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Crece el número de voluntarios en temas sociales, a pesar de los supuestos brotes verdes

jueves 10 de diciembre de 2015, 06:58h
El Gran Recapte cierra el año con excelentes cifras como las de Sant Boi, en donde se donó más de 50 toneladas de alimentos para los más necesitados. El 5 de diciembre se conmemora el Día Mundial del Voluntariado, una figura que sigue siendo fundamental para dar respuesta a la demanda social

Algunos políticos se empeñan en hacernos creer que se está produciendo un repunte en la economía española y que, por fin, estamos saliendo de esta odiada crisis. Ahora que comienza la campaña electoral para la presidencia estatal, será frecuente escuchar el discurso de algunos dirigentes diciendo que en este 2015, el paro se ha reducido con casi un millón de parados menos. Lo que se olvidan de mencionar es que seguimos con más de 4 millones de parados, un millón más de los que había en 2011, por ejemplo; y que el 80% de los contratos que se producen, son temporales. En estos últimos dos años estamos siendo testigos de un nuevo fenómeno social: el trabajador pobre. Ahora, no solamente es malo estar parado, sino que, en algunos casos, es peor tener trabajo. Contratos temporales para titulados universitarios de 40 horas semanales por 600 euros es mucho más frecuente de lo que nos creemos. ¿Alguien cree que una familia se puede mantener con ese dinero? Esto se materializa en las largas colas de personas en situación de vulnerabilidad que se acercan a entidades sin ánimo de lucro en busca de comida, ropa, juguetes o medicamentos. Estas personas tan necesitadas de cariño, se encuentran al otro lado de la puerta rostros amables que les reciben y que les intentan ayudar en la medida de sus posibilidades. Son los voluntarios.

50 toneladas en Sant Boi
Durante el último fin de semana de noviembre, se ha llevado a cabo la Gran Recogida de Alimentos en toda España. Se calcula que más de dos millones de voluntarios han participado en esta recaudación de comida, un poco más que durante el año pasado. Estas personas han sacrificado sus horas de descanso para ayudar a personas que realmente lo necesitan. Estas personas son auténticos héroes anónimos que, por ejemplo, en Sant Boi han sido capaz de recoger más de 50 toneladas de alimento en un nuevo récord de esta iniciativa. Cada día, cada vez que entran en una ONG tienen que armar el caparazón para ayudar sin llevarse el problema a casa. Tienen que aprender a hacerse fuertes para soportar historias duras, historias que no son novelas de ciencia ficción…

Algunos, lo consiguen; otros, más de una vez acaban la jornada llorando y preguntándose por qué hemos llegado a esta situación.
Un ejemplo es Olga, de 44 años y voluntaria de la Botiga Solidaria de Cornellà. Ella está en el paro y ha decidido dedicar su tiempo libre en este supermercado social que, como ya hemos presentado en anteriores números de El Llobregat, se encarga de repartir cestas de alimentación básica entre las familias más necesitadas que, previamente, han sido derivadas por los servicios sociales del Ayuntamiento. “Ayudar es algo que me gusta, me llena. Hay veces que se hace duro porque escuchas historias muy duras. Yo siempre he sido de este barrio y a veces vienen a la Botiga vecinos que se ganaban muy bien la vida y que, de repente, lo han perdido todo. Todo esto es muy duro, pero al final, te pesa más la recompensa moral. El saber que estás ayudando a la gente y que la jornada ha servido para algo”.

De todas las edades
Olga recomienda el voluntariado, al igual que Pere. “Yo llevo muchos años colaborando con la Cruz Roja. Me faltan cinco años para cumplir 80 y no pienso dejarlo. Me gusta mucho. Sobre todo, cuando hago de payaso solidario para los niños, lo que más me gusta es ver la sonrisa de esas criaturas. Yo sé que esos niños reciben muy pocas alegrías, y que nuestras actuaciones son una de las pocas cosas que les hace reír… Para mí eso está por encima de todo. A mí no me gusta ver como hay muchos jubilados que se pasan las mañanas hablando de la época de Franco y perdiendo el tiempo, yo prefiero ayudar que debatir sobre cómo deberían ser las cosas”.

Y algo similar piensa Rafi, de 55 años y también parada. “Yo soy voluntaria porque siempre me ha gustado ayudar y como económicamente no puedo, he decidido regalar mis horas. Ser voluntaria me hace más feliz que trabajar, cuando trabajo. No sé por qué, pero me siento realizada haciendo esto. Es duro pero me gusta y además, te engancha. Por ejemplo, este año he querido participar en el Gran Recapte. Es que realmente da mucha angustia comprobar cómo cada vez hay más gente que está pasando hambre… Es muy duro, pero al final te acabas poniendo una coraza. La verdad es que el voluntariado es poner un granito de arena y supongo que si cada uno pusiera ese grano, habría una gran montaña que ayudaría a levantarse a mucha gente.”

Y es que, a pesar de que algunos se empeñan en hacernos creer que las cosas están mejorando, los voluntarios lo niegan y aseguran que hará falta mucha más ayuda. El 5 de diciembre se conmemora el Día Mundial del Voluntariado, una buena oportunidad para reconocer el mérito de estos héroes anónimos. III

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