‘The Food Capitals Summit’ convierte a la capital turística del Baix Llobregat también en la gran capital internacional de la gastronomía. La ciudad refuerza una estrategia que aspira a transformar la cocina en seña de identidad, un atractivo turismo y en su motor económico
Hay ciudades que se promocionan con monumentos. Otras lo hacen con playas, paisajes o grandes acontecimientos culturales. Castelldefels ha decidido hacerlo a través de algo mucho más universal: la comida, la buena comida. Durante cuatro días, del 18 al 21 de mayo, la ciudad ha reunido a representantes de 27 ciudades de 20 países y 17 chefs internacionales en la primera edición del The Food Capitals Summit, una cumbre internacional nacida para reflexionar sobre el papel de la gastronomía como herramienta de desarrollo urbano, promoción turística, identidad cultural y sostenibilidad. La experiencia ha permitido dar a conocer la riqueza gastronómica de la ciudad construida a lo largo de tantos años y que, hasta ahora, “no había contado con una proyección internacional de esta magnitud”, han reconocido fuentes municipales. Elías Vigil, secretario del Gremi d’Hostaleria de Castelldefels lo reafirma: “Durante una semana hemos tenido la oportunidad de posicionar a Castelldefels hasta el nivel internacional en el que desde hace años se merece estar”.
En el último siglo, Castelldefels ha sido identificada por una ecuación sencilla: cinco kilómetros de playa, proximidad a Barcelona y una potente oferta turística vinculada al sol, el mar y el deporte. Pero algo está cambiando. La celebración de la primera edición del The Food Capitals Summit ha evidenciado que la ciudad aspira a más. Quiere ocupar un lugar propio en el mapa gastronómico internacional y, a la vez, servirse de la cocina como herramienta de transformación económica, cultural y territorial. Y en parte, ya lo ha conseguido reuniendo a representantes de algunas de las ciudades más influyentes del mundo en materia gastronómica, desde América hasta Escandinavia, pasando por Europa Central y el Mediterráneo. “Ha sido una iniciativa muy transversal”, ha sintetizado a El Llobregat el concejal de Turismo y Hostelería de Castelldefels Guillermo Massana.
Lo que ha ocurrido este mes de mayo en Castelldefels no ha sido simplemente un encuentro de chefs, restauradores y responsables turísticos. Ha sido un foro profesional donde se ha evidenciado que la gastronomía es a la vez un motor de desarrollo urbano, una herramienta de posicionamiento internacional y un instrumento para conectar turismo, agricultura, cultura e innovación. La gastronomía como “estrategia de ciudad”.
La gran conclusión que emerge del Summit es que las ciudades gastronómicas del siglo XXI ya no compiten únicamente por tener los mejores fogones. Compiten por construir ecosistemas. “El evento ha servido para congregar en Castelldefels a las capitales gastronómicas mundiales con un doble enfoque: por un lado, chefs internacionales y, por otro, delegados de ciudades turísticas. Esta combinación ha favorecido una valiosa simbiosis entre la vertiente política y técnica del sector”, ha explicado Massana.
Esta idea de la simbiosis ha aflorado de forma recurrente durante las diferentes sesiones técnicas organizadas por la red internacional Food Capitals by Délice. El debate se ha centrado en cómo conectar productores, agricultores, universidades, escuelas de hostelería, mercados, restauradores y administraciones públicas para generar valor económico y social alrededor de la alimentación. “No se ha tratado únicamente de generar oportunidades de negocio, sino también de compartir experiencias sobre el trabajo de campo vinculado a la gastronomía y a la promoción de destinos turísticos”, ha recalcado Massana.
Castelldefels ha presentado a los ojos del mundo su modelo, que encaja como un guante con esta concepción. La gastronomía en la capital turística comarcal es un ecosistema donde el Parc Agrari del Baix Llobregat, la Escuela de Hostelería, la Universitat Politècnica de Catalunya, el sector hostelero y el Ayuntamiento trabajan bajo una misma narrativa. La ciudad ya no promociona únicamente restaurantes. Promociona una cadena de valor completa que va desde el campo hasta la mesa.
Durante la inauguración, el alcalde, Manu Reyes, ha defendido esta visión de la gastronomía como activo estratégico para la ciudad, mientras que Massana ha puesto el acento en la capacidad que tiene la cocina de Castelldefels para diferenciarse en un mercado turístico cada vez más competitivo. Ambos han trasladado a las delegaciones internacionales una idea central: la gastronomía ha dejado de ser un complemento de la oferta turística para convertirse en uno de sus pilares fundamentales “El Summit ha permitido dar a conocer Castelldefels al resto de miembros de la red, especialmente a aquellas ciudades y responsables con capacidad de decisión e influencia en la promoción turística y la visibilidad internacional de los destinos. Gracias a ello, se nos han abierto puertas a nuevos mercados”, ha reconocido Guillermo Massana.
