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La implicación venció al confinamiento en los centros de acogida de menores
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La implicación venció al confinamiento en los centros de acogida de menores

Por Marisa Montoya Prades

El confinamiento y la pandemia del covid-19 nos ha enseñado mucho sobre los niños.
Les ha cambiado la rutina de la noche a la mañana, sin ir a clase, sin ver a sus amigos, sin poder salir a la calle a jugar. Y han pasado el examen con un sobresaliente, utilizando la paciencia y la imaginación para aguantar estos meses en casa. Pero ¿cómo ha sido la experiencia los niños que viven en centros de acogida?
Estos centros han funcionado como servicio esencial durante todo el confinamiento. Y no sólo los trabajadores se han involucrado y comprometido con el proyecto de la fundación en un momento tan delicado, sino que los niños y adolescentes que viven en los centros han demostrado, de nuevo, su gran capacidad de adaptación y sus ganas de tirar hacia adelante.
Loli Rodriguez, directora general de la Fundació Idea, afirma que han aprendido mucho sobre la gran capacidad de adaptación de los más pequeños y, en especial, sobre el nivel de responsabilidad y madurez de los adolescentes. “Al final, los adolescentes, el grupo de edad donde pensábamos que lo tendríamos más difícil, se han adaptado muy rápido a las medidas y nos han agradecido a nosotros por nuestro trabajo e implicación con ellos y pon ponernos en riesgo ir y venir del centro”.
Como cualquier otro niño, la “nueva rutina” ha tenido que adaptarse al espacio de dentro del centro. Se han adaptado las dinámicas, reprogramando actividades o trasladado las actividades físicas a dentro del centro, cuando de normal se hacen fuera. Se ha incluido en el día a día la escolarización, que ha sido difícil para todos los hogares, y las nuevas rutinas de higiene de manos y medidas de seguridad frente al covid-19. Según cuentan desde el centro, “para los jóvenes y los niños ha sido complicado el confinamiento viendo que nosotros entrábamos y salíamos”. Esta ha sido la gran dificultad del confinamiento, ya que el centro funciona como hogar y como espacio de trabajo.
Otras medidas, algunas de ellas más creativas originales, se han centrado en mantener un nivel de actividad física en todos los menores. Se han utilizado algunos espacios que ya tenían adaptados, como bajos con gimnasios, o se han adaptado salas de reuniones a pequeñas zonas de deporte o utilizando la tecnología para activar y entretener a los más pequeños, por ejemplo, jugando al WiiSports.
Otro de los problemas vividos ha sido la llegada de nuevos menores al centro. No sólo la gestión de estas llegadas ha sido difícil, sino que hasta que no han podido hacer las PRC o tener los resultados han tenido que desarrollar nuevos protocolos de aislamiento. Todos los centros de la Fundació han desarrollado protocolos especiales para estos nuevos “ingresos”, habitando espacios con baño donde podían pasar la cuarentena y también facilitándoles móviles o ordenadores para comunicarse con el equipo de educadores, con los otros niños del centro o con sus familias.
El trabajo con las familias de los menores también ha cambiado con las nuevas medidas. Desde el centro afirman que la adaptación de los familiares ha sido muy buena y que “tienen que reconocer el esfuerzo de las familias de los niños y adolescentes”. Uno de los cambios más importantes, durante el confinamiento, han sido las visitas telemáticas con las familias. Con la llegada de la nueva normalidad se han puesto nuevas medidas de seguridad como ropa de protección, ausencia de contacto físico y registro de temperatura, a parte de mascarillas y higiene de mano.
Como cualquier servicio esencial durante la pandemia, la gestión del equipo y la organización del trabajo ha sido todo un reto, especialmente al inicio de toda esta situación tan peculiar. Loli Rodríguez explica que “el principal reto ha sido, y es, la dificultad de transmitir una cierta seguridad. Sobretodo al principio, cuando íbamos aprendiendo, modificando y adaptando consignas”. Conscientes de la difícil situación que se estaba viviendo desde el primer día, Fundació Idea puso a disposición de sus trabajadores equipos de apoyo emocional. Este acompañamiento ha sido muy importante y beneficioso, sobretodo por las emociones encontradas al tener que ir a trabajar presencialmente junto con el compromiso de todos los profesionales de la Fundació con los niños y adolescentes.
La directora también relata las dificultades vividas desde el inicio del confinamiento y de la pandemia debido a la falta de material de protección. “Actualmente tenemos todos los EPI’s necesarios, pero al principio nos hizo sufrir un poco, porque no llegaban. Suerte de los donativos que hemos ido recibiendo y de la compra que pudimos hacer al inicio”. Estos donativos han sido, mayoritariamente, de mascarillas de tela procedentes tanto de particulares como empresas o otras fundaciones. La Fundación afirma sentirse preparada ante un nuevo confinamiento o posibles brotes en los centros ya que han elaborado todos los protocolos de actuación que se deben seguir en estos casos y han hecho un buen trabajo previo ante este riesgo. III
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