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El refugio de Gavà que burló a la muerte

El refugio de Gavà que burló a la muerte

Laura García Martínez

sábado 04 de junio de 2022, 16:14h

En el número 3 de la calle Salamanca de Gavà, paralelo a la calle de Barcelona y justo debajo de las vías del tren, se encuentra un refugio antiaéreo que data de la época de la Guerra Civil y actualmente cobra más interés que nunca viendo cómo construcciones similares están salvando la vida a la población ucraniana bombardeada por el ejército ruso.

El túnel se creó exactamente el 9 de junio de 1937 por real decreto de la Generalitat, por la Junta de Defensa Pasiva de Catalunya con el objetivo defender a los civiles de las bombas que lanzaba la aviación. La propia junta se encargó de supervisar la construcción de refugio de la Rambla de Gavà: una galería de 124 metros de longitud, dos metros de anchura y dos de altura; con muros perimetrales de 40 centímetros de grosor apoyados sobre una base de 80 centímetros de profundad y una bóveda de dos metros de grosor. Aún, hoy en día, se pueden observar huellas de pies que se dejaron en un tramo de la galería cuando el hormigón del suelo todavía estaba húmedo. También está visible un grafito en el acceso de entrada por la carretera de Santa Creu de Calafell, trazado también cuando el cemento todavía estaba tierno, en el que puede leerse el nombre del partido político Estat Català escrito en mayúsculas..
Este refugio consiguió proteger a todos y cada uno de los civiles que entraron en él durante los bombardeos. Como explica Noemí Casado, la directora del Museo de Gavà: “Ninguno de los civiles que acudieron al refugio murió en su interior durante los bombardeos”.
Para la construcción del refugio, en plena Guerra Civil Española, se eligió uno de los lugares más estratégicos de Gavà porque podía accederse al interior a través de escaleras por la calle Santa Creu de Calafell, la calle Salamanca, paralela al tren, y la fábrica de la Compañía Roca Radiadores de la ciudad. Tras el levantamiento militar y el estallido de la guerra el 21 de julio de 1936, los propietarios de la fábrica (la familia Roca), huyó a Burgos y después a París. Tras la huida, los empleados de la fábrica organizaron un Comité de Control Obrero para continuar con la actividad empresarial y la fábrica se colectivizó.

Reorientación militar
Se continuó la producción de radiadores y bañeras hasta que la producción fue reorientada a la industria militar, pasando a producir granadas de mano y hasta 5.000 proyectiles obuses diarios. En mayo de 1937, el gobierno de la República asumió el control de las industrias catalanas, lo que puso a la fábrica de Roca en el foco y en el punto de mira de la aviación del bando nacional.
El primer ataque aéreo que sufrió Gavà, junto a Viladecans, fue el 16 de marzo de 1938. El refugio antiaéreo salvó del primer bombardeo y de todos los que vinieron después a todos los ciudadanos que bajaron al túnel. Éste soportaba y protegía del armamento de la época, hasta 40 toneladas. En 250 m² se podían refugiar hasta 700 personas, pero teniendo en cuenta que la gente se sentaba en el suelo y llevaba colchones y mantas, la ocupación no superaba las 400 personas.
Los obreros de la fábrica Roca tenían categoría de trabajadores de industria de guerra militarizados, por lo tanto, no estaban obligados a incorporarse a filas ni a ir al frente. La vida diurna concurría con una cierta rutina para veinos y obreros pero la cosa cambiaba al ponerse el sol. “El ejército franquista prefería la noche para bombardear”, relata Casado. Entre marzo y diciembre de 1938, en Gavà hubo hasta cinco bombardeos en los que murieron 16 personas. No hubo que lamentar ningún fallecido entre los refugiados, pero sí entre civiles que no bajaron a la galería por diferentes motivos. Entre ellos, Noemí Casdo destaca que “había personas a las que les daba fobia meterse bajo tierra”. También cuenta la anécdota de una masía cercana a la fábrica, en la que murió toda una familia al completo porque una bomba que tenía como objetivo la fábrica Roca se desvió del objetivo e impactó contra la casa.
Cuando se acercaban dichos bombardeos, que también sucedían en Viladecans, entre otros pueblos; los oficinistas de La Roca hacían sonar la alarma para avisar a la población de que debía bajar al refugio. Este momento ha quedado registrado para la posteridad. Gracias a una empresa externa, el Museo de Gavà ha reconstruido un audio con un conjunto de actores y sonidos cerrados que describen el momento. El audio mimetiza a los visitantes y los envuelve en los propios bombardeos como si lo vivieran en su piel. Son varios minutos en los que se escuchan niños pequeños, bebes llorando, madres y el murmullo de la gente, la alarma de la fábrica Roca, y el sonido de los aviones que asedian, y que poco a poco se acercan a la zona. Inmediatamente, una serie de bombardeos retumban y te hacen vivir la agonía, tensión, angustia y el miedo del momento en primera persona.

Un audio envolvente
El audio, que suena a través de los altavoces del refugio, envuelve al visitante y hace que deje de pensar en el presente y en todo lo que le rodea y se pare a pensar en lo importante. Es un momento impactante en el que cabe valorar lo que tenemos y pensar que algo que conocemos, pero que creíamos que no podía volverse a repetir, está volviendo a ocurrir en Europa en el presente. Durante toda la historia de la humanidad ha habido guerras. La Guerra Civil marcó la historia reciente de nuestro país y precisamente con ese adjetivo: reciente. Actualmente hay muchos enfrentanmientos violentos: Siria, Afganistán, Palestina… que desde el punto de vista europeísta se vivían “desde lejos”. Hasta que la invasión rusa de Ucrania ha demostrado que los conflictos bélicos pueden estallar, y de hecho así lo hacen, en cualquier momento y que afectan a seres humanos que también creían que nunca les podía pasar a ellos
El recorrido de la visita al refugio se inicia con un video que explica la producción de la fábrica Roca y por qué ésta era objetivo franquista. Lo narra la voz de Pere Alcaraz, un vecino ya fallecido que era un niño de 9 años cuando estalló la Guerra Civil y vivió en primera persona los bombardeos en Gavà y la vida en el refugio.

Seis protagonistas
Durante El recorrido sigue por un largo corredor, el pasillo principal del refugio, donde se escucha el audio a través de altavoces y se atiende a las explicaciones de las guías. Finalmente se visualiza la segunda parte del video, que muestra testimonios de quienes vivieron los bombardeos. Tres ancianas y tres ancianos son los protagonistas, entre ello, Pere Alcaraz. Los niños de entonces relatan que “los padres tenían más miedo que ellos”, incide Casado, porque los niños se sentían seguros con sus padres. “La más terrible de las guerras es la civil” y “la gente hablando se entiende”. Dos reflexiones muy vigentes en la actualidad más cercana. Solo hace falta ver un informatico en la televisión para comprobar que, desgraciadamente, no siempre es así. Durante la Guerra Civil Española murieron soldados y civiles, hubo desplazados… Para recordar esa historia a quienes no la vivieron en primera persona y aprender de ella y evitar que se olvide, el refugio antiaéreo forma parte del patrimonio cultural e histórico de Gavà. Entre los años 2008 y 2013 el escondrijo subterráneo se limpió, se restauró, y se instalaron luces, extintores, salidas de emergencias y se habilitó el acceso principal. Una vez acabadas las obras, en 2013 se abrió al público con función museística, porque también acoge actividades, como exposiciones artísticas.
La directora del Museo de Gavà revive que eel perfil de la gente que se protegió en el refugio de la ciudad eran sobre todo madres con hijos, gente mayor y los oficinistas de la fábrica, ya que los trabajadores tenían otro refugio debajo de la factoría. El resto de los hombres que no eran mayores ni trabajaban en la fábrica eran llamados al frente y no estaban en la ciudad.
Actualmente se realizan visitas conjuntas del Museo de Gavà y al refugio, de una hora y cuarto de duración aproximada, con parones por el camino para explicar los edificios más emblemáticos. Desde la pandemia solo se realizan estas visitas en fin de semana, porque el protocolo Covid-19 aún no permite las visitas escolares, que normalmente se hacían a estudiantes de secundaria. Noemí Casado reconoce que estos niños parecen muy conscientes del significado de la guerra.

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