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“Los ayuntamientos son la primera trinchera para combatir la desigualdad”
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“Los ayuntamientos son la primera trinchera para combatir la desigualdad”

Entrevista a Josep Pérez Moya, diputado por Iniciativa per Catalunya en la X Legislatura

jueves 10 de diciembre de 2015, 06:27h
“El peso del ámbito local ha sido cero. La prueba es la LRSAL, terriblemente agresiva y penalizadora”. “El PP ha hecho un golpe de Estado utilizando la técnica legislativa, muy difícil de cambiar”

La carambola política hizo que después de años de trabajo en la sombra de su partido, el pratense Josep Pérez Moya (1953) fuera elegido como diputado en el Congreso, en sustitución de Laia Ortiz que aceptaría ir en la lista de Ada Colau. Esto le ha permitido estar más de medio año en Madrid, frente al rodillo democrático, dice, del PP. Poco habrá podido hacer, a diferencia de los años de política local que suma a su espalda en El Prat, elegido teniente de alcalde durante seis legislaturas. Ex miembro del PSUC, Pérez Moya fue conocido también por su papel como director del Servei Català de Trànsit, donde impulso la famosa limitación a 80 y la velocidad variable. Ahora, agotada la X legislatura, el ecosocialista avanza a El Llobregat que da un paso al lado y deja la primera línea de la política.

-¿Cuáles han sido sus sensaciones en estos meses?
-Primero, ilusión por participar en el centro de toma decisiones legislativas del Estado -todo lo que se decide allí afecta a todos los ciudadanos-. Además, tomé posesión el 14 de abril, el día de la República. Luego, apasionante, pero a la vez frustrante, porque la mayoría absoluta del Partido Popular ha sido un rodillo absolutamente innecesario. Ha habido una actitud premeditada para no hacer ninguna concesión a la oposición.

-Son positivas las mayorías absolutas como la de esta legislatura?
-Si se ejerce como lo ha hecho el PP, es la antítesis de lo que debería ser el trabajo parlamentario, des del punto de vista de canalizar la pluralidad del Parlamento. Con mayorías absolutas, el Parlamento está capado. Es legítimo, pero des del punto de vista del rigor democrático es eliminar la voluntad ciudadana. El PP sacó diez millones de votos, pero hubo once que no votaron al PP y merecen un respeto. Pero como las mayorías duran lo que duran y en esta próxima legislatura no la van a tener, el PP ha hecho un golpe de Estado premeditado utilizando la técnica legislativa. Han cambiado prácticamente toda la legislación, como mínimo, de los últimos 15 o 20 años y se han asegurado de que los cambios sean muy, pero que muy difíciles. Han consolidado sus políticas restrictivas, la recentralización, la pérdida de derechos… Esto, de entrada, va a seguir existiendo. O hay un cambio radical del siguiente Parlamento o será muy difícil modificar estas leyes. Han sido un torbellino. En seis meses, hemos participado en 48 leyes. Una barbaridad.

-Falta calidad democrática en las Cortes?
-En el momento en que utilizas la mayoría absoluta como un rodillo, pierdes valor democrático. Cuando el grupo mayoritario no tiene voluntad de consenso, la pluralidad se pierde. Es una imposición tras otra del grupo mayoritario y es aquí donde se pierde la calidad democrática.

-Otra de las cuestiones que han marcado esta legislatura es el proceso catalán: ¿Se percibe la ruptura social que pueda haber en Cataluña?
-No. El choque de trenes se iba viendo, pero todo el mundo daba por hecho que no se daría. Error. Esta es la visión del centro, ajeno a la realidad de aquí. Los diputados del PP que han ido viniendo, sí que han empezado a ver que cuidado, a ‘veure si prendrem mal’. Solo hay que estar en Cataluña para ver lo que se percibe. Cuando se movilizan en la calle más de un millón de personas, cuando dos millones de personas votan el día del 9N. Joder! Algo hay que hacer. El autogobierno de Cataluña lo hemos reivindicado siempre y lo seguimos haciendo. Pero a la gente no hay que engañarla. Ningún proceso de independencia se puede abrir sin pactar con el Estado del que tú te quieres escindir. Sin pacto, no hay manera de conseguir la independencia sin violencia.