Una de las aportaciones más interesantes del Food Capitals Summit ha sido la evolución conceptual que han plantearon varios expertos internacionales. Durante años se ha hablado de turismo gastronómico como una actividad centrada en restaurantes, chefs y experiencias culinarias. Sin embargo, las nuevas corrientes profesionales apuestan por un concepto más amplio: el turismo alimentario o food tourism ecosystem.
El propio programa del encuentro se ha diseñado para mostrar esta evolución. “La creación de actividades paralelas para chefs y delegados ha permitido que ambos colectivos se hayan enriquecido mutuamente mediante el intercambio de conocimientos y experiencias”, ha subrayado el concejal de Turismo local. Así, los asistentes han visitado explotaciones agrícolas, conocidos proyectos de innovación agroalimentaria y debatido sobre sostenibilidad, identidad cultural y sistemas alimentarios locales. La conclusión es clara: los viajeros actuales no buscan solo comer bien; quieren comprender el origen de los productos, conocer a los productores y conectar con la identidad de los territorios que visitan. Este es el camino a seguir.
En ese contexto, Castelldefels ha revelado al mundo uno de sus principales activos: la combinación entre mar, huerta y gastronomía mediterránea Pocas iniciativas ilustran mejor esta estrategia que el Arròs de Castelldefels, que durante el Summit ha sido un caso de estudio internacional sobre construcción de identidad gastronómica. Y es que el plato no ha nacido en la cocina de un chef estrella, sino de un proceso colaborativo entre agricultores, restauradores, productores, técnicos municipales y profesionales del turismo local y comarcal. Un proceso en el que también se está implicando la población. “Ha sido increíble ver cómo la ciudadanía de Castelldefels ha entendido el evento como algo positivo para nuestra ciudad, donde la gastronomía es parte de nuestras vidas”, ha indicado Vigil.
Para los organizadores del encuentro, todo el proyecto del Arròs de Castelldefels ejemplifica una tendencia creciente en las ciudades gastronómicas: la creación de símbolos culinarios capaces de representar un territorio completo.
En este caso específico, el arroz conecta el producto agrícola del Parc Agrari, la tradición marinera mediterránea y la oferta gastronómica local. Se ha convertido, en términos de marketing territorial, en un elemento extrapolable de diferenciación y posicionamiento.
No es casualidad que una parte importante de las actividades del Summit haya girado alrededor de este concepto. Aprender de los éxitos… y también de los errores. Quizá el formato más innovador del encuentro haya sido la sesión denominada The Feast, The Flop, The Fix. A diferencia de los congresos tradicionales, donde las ciudades suelen presentar únicamente sus mejores prácticas, en Castelldefels se ha invitado a los participantes a compartir también errores, proyectos fallidos y lecciones aprendidas. “Hemos intercambiado técnicas e incluso formas de elaborar productos de diferentes países. Como experiencia para nuestros cocineros y también para los alumnos de la Escola d’Hostalería de Castelldefels ha sido algo inolvidable”, ha asegurado Elías Vigil. Guillermo Massana agrega que uno de los aspectos más destacados del certamen ha sido precisamente “la colaboración público-privada, con la participación de la Escola d’Hostaleria, los estudiantes, las entidades profesionales y las administraciones, trabajando conjuntamente para impulsar la gastronomía como motor de promoción y desarrollo local”, ha rubricado el concejal.
Al foro de Castelldefels han asistido representantes de ciudades como San Antonio, Turín, Helsinki, Montreal, Stavanger, Lausana, Wroclaw o Callao, que han expuesto experiencias relacionadas con la construcción de marcas gastronómicas, el liderazgo femenino en la restauración, la promoción del producto local, la gastronomía vinculada a grandes eventos o la preservación de las tradiciones culinarias frente a la globalización. Para muchos asistentes, esta fue una de las aportaciones más valiosas del Summit porque fa facilitado “el intercambio de soluciones reales a problemas comunes” que afrontan los destinos turísticos contemporáneos.
Otro de los grandes ejes del Food Capitals Summit ha sido el de la creación de marca territorial. El especialista internacional Stewart Colovin, vicepresidente global de estrategia de marca de MMGY Global, ha defendido durante una de las sesiones más seguidas que las ciudades gastronómicas no triunfan únicamente por la calidad de sus restaurantes. “Triunfan cuando son capaces de contar una historia única”, ha subrayado.
