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Fátima

Fátima

miércoles 23 de julio de 2014, 13:48h
El trece de mayo es la fiesta de Nuestra Señora de Fátima. Es el nombre de una de las hijas del profeta Mahoma.
Es el nombre de un lugar de Portugal donde se apareció la Virgen María a tres pastorcillos en el año 1917. Es un lugar que he visitado, por primera vez, hace pocas semanas.

He regresado muy contento. Me ha hecho pensar en la mucha gente de Sant Boi que le tiene devoción por tener raíces extremeñas. La proximidad de esta tierra al santuario ha hecho que sean muchos los que también la invoquen y confíen en ella.

Parta mí ha sido un descubrimiento y un regalo. Descubrimiento de la importancia que la Virgen da al rezo del Rosario cada día. Una y otra vez, en las seis apariciones que hubo, les dice a los niños que recen esta oración. Jacinta, Francisco y Lucía son pobres pastores de seis, siete y nueve años. Como tantas veces, Dios escoge a quienes no cuentan para comunicar su mensaje a la Iglesia y a toda la humanidad.

Regalo de una presencia muy cercana de la Virgen María que pide, repetidamente, que recemos y ofrezcamos sacrificios por la conversión de los pecadores. Esto, junto al rezo diario del Rosario, son los aspectos más importantes del mensaje.

A los tres pastorcillos, además, les mostró el horror de los pecadores en el infierno, les anunció que Francisco y Jacinta irían pronto al cielo, les avisó de la difusión del comunismo ateo si no se rezaba y se consagraba a Rusia a su Inmaculado Corazón y, también, el atentado al Papa. En 1984, Juan Pablo II, en la plaza de san Pedro, consagró a Rusia conforme a los deseos de la Virgen. El 9 de noviembre de 1989 caía en muro de Berlín.

Fue justo el trece de mayo de 1981 cuando el turco Ali Agca disparó contra Juan Pablo II, en la plaza de san Pedro de Roma. Estuvo a punto de morir. Pero se salvó y llevó la bala, que le perforó el abdomen, en ofrenda a la Virgen al año siguiente. Fue puesta, en agradecimiento, en el centro de la corona que con ofrendas de muchos devotos se ha hecho para la Madre de Dios.

El mensaje de Fátima son unas revelaciones privadas. No son comparables a las revelaciones públicas del Evangelio. Éstas exigen el asentimiento del creyente, mientras que a las revelaciones privadas, los fieles pueden dar su adhesión prudente, después que la Iglesia haya considerado que no contienen algo que vaya contra le fe y la moral.

En definitiva, las revelaciones privadas son una ayuda para comprender y vivir el Evangelio en el momento actual. No aportan datos nuevos, sino que subrayan aspectos que pueden haber caído en el olvido. ||
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