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Fernando Parrilla, teniente de alcalde de Hacienda de L’Hospitalet de 1983 a 1988: “Pujana y Corbacho se pegaron entre ellos pero el que recibí fui yo”

Fernando Parrilla, teniente de alcalde de Hacienda de L’Hospitalet de 1983 a 1988: “Pujana y Corbacho se pegaron entre ellos pero el que recibí fui yo”

jueves 01 de julio de 2021, 18:35h
Fernando Parrilla nació en 1949 y llegó a L’Hospitalet a finales de 1968. Ha vivido la mayor parte de su vida en esta ciudad, en los barrios de La Torrassa i Sant Josep, y sigue residiendo aquí.

Tiene carnet socialista desde antes de que se fundara en el PSC, en 1978, y aún paga la cuota, pero lleva mucho tiempo alejado de la política activa. “De la brega”, dice él. Fue teniente de alcalde de Hacienda en el segundo cartapacio municipal de L’Hospitalet tras las elecciones de 1983 y dimitió en 1988 a consecuencia de un escándalo que afectó a las oficinas del servicio de recaudación, al descubrirse que los testigos que actuaban en los embargos supuestamente cobraban cantidades superiores a las previstas. A cambio debían afiliare al partido en determinadas agrupaciones para conseguir su control en detrimento de la familia contraria del PSC de la ciudad. Fue un episodio más de las batallas internas que han protagonizado los socialistas de L’Hospitalet, desde hace más de 40 años. El caso acabó en juicio y sentencia absolutoria.

¿Cómo llega usted al PSC?
Yo venía de Reconstrucción Socialista, que luego se integró en el PSC Congrés, y de la gente de banca de USO (Unión Sindical Obrera). Ya estuve en el mitin en el que nació el PSC y Joan Reventós pronunció la célebre frase “estem suant socialisme”. Yo accedí a la política fruto de la situación de la época, del tardofranquismo, de la ebullición de mayo del 68. Después de entrar en la universidad empecé a trabajar en el Banco de Bilbao y viví las huelgas de 1972 de la banca. Pienso que en la política, aun siendo necesaria, se necesita una cierta vocación, lo mismo que para la enseñanza y la medicina. El que no es vocacional está de más en la política activa, no en el ideario político. Por eso me fui y lo dejé todo menos la militancia.

¿Qué situación se encuentra en el Ayuntamiento cuando aterriza en 1983 como teniente de alcalde de Hacienda?
En aquella época todos los ayuntamientos estaban en quiebra técnica. Lo que encuentro son impuestos mal organizados de difícil cobro, muchos gastos derivados de la emergencia social y una base fiscal muy pobre. En aquella época L’Hospitalet no tenía ni un miserable hotel y era ya una ciudad de 300.000 habitantes de hecho, unos 275.000 de derecho. Ahora cualquier pueblo de 5.000 habitantes tiene un hotel, por pequeño que sea. Lo único que tenía entonces L’Hospìtalet era una pensión cerca de la plaza Espanyola. Tampoco teníamos empresas punteras que pagasen una licencia fiscal importante. Los impuestos los pagaban entonces almacenes y empresas pequeñas, a las que se llevó el huracán de la crisis.

El Gobierno echó una mano, ¿no es cierto?
Sí. El primer Gobierno de Felipe González puso en marcha lo que se llamaban expedientes de cancelación de deuda con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, de manera que asumió parte de la deuda de aquella época, siempre que se pudiese demostrar que era deuda. Eso dio un poco de vidilla a los ayuntamientos y L’Hospitalet saneó las cuentas.

Repitió en el cargo después de las elecciones de 1987.
Sí, y en 1988 dimití de la tenencia de alcaldía y después del cargo de concejal a raíz del famoso caso de las oficinas de recaudación. Después de aquello mantuve la militancia socialista pero no volví a ocupar ningún cargo público, ni orgánico, ni nada de nada.