-Defiende una reforma de la Constitución?
-Sí. Soy partidario de formar parte del Estado español, con el reconocimiento de los elementos básicos que requiere Cataluña de autogobierno, de su lengua, de su condición de nación. Por tanto, hace falta esta reforma que reconozca la plurinacional del Estado español. N puede ser, por ejemplo, que siendo el catalán una lengua cooficial reconocida por la Constitución, no se pueda utilizar en el Congreso. Es un sinsentido, una barbaridad. Son esas pequeñas cosas que afectan a los sentimientos de la gente. Lo empujas a la confrontación y a la bronca.

-Se crea un poso que difícilmente se puede corregir.
-Confío en que acabaremos poniendo sentido común todos. En mi opinión, el proceso por la independencia ha quemado dos o tres generaciones. Han acelerado demasiado el proceso y lo están quemando. Así, primero, no va a tener la mayoría y, segundo, con una declaración unilateral no habrá reconocimiento internacional. Por tanto, fuera de Europa, fuera del Euro, fuera, fuera, fuera.

-¿Qué peso tiene el ámbito local en el Congreso y, en concreto, el Baix Llobregat?
-Cero. La prueba es la Ley de Reforma de la Administración Local y de Estabilidad Económica. Es terriblemente agresiva y penalizadora con los ayuntamientos. Y en esta situación de crisis que estamos viviendo, los ayuntamientos son la primera trinchera para combatir las desigualdades. El sufrimiento de la gente se está canalizando con pequeñas soluciones a través del gran esfuerzo que están haciendo los ayuntamientos. Podríamos hablar de la pobreza energética. Como el Gobierno del Estado ha llevado al Tribunal Constitucional para cargarse un acuerdo de mínimos del Parlament sobre pobreza energética, con el que podía forzar a las compañías a no cortar los suministros básicos. Y el Gobierno se lo pule. Y entonces los ayuntamientos del Baix Llobregat están poniendo dinero o están negociando directamente con las compañías para que no se corte. Es un ejemplo concreto, pero hay más: la promoción industrial, insuficiente, solo de cara a las grandes compañías y no a las pequeñas y medianas empresas. El Baix ha notado la falta de ayudas y ha sido penalizada en materia de infraestructuras, de todo tipo, viales y ferroviarias. Todas las obras han sido como el Guadiana: cuando les ha interesado las han activado y cuando no las han paralizado.

-Mencionaba el tema de la pobreza energética. ¿Serán fundamentales las administraciones supramunicipales para dar respuesta a las necesidades locales?
-Sí, pero siguen siendo recursos locales. Es cierto, pero el AMB se nutre fundamentalmente de dinero de los ayuntamientos; también recibe dinero del Estado. Si hablamos de transporte público, el Gobierno ponía en 2010 unos 140 millones de euros y el año pasado puso 94. Si decimos que hay que desarrollar políticas de sostenibilidad para cumplir con los objetivos de la Unión Europea y que la apuesta por el transporte público es prioritaria, como recortas en casi 50 millones de financiación del transporte público. En esa contradicción se ha movido siempre el PP de Rajoy, obligando a que los ayuntamientos busquen fórmulas para coordinarse. El AMB va a jugar un papel muy importante.

-Movilidad. ¿Qué valoración hace, años después, de la velocidad variable que usted impulsó y que luego fue revisada?
-La velocidad variable no fue modificada, pero no solo eso, sino que proyectos que dejamos nosotros solo por adjudicar, lo acabó haciendo el nuevo gobierno de CiU. Incluso el odiado 80, pues, no se atrevieron a quitarlo totalmente. Redujeron el ámbito.

-¿Fueron entonces unos retoques electoralistas, pero sin tocar el modelo?
-El fondo ha quedado entre otras cosas porque técnicamente era difícilmente discutible la limitación a 80. Menos cuando la UE te ha abierto un expediente por contaminantes. La propia comisión europea nos dio un premio, un reconocimiento, justo antes de irme de ‘tránsit’. Había un interés más político, además de algunos ‘lobbies’. Estuve en Alemania, En Inglaterra, en Holanda, para no hacer inventos de tebeo. Teníamos muy claro lo que estábamos haciendo. En toda Europa, en todos los entornos urbanos está limitada la velocidad.

