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Autismo y trastornos alimentarios

Autismo y trastornos alimentarios

Por José Luis Morales - HTTP://AUTISMO.ONLINE

viernes 07 de mayo de 2021, 08:00h
El autismo suele ir acompañado de muchas manifestaciones, incluidos los problemas de alimentación.

Pueden tomar la forma de, por ejemplo, un retraso en la capacidad de comer, una negativa a ingerir alimentos de un color particular, el uso continuado de alguna salsa que dé a todos los alimentos un sabor similar y conocido… Estos problemas pueden ocasionar déficits o excedentes de ciertos nutrientes, que pueden tener importantes repercusiones fisiológicas que van desde la obesidad hasta el retraso en el crecimiento, pasando por supuesto por la desnutrición.

Las rigideces alimentarias no tienen nada que ver con ser caprichoso o con ser una persona “difícil”. Este es un problema muy real y complejo que puede tener múltiples causas.

Muchos de los niños afectados por el trastorno del espectro autista (TEA) tienen problemas para comer, o comen poco, o demasiado. Algunos tienen problemas de sensibilidad, lo que hará que les resulte más difícil sentir, oler e incluso ver la comida. En este caso, pueden ser muy selectivos y preferir alimentos con un sabor más bien neutro, natural, de textura agradable. También pueden seleccionar alimentos por su color específico o, por el contrario, rechazar alimentos de ciertos colores.

Sabemos que estos niños suelen tener miedo al cambio. Entonces, podemos suponer que los niños están tan asustados que prefieren no comer nada antes que probar algo nuevo. Se trata de niños que, a menudo, tienen una dieta muy restringida y selectiva. Esto puede llegar incluso a que los niños ingieran siempre un mismo alimento. Por ejemplo, hay niños que solo comen patatas hervidas. Y si a estas patatas se les añade mantequilla o perejil, los niños las rechazan, ya no pueden comerlas.

La evaluación de conductas alimentarias de un niño diagnosticado con trastorno del espectro autista debe ser una parte integral de la atención. Dicha evaluación también debe ir acompañada de consejos que permitan a los padres adquirir las habilidades necesarias para tomar conciencia de ciertos hábitos alimentarios del niño que podrían resultar problemáticos.

La conclusión es que no tendrá éxito tratar de forzar a comer a la persona autista, y será inútil enfadarse con ella. Es mejor tomarlo con calma y al ritmo del niño afectado. Las comidas deben ser placenteras, un momento para compartir que no se debe desperdiciar centrándose en las rigideces alimentarias. III

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