Según Colovin, la gastronomía funciona como una narrativa que permite explicar la historia, el paisaje, la cultura y la identidad de un territorio. Cuando una ciudad consigue articular ese relato de forma coherente, la cocina se convierte en una poderosa herramienta de promoción internacional. Un sector que ya tiene peso económico. La apuesta gastronómica no parte de cero. Su reflexión encaja a la perfección con el caso de Castelldefels, que cuenta actualmente con más de 400 establecimientos vinculados a la restauración, la hostelería y la alimentación, una de las concentraciones más elevadas del litoral metropolitano. La oferta incluye cocina mediterránea, restauración internacional, arrocerías, establecimientos especializados en pescado y marisco, gastronomía de autor y propuestas vinculadas al producto local.
Además, la ciudad se ha incorporado en los últimos años a redes internacionales de promoción gastronómica y ha reforzado su presencia en grandes certámenes turísticos como FITUR, donde ya ha sido reconocida por la sostenibilidad e innovación de su propuesta promocional. A ello se suma una agenda creciente de actividades gastronómicas, jornadas temáticas, campañas vinculadas al Arròs de Castelldefels y acciones de promoción desarrolladas junto al sector empresarial local.
La apuesta gastronómica de Castelldefels llega justo en un momento de fortaleza turística. Los últimos datos municipales muestran que la ocupación hotelera durante la Semana Santa de 2026 superó el 87%, mientras que la temporada estival de 2025 cerró con medias cercanas al 86%. Algunos establecimientos llegaron a registrar ocupaciones prácticamente completas durante los principales periodos vacacionales.
El visitante sigue siendo mayoritariamente nacional, aunque el peso del turismo internacional continúa creciendo, especialmente procedente de Francia, Alemania e Italia. La estrategia municipal busca precisamente aumentar la estancia media, reducir la dependencia de la estacionalidad y atraer un visitante de mayor valor añadido, interesado en experiencias vinculadas a la gastronomía, la cultura y el territorio. “Aunque el público local y de cercanía continúa siendo prioritario, el objetivo es también atraer visitantes extranjeros y vincular la gastronomía a otros atractivos como el deporte”, ha incidido el edil de Turismo.
Vista con perspectiva, la primera edición del The Food Capitals Summit deja una conclusión evidente. Castelldefels ha utilizado la gastronomía para explicar un modelo de ciudad, una visión alineada con las nuevas corrientes internacionales impulsadas por organizaciones como Délice Network e IGCAT, que defienden situar la alimentación en el centro de las políticas de desarrollo territorial y bienestar comunitario. Además, se han hecho los deberes y el networking va a fructificar en “nuevas colaboraciones que se materializarán, entre otros ámbitos, en la próxima edición de FITUR y en intercambios de chefs y colaboraciones en festivales y ferias gastronómicas locales”, han avanzado fuentes municipales.
Por eso, el gran legado del Summit es que Castelldefels se ha significado en el mapa gastronómico mundial y ha dejado de ser solo un atractivo turístico más. “La gastronomía ha de convertirse en uno de los principales elementos de atracción de visitantes de Castelldefels”, ha recalcado Guillem Massana. Es decir, la gastronomía entendida como un elemento de transformación, como herramienta para construir identidad, generar riqueza, atraer talento y fortalecer el vínculo entre productores, cocineros y quienes disfrutan del territorio. La estrategia tiene todo el sentido porque, al fin y al cabo, pocas cosas explican mejor una ciudad que aquello que se sirve sobre una mesa y deja huella en el paladar.
| La incomparable ‘estrella’ de Ferràn Adrià |
| El acto, celebrado en la plaza de Les Palmeres dentro de la programación de The Food Capitals Summit, ha reunido a representantes institucionales, profesionales del sector gastronómico y de delegaciones internacionales que participaban en el encuentro. Muy emocionado, Ferran Adrià ha agradecido una distinción que considera especialmente significativa por los recuerdos que le unen a Castelldefels. “Hemos sido cinco veces el mejor restaurante del mundo, pero este es un premio muy especial. Es un tema emocional, por mi vinculación con Castelldefels”, ha señalado durante el homenaje. El alcalde, Manu Reyes, recordó que la ciudad fue el lugar donde Adrià comenzó su carrera y ha vuelto a destacar el papel de la gastronomía “como uno de los principales motores económicos” locales. El reconocimiento también ha servido “para poner en valor la labor de los cocineros y reforzar la autoestima, la autoafirmación y el reconocimiento de todo el sector gastronómico”, ha apuntado el concejal de Turismo, Guillermo Massana. La nueva estrella de la plaza de Les Palmeres no solo es un brindis a la trayectoria de Ferran Adrià, sino que es un lazo que también conecta los orígenes más humildes del chef, protagonista inigualable de una carrera que ha transformado la cocina contemporánea y ha situado la innovación gastronómica española en el mapa mundial. |