-Luego hay una cuestión que tiene que ver con la educación al volante y la cultura por la velocidad. Parece que esto nunca se tuvo en cuenta.
-Por la presión de los ‘lobbies’. La cultura de la velocidad se ha vuelto a ir imponiendo en los últimos cuatro años y hay ahora un repunte de la siniestralidad. Hay más accidentes mortales y graves por el repunte de la velocidad. Es de manual. Está estudiado. Desplazarse sí, pero con seguridad. No coger el coche para todas las cuestiones, sino fomentar el transporte público.

-De hecho, según el AMB, hay un incremento del uso del coche privado del 2,3%. Algo no se está haciendo bien, ¿no?
-Pero ya no solo desde el punto de vista del cambio climático, sino de la calidad del aire. Un estudio del Centre de Recerca Biològica de Catalunya hace ya 6 o 7 años que hablaba de 3.000 muertes prematuras en el entorno metropolitano por la mala calidad del aire. Ante eso, que es lo que respiramos, tenemos que ser contundentes. Eso lo emiten los coches y, por tanto, tenemos que buscar alternativas: el coche eléctrico o de hidrógeno. Habrá que ir avanzando en esta dirección.

-Hablaba de ‘lobbies’. ¿Se refiere al sector de la automoción, a patronales, a alguien en concreto?
-En general, al sector del automóvil en su conjunto: asociación de conductores, fabricantes... Piensan siempre en el negocio, en lugar de pensar también en el usuario-ciudadano, que va por la calle y respira; piensan en el ciudadano-cliente y en vender coches. Los ciudadanos que van a pie, en bicicleta y en coche por el espacio público han de convivir de una manera sostenible; y no puede ser eso de un coche, un ciudadano, es absurdo, cuando en un autobús caben 70 personas. No hay color. Hay que incentivar otro uso de la movilidad y tener una concepción más intermodal. Hemos estimulado un urbanismo de salir a vivir la periferia para ganar en calidad de vida, pero no hemos pensado en la movilidad. Se ha dicho, bueno, ya tienen coche. Pero qué precio pagamos todos, en salud, en consumo, en tiempo...

-Qué opinión le sugiere todo lo relacionado con el episodio de Volkswagen y qué puede hacer la administración?
-De entrada, la administración se ha de marcar el objetivo de que Volkswagen y Seat no puede salir penalizado de este episodio. Y hablo pensando en la industria, pero, también, en los empleados. ¿Por qué se produce? Por la ambición egoísta de una industria, que piensa solo en ganar dinero; por falsificar unas emisiones que tienen un impacto negativo en la ciudadanía; y esto lleva a otro planteamiento: ¿quien controla a la industria? Cuando hicimos el Plan de Calidad Ambiental, se nos acusaba de que éramos muy reguladores. Que la administración hipotecaba el futuro de las empresas y de la actividad económica. Cuando entró Convergència lo cambió todo por la declaración responsable de las empresas: yo cumplo la normativa y esto va a misa. No estamos de acuerdo con esto y este episodio de Volkswagen nos da la razón. Porque se ha descubierto de puta casualidad. Hay gente responsable y no se pueden ir de rositas, menos cuando es una industria que tiene ayudas del Estado español, de Europa. Hay gente que tiene que pagar y no son los trabajadores.

-¿Pide responsabilidades en qué sentido, económicamente o también en lo penal?
-Sí, sí. Absolutamente. En todo. Están mintiendo a la administración, utilizan recursos públicos, perjudican la salud de las personas. No se pueden ir de rositas.

-Pediría entonces cárcel para los responsables?
-Sin ningún tipo de duda. Es delictivo. Pero insisto, eso no es contradictorio para que el Estado ponga sus mecanismos para que el futuro de Volkswagen y Seat sea viable y no afecte a los trabajadores.

-¿En lo personal, le veremos en la XI legislatura?
-No. Con rotundidad. Ya lo tengo decidido desde hace meses y voy a encaminarme en otra dirección. Llevo mucho tiempo en este mundo apasionante, pero quiero recuperar la tranquilidad y estar con la familia.

-¿Deja la política?
-A este nivel institucional sí, pero siempre estaré, hasta que me muera, vinculado a Iniciativa. III

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