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La información sin intoxicaciones ideológicas
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La información sin intoxicaciones ideológicas

Por Mossèn Pere Rovira
viernes 05 de octubre de 2018, 03:37h
Desde hace muchos años, observo con preocupación cómo los medios de comunicación se están convirtiendo en algo más que un servicio público.

Las empresas mediáticas imprimen en sus editoriales una clara línea ideológica, no exentas de motivaciones cada vez más particulares y subjetivas.

La información llega a nosotros de forma inmediata y, por tanto, difícilmente interpretada o filtrada por un análisis reflexivo y veraz. Surge la noticia y, en muchos casos sin contrastarla, es presentada con los tintes ideológicos antes expuestos.

¿Dónde está el acercamiento a la veracidad o la objetividad? ¿Dónde está la búsqueda del “Bien Común”? ¿Dónde está una información sin intereses políticos? ¿Dónde están los límites entre el servicio público y el interés particular?

No soy ingenuo y no aspiro a una perfecta información, justa, objetiva y aséptica de toda contaminación. Pero, desde este foro, invito a una seria reflexión sobre la excesiva influencia de los medios de comunicación en el futuro de la sociedad y su convivencia.

Es alarmante que puedan colocar o expulsar al candidato político que más les convenga; es peligroso que realicen juicios paralelos en la opinión pública; es sintomático los silencios y los ruidos que generan ante las realidades de índole moral; es preocupante que prime el interés económico (audiencias, publicidad, …) en vez de la búsqueda de la verdad. Es incuestionable el interés de los gobiernos o en su defecto de los partidos políticos por subvencionar o manipular los consejos de administración de estas empresas mediáticas… En fin, que los tentáculos de estos potentes grupos mediáticos quieren disponer de una información en la línea y orientación que más les convenga.

Sorprende que un misma noticia tenga diferente repercusión en los diferentes medios. Una misma realidad, una misma información, una misma verdad, puede ser amplificada o reducida, puede convertirse en portada o en segundo orden, puede acentuarse en beneficio de ciertos colectivos o, por el contrario, puede causar desprestigio voluntario.

Un ejemplo muy habitual en algunos medios informativos es la constante y reiterada intención de informar negativamente de todo aquello que ensucia a la Iglesia, como si todo fuera nefasto y perjudicial para la sociedad. No creo, ni me convence la visión extrema del bien o el mal; el ser humano es capaz de lo mejor y lo peor, de lo más sublime y lo más monstruoso, de dignificar y aplastar a su semejante. Encuentro a faltar una información proporcional, justa y respetuosa ante la figura de la Iglesia como institución al servicio del “Bien Común”… No todo es negativo en lo referente a la misión que Jesucristo confirió a sus apóstoles (hombres y mujeres con sus debilidades).

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