La esperada apertura del nuevo enlace de la B-25 hacia el polígono Salines de Sant Boi y la C-31c en dirección a El Prat prometía aliviar uno de los principales cuellos de botella de la autovía. Sin embargo, apenas estrenada, la actuación está generando el efecto contrario. El estrechamiento de la calzada mediante una hilera de conos antes de la bifurcación, unido a una señalización todavía incompleta y confusa, está dificultando el acceso al ramal y provocando retenciones que, en los momentos de mayor intensidad de tráfico, alcanzan cerca de un kilómetro de longitud.
La reciente apertura de la salida hacia el polígono Salines de Sant Boi y la C-31c en dirección a El Prat desde el tronco central de la B-25 en sentido hacia Castelldefels (denominada salida 1) no ha logrado su propósito de evitar las colas que se producen en este punto por el estrechamiento de la vía de tres a un único carril. Al contrario, la forma en la que se ha colocado la hilera los conos para estrechar la calzada antes de la salida no solo dificulta tomar el nuevo nudo, sino que acentúa el tapón que se forma en cuanto el tráfico se vuelve un poco denso y que genera una caravana que a veces llega a un kilómetro.
Tampoco ayuda a ordenar el tráfico que las señales que anuncian la nueva salida sigan “tachadas” lo que puede hacer pensar a los conductores que todavía sigue cerrada. El único cartel que indica el nuevo enlace a la C-31c aparece justo cuando se llega a la bifurcación, lo que también está causando distracciones y confusiones entre los automovilistas y convierte la maniobra de giro en peligrosa. Por lo que respecta a los atascos no desaparecerán "hasta que concluyan los trabajos de habilitación y construcción del enlace de la B-25 con la C-32", han explicado fuentes próximas a la obra, que permitirá habilitar un segundo carril. Esta actuación podría estar lista a finales de este mismo mes o a principios de agosto, como avanzó la semana pasada El Llobregat en exclusiva.
El Ayuntamiento de Sant Boi, por su parte, ha detectado algunas incorreciones en la señalización de la nueva autovía B-25, y así se lo ha hecho saber al Ministerio de Transportes (Mitma), pero éstas son de carácter más local. En concreto, la disfunción es que algunas de las salidas de la B-25 señalan rutas hacia “Sant Boi Centre” que en realidad no conectan con el casco histórico de la ciudad, sino con la zona que podría considerarse el “centro geógrafico” de la ciudad, como la plaza Catalunya y sus aledaños. Fuentes municipales han precisado que se va a solicitar que en la señalética que marque el acceso a la zona de las Termes Romanes, el Ayuntamiento, la Rambla o los juzgados se especifique que con claridad que se trata del “centro histórico” y en las otras que quede más claro que conducen hacia Vinyets-Molí Vell o Torrelavila.
Esta señalización insuficiente de la B-25 contrasta con otros episodios vividos en la construcción de la nueva autovía de conexión entre las autopistas C-32 y A-2 en los que los problemas viarios los provocaba justo lo contrario: que las señales horizontales se habían colocado antes de que estuviera operativo el ramal, como ocurrió con la conexión directa con la Gran Vía desde la calzada de la C-32 de entrada a Barcelona hace unos meses. Esto provocaba que los coches tomaran desvíos que en realidad no conducían al destino señalado y si lo hacían era dando un importante rodeo.