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“Cornellà es ahora una zona envidable, lo tiene todo”. Manolo Flores, ex jugador de baloncesto del Barça y vecino del barrio de Almeda de Cornellà.
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“Cornellà es ahora una zona envidable, lo tiene todo”. Manolo Flores, ex jugador de baloncesto del Barça y vecino del barrio de Almeda de Cornellà.

viernes 03 de abril de 2020, 13:10h
Manuel (Manolo) Flores Sánchez tiene 68 años y es una leyenda viva del baloncesto español. Con la camiseta de la selección fue internacional en 128 ocasiones y logró el subcampeonato en el Eurobásket de 1973 y en su palmarés con el Barça, del que fue carismático capitán durante una década, figuran dos ligas, seis copas del Rey, un subcampeonato de la copa Korac y una Recopa.

Lo que no es tan conocido es su vinculación con el barrio de Almeda de Cornellà, en el que creció y despuntó como deportista en pleno desarrollismo franquista. Flores acepta encantado la entrevista, que debía celebrarse en el Palau Blaugrana, pero el Estado de alarma nos obliga a realizarla por teléfono y con una cobertura intermitente.

Tú naciste en Mérida en 1951 y eres uno de los miles de inmigrantes que llegaron a Cataluña siendo niño. ¿Cómo acabaste en Cornellà?

Con cinco años de edad llegamos a Catalunya y nos fuimos a vivir a Vilanova i la Geltrú. Mi padre trabajaba en la Pirelli y el Ministerio de la Vivienda construyó unos pisos para los trabajadores de esa fábrica que estaba en Almeda y nos dieron uno. Fueron 140 viviendas, las primeras del barrio, en la calle León XIII, que luego tuvieron aluminosis.

¿Tu afición por el baloncesto fue casual, no?

Sí. En el colegio había un patio pero no tenía ni canastas, ni porterías, ni nada y jugábamos al fútbol con Manuel Campo Vidal. Mi afición al baloncesto viene cuando a los 14 años fui a estudiar el bachillerato a la academia Almi de L’Hospitalet. Había un patio minúsculo, pero al director se le ocurrió poner una canasta y se formó un equipo para competir en las categorías escolares. Me vieron jugar el equipo de L’Hospitalet y me fui con ellos.

Pero cuando volvías a Almeda seguía sin haber canastas.

Cuando empecé a jugar utilizábamos cualquier cosa para entrenar. Recuerdo que había un estanco justo donde yo vivía con un cartel que ponía tabacos y allí nos dedicábamos a tirar la pelota y el dueño salía cabreado a reñirnos. Después de L’Hospitalet fiché por el Espanyol, luego me fui a la selección júnior y allí en el barrio me empezaron a conocer y entonces pusieron unas canastas en el colegio. Y allí empezó la afición por el baloncesto. Cuando empezaba a despuntar me iba en mis ratos libres al patio del colegio a tirar a la canasta. Estaba completamente solo y recuerdo que había un jubilado por allí que cada día me veía y me dijo una vez: “Oiga, no es usted ya un poco mayor para jugar a la pelotita”. Y le respondí: “Es que yo me estoy dedicando a esto”. Entonces tendría 16 años.

El Centro Social Almeda era entonces el epicentro de toda la actividad del barrio y organizaba una semana cultural de gran nivel para la época.

Sí, allí es donde se hacían todas las reuniones de los jóvenes, los más activos. Era un centro cultural más que deportivo, aunque también se organizaron unas pequeñas olimpiadas. Era un barrio con muchas inquietudes, con mucha gente implicada. Entonces tenías muy pocas opciones de relacionarte con los demás. Entre Almeda y la rambla de Cornellà eran todo campos y hasta L’Hospitalet, lo mismo. Luego estaba Esplugues por la parte de la arriba que también quedaba muy lejos. Si no te lo organizas tú un poco vivías muy aislado, y afortunadamente había mucha gente que trabajaba para la actividad colectiva, conocíamos las condiciones de todos los vecinos.

También era un barrio con mucha conciencia política y social, un icono de la lucha antifranquista y tu padre se implicó mucho en aquella época, según recuerda la web http://almedacornella.blogspot.com/.

