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A DEBAT

¿Igualdad de oportunidades o desigualdad territorial? El controvertido futuro de la selectividad en España

¿Igualdad de oportunidades o desigualdad territorial? El controvertido futuro de la selectividad en España
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lunes 08 de junio de 2026, 09:00h

Millares de estudiantes de bachillerato del Baix Llobregat y L’Hospitalet participan estos días en las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU), una cita que cada año moviliza a decenas de miles de jóvenes en toda España y que no es idéntica en las diecisiete Comunidades Autónomas (CC. AA.) españolas. La popular selectividad sigue siendo la principal puerta de entrada a los estudios universitarios, pero también uno de los más discutidos. Pese a las sucesivas reformas educativas, el modelo mantiene su estructura básica: una combinación entre el expediente de Bachillerato y una serie de exámenes que determinan buena parte de las posibilidades de acceder a las titulaciones más demandadas. Un año más, jóvenes que rozan la mayoría de edad o acaban de estrenarla se juegan en unos pocos días buena parte de sus opciones de estudiar Medicina, Ingeniería, Psicología o