¿Dimitió para hacer de cortafuegos en la crisis política que se desató?
No, no. Yo dimito voluntariamente. En cuanto estalló el tema quise dimitir pero Josep Maria Sala (entonces secretario de organización del PSC) lo frenó. Yo soy un político atípico, que llegué fruto de unas circunstancias personales y que hoy por hoy no hubiera acabado en esto. Cuando se lió el tinglado intenté irme, hasta que me dejaron hacerlo. Una cosa es que jamás me he arrepentido de haberme largado y otra es que la forma en que me fui fastidia emocionalmente. No quiero poner paños calientes.

¿Qué hizo después?
Tenía ganas de poner tierra de por medio y me fui a Tenerife, donde puse una gestora y me desintoxiqué de todo. Al cabo de unos años regresé a L’Hospitalet y me acabé dedicando a la telefonía móvil.

Entonces se dijo que aquel caso era una batalla más entre las dos familias del PSC de L’Hospitalet.
Sí, es cierto. A veces hablando de este tema he dicho que este es el típico tema en el que dos se pegan y un tercero recibe. Yo pasaba por allí y ya está.

¿Se refiere al pulso que mantenían el entonces alcalde, Juan Ignacio Pujana, y el primer secretario del PSC local, Celestino Corbacho?
Sí, de eso hablo.

A usted se le asociaba con Corbacho.
Sí, aunque teníamos diferentes procedencias políticas. Él venía de la Federación Catalana del PSOE y yo del PSC Congrés, del obiolismo. Es cierto que en un momento dado y ante ciertas praxis de Pujana se me asoció más a la línea de Corbacho.

No llegó a estar imputado en aquel proceso judicial.
No, en absoluto. Lo único es que se hizo una comisión de investigación en el Ayuntamiento y declaré ayer durante muchas horas. Tiempo después me enteré que la Unidad de Delitos Financieros de la Guardia Civil investigó el servicio de recaudación más allá de L’Hospitalet. En mi caso todo empezó y acabó en el ámbito político.

Los funcionarios acusados fueron absueltos.
Sí, cuando las cosas se lían es que se lían. Cuando se golpea la bola de billar empieza a rodar y sigue rodando. No había nada punible, pero la cosa se envenenó. Hay que recordar que la mujer de Corbacho trabajaba en la Diputación de Barcelona y que luego el tema se lió con los famosos costeros, con la recaudación ejecutiva y todo ese tinglado. A partir de ahí se creó una nube que lo cubrió todo.

¿Quién golpeó la bola de billar?
¿Tú sabes aquello de entre todos la mataron y ella sola se murió? No lo sé exactamente. Creo que había interés por un lado de echar porquería en la otra parte. Es cierto que el servicio de recaudación había entonces unas praxis que no eran todo lo ortodoxas posibles. La mujer del César no solo ha de parecer honrada sino parecerlo y en los temas de dinero, más todavía. Veníamos de una época de recaudación ejecutiva privada que me cargo yo.

El PSC de L’Hospitalet lleva más de 40 años sumido en batallas internas que persisten en la actualidad, a diferencia de lo que sucede en las agrupaciones de ciudades del entorno.
Sí, es verdad. Aquí empezó la pelea entre españolistas y obiolistas, después entre Corbacho y Pujana, más tarde entre no sé quién y no sé cuántos. El problema es que nunca ha habido una dirección política suficientemente clara que tuviera bien amarrada la estructura del partido. Esa ha sido la realidad, que no ha habido gente con suficiente talla en la federación del PSC de L’Hospitalet.

Y ahí está la alcaldesa, imputada…
Sí, cuando ves que la alcaldesa y presidenta de la Diputación está imputada a raíz de la declaración de un compañero del partido piensas que algo no acaba de cuadrar. Esto lo digo desde fuera, eh, no estoy en los entresijos. Hablo con unos y otros y saco mis conclusiones. A lo mejor el PSC de L’Hospitalet es el espejo de la ciudad, que ha estado desvertebrada desde siempre, no solo en lo urbanístico.

¿Le queda un buen recuerdo de su gestión?
Sí, creo que hicimos una muy buena labor en el área económica del Ayuntamiento. Tanto en lo que se refiere a contabilidad, gestión tributaria y depositaría, pero es la gente la que tiene que decirlo. Y me sigo llevando bien con la inmensa mayoría de la gente de aquella época. ¿El recuerdo? Positivo, por supuesto. III

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