Sí, ten en cuenta que era un barrio muy obrero, con fábricas como la Pirelli, o Fama y Clausor. Era una zona industrializada, muy reivindicativa con los derechos de los trabajadores. Y allí hubo huelgas muy importantes, como la de Laforsa. Mi hermana trabajaba en esa empresa y recuerdo que los obreros estaban encerrados y las familias les llevaban la comida. Fue muy sonado en aquella época. Era un barrio muy activo socialmente y muy reivindicativo de los trabajadores.

Aquel barrio que tú conociste y que se inundó en dos ocasiones por el desbordamiento del río Llobregat se parece al de ahora como la noche al día.

El barrio cambio cuando se instaló El Corte Ingles. Almeda pasó de llamarse el barrio de las barracas a convertirse en Porta de Barcelona. Cornellà tampoco tiene nada que ver con lo que era entonces. Para nada. Si comparamos el Cornellà que yo conocí con el de ahora, la evolución de la ciudad ha sido impresionante, no solo en el tema urbanístico, sino en el tema social, aunque se ha perdido la cercanía entre los vecinos. Cornellà es ahora una zona envidiable, con comunicaciones muy buenas para llegar a Barcelona en un momento, centros de ocio como el Splau y el Espanyol, que ha construido su nuevo estadio. Lo tienen todo.

¿Cuándo dejas de vivir en Almeda? Me casé en 1974 y me fui a vivir a Sant Feliu de Llobregat.

Mis padres siguieron viviendo allí, en el mismo piso, que luego acabaron apuntalados por el problema del aluminosis. Hubo manifestaciones y se tiraron abajo y se hicieron otros nuevos.

¿Seguiste yendo por Almeda?

Sí, pero la relación ya empezó a ser puntual, porque iba para ir a ver a mis padres, a los que les que les dieron un piso nuevo. Los dos están ya fallecidos. Mi hermano pequeño Juan Antonio sigue viviendo allí y voy a verle alguna vez y comemos juntos. Yo vivo ahora en Barcelona, pero hasta hace poco vivía en Sant Joan Despí y estaba cerca. Siempre me he movido por esas latitudes.

Antes decías que compartiste pupitre con Manuel Campo Vidal.

Sí, en el colegio nacional Dolores Almeda compartimos pupitre. Entonces teníamos mucha relación y ahora seguimos teniéndola. En el barrio pasamos muchas horas juntos, salíamos a jugar, a hacer excursiones y fue el primer noviete de mi hermana pequeña. La amistad de entonces perdura hasta hoy. Luego tuvimos una época que nos distanciamos cuando yo no paraba de viajar con el Barcelona y la selección española y él, con su carrera periodística, pero en verano siempre coincidíamos para pasar unos días juntos.

En 1983, al final de tu carrera como jugador, se te hizo un homenaje muy cariñoso en Almeda en el que Campo Vidal regresó al que fue también su barrio.

Sí, me hicieron un homenaje en un bar que se llamaba Casa Joaquín. Fue muy bonito, porque él ya estaba entonces en Televisión Española. Recuerdo que hizo un vídeo como si presentara un Telediario que empezaba diciendo: “Hoy la noticia está en El Barrio de Almeda donde se celebra un homenaje…”. Tuvo la habilidad de ponerlo a la misma hora que emitía el Telediario. Conservo ese video y es muy simpático.

Todavía sigues ligado al Barça después de dejar el baloncesto como jugador.

Dejé de jugar en 1985, pasé a ser ayudante del entrenador y en junio de este año hará 50 años que llegué al Barça. Excepto los siete años que estuve entrenando en Cáceres y Murcia, he pasado mi vida en el club. Tengo contrato hasta 2021, después no sé qué pasará.

Lo que sí han pasado han sido un montón de presidentes y tú contínuas en el club.

Sí, he conocido unos cuantos. Desde Agustín Montal a todos los que vinieron detrás. Ahora soy asesor técnico de la sección de baloncesto y hago un poco de todo: doy mi opinión sobre las cosas que veo, jugadores, técnicas, tácticas de la plantilla y categorías inferiores. Hasta ahora no había esa coordinación. Viajo con el primer equipo a todas partes y con el entrenador Svetislav Pešić tengo una amistad personal porque en su primera época fui el segundo entrenador y estuvimos más de un año juntos.

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