios limitados. La nueva contrata introduce mejores recursos técnicos, un claro guiño a este sacrificado trabajo. “La plantilla del servicio se merecía que los recursos estuvieran a la altura”, reconoce David Quirós. Y, como no, los empleados están encantados con el inicio de los cambios. “Los nuevos equipos y los nuevos vehículos facilitan mucho el trabajo, se nota la diferencia. Ha sido un cambio para mejor”, atestigua Jordi Gil un trabajador de FCC que realiza múltiples funciones dentro de la empresa.
Como aperitivo, Gil ya se ha puesto a los mandos de una de las nuevas limpiadoras hidroeléctricas que son “una gozada para trabajar”. La razón: “es eléctrica, con un motor auxiliar que ayuda. Gasta muy poca batería y el agua se nota con más presión”, explica. También ha pilotado la nueva barredora eléctrica “muy silenciosa, su ruido es casi nulo”. Y está deseoso, al igual que el resto de sus compañeros, de poder ponerse el traje de faena con el resto del moderno equipamiento. “Todo son ventajas”, subraya.
Y es que el moderno operativo suma innovación, tecnología e inteligencia, con mapas de uso y suciedad de la ciudad para decidir dónde actuar más y con mayor urgencia, con geo-localización de los vehículos y con comunicación de incidencias en tiempo real mediante una app. Es una forma resolutiva de empezar a anticiparse a los problemas y atacar de una tacada la mala imagen de la ciudad y la percepción de suciedad, una sensación de la que tampoco era ajena la plantilla de FCC. “Limpiar con vehículos viejos dificulta el trabajo y no se limpia tan a fondo. Con los nuevos, todo el servicio va a dar un salto cualitativo”, remarca Gil.
El teniente de alcalde de Calidad Urbana de L’Hospitalet, David Gómez (PSC), corrobora que, con la renovación y modernización del servicio de limpieza “se van a paliar las deficiencias e incidencias detectadas, incluida la de que faltaba maquinaria para poder llegar a todo”. Gómez está convencido de que dónde más se va a apreciar realmente el cambio será en “el día a día del espacio público”.
Al elenco de novedades tecnológicas se suman detalles menos visibles pero igual de significativos: uso de agua no potable procedente del subsuelo o de lluvia, nuevos contenedores más seguros —como los metálicos para papel— y una organización más afinada del servicio. Todo apunta al objetivo común de lograr la máxima eficiencia: no solo se trata de limpiar más, sino de limpiar mejor. “La adaptación no fue difícil”, vaticina Gil. Algo (bastante) empieza a olor a más limpio en la segunda ciudad de Cataluña. III