- Mamá, ¿puedo comer pistachos españoles todos los días?
Mi hijo de ocho años me miró con ojos calculadores. Sostenía en una mano una cáscara de pistacho, uno de esos frutos secos con la etiqueta “Producto de EE. UU.” que había comprado en un supermercado, aquí, en Pekín.
Hace un año, regresé de un viaje de reportaje a España con una bolsa llena de regalos, entre ellos un pequeño paquete de pistachos españoles. Él fue directo a por los pistachos y los devoró. «¡Qué ricos!», exclamó, como si fuera un crítico gastronómico. No le di más importancia. Simplemente, supuse que le encantaban los pistachos, así que, cuando se le acabaron los españoles, le compré más. Pero los niños tienen buena memoria, sobre todo cuando hay comida de por medio.
Así que, cuando le conté la noticia —que a partir del 30 de abril se permite la entrada a China de pistachos e higos secos españoles, siempre que cumplan con todos los requisitos pertinentes de inspección, cuarentena e higiene—, su primera pregunta no fue sobre los procesos complicados, sino sobre la despensa.
Como periodista especializada en asuntos internacionales, reconocí de inmediato que este anuncio era una de las consecuencias concretas de la visita del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a China a mediados del mes pasado. Se firman acuerdos y, a continuación, se llevan a cabo las gestiones pertinentes.
Por supuesto, no dejaría que mi hijo comiera pistachos todos los días. Pero su inocente pregunta me hizo darme cuenta de algo: una negociación intergubernamental árida y un aviso de aduanas pueden traducirse en un momento de la vida real: un niño sentado a la mesa, esperando ansiosamente frutos secos de un país al otro lado del mundo.
Ese pequeño pistacho, cuando finalmente llegue de los huertos españoles a un supermercado de Pekín, será mucho más que un simple fruto seco. Habrá sido testigo de acuerdos comerciales, normas de cuarentena, idas y venidas diplomáticas, itinerarios de transporte marítimo de contenedores y, subyacente a todo ello, de la evolución de la relación comercial entre China y España durante las últimas cinco décadas, o incluso más.
China y España establecieron relaciones diplomáticas en 1973. En estos más de 50 años, el comercio bilateral anual ha superado los 43.000 millones de euros (46.700 millones de dólares). Las exportaciones españolas a China se han diversificado, pasando del vino y la carne de cerdo al aceite de oliva y al jamón, productos que forman parte de la dieta de muchas familias chinas.
Hasta ahora, las exportaciones españolas de fruta a China incluían cítricos, melocotones, ciruelas, uvas, caquis y diversos frutos secos; los pistachos y los higos secos son una novedad en la lista. España ocupa el quinto lugar entre los principales productores mundiales de pistachos. El clima mediterráneo le confiere a este fruto una ventaja única, haciéndolo jugoso y crujiente.
Esta ventaja se alinea perfectamente con la creciente demanda de productos de calidad por parte de los consumidores chinos, lo que refleja lo que a menudo se denomina “la mejora del consumo interno en China”. De manera más fundamental, la importación de pistachos españoles constituye un claro ejemplo de la apertura de China hacia la alta calidad en el sector agrícola.
Para España, la apertura del mercado chino supone enormes oportunidades de exportación. Según estimaciones de los medios, si los pistachos españoles lograsen captar el 10% de la cuota de mercado china, podrían generar más de 200 millones de dólares en exportaciones, lo que impulsaría directamente los ingresos de miles de agricultores locales. José Miguel Olmeda, presidente de una empresa española de pistachos y miembro del Consejo Europeo del Pistacho, declaró a un medio español: “Todo lo que elimina barreras y abre fronteras es una buena noticia para los productores”.
En un contexto más amplio, España ha optado por una senda que potencia su capacidad para desarrollar lo que se necesita en el mundo actual. España lleva tiempo buscando un mayor acceso al mercado chino. Si bien en algunos Estados miembros de la UE han surgido voces que abogan por reducir los riesgos asociados a China, Madrid ve una oportunidad para intensificar sus relaciones. Al profundizar en los lazos económicos y comerciales con Pekín, España no solo asegura una salida vital para su sector agrícola, sino que también demuestra una forma pragmática de reducir riesgos: diversificar sus propios mercados de exportación disminuye la excesiva dependencia de un único socio comercial; en lo que respecta a las oportunidades de mercado, la clave sigue siendo el compromiso, no la reducción de riesgos.
La historia siempre se repite. El filósofo español Ortega y Gasset afirmó que los españoles son los chinos del mundo occidental. Tanto China como España fueron pioneras en el surgimiento de la primera ola moderna de globalización. El Galeón de Manila (1565-1815), también conocido como la “Nao de China”, fue su símbolo más visible: estos legendarios barcos transportaban seda y porcelana chinas a España a cambio de plata. Hace cuatro siglos, los chales de seda chinos contaban historias sobre los hombros de las mujeres españolas. Hoy, los pistachos españoles están listos para contar su propia historia en las mesas de los niños chinos. El tiempo cambia muchas cosas, pero la voluntad de conectar permanece inalterable.
Ese día no le expliqué todas esas complejidades a mi hijo. Simplemente le dije:
- Cuando lleguen los pistachos, te los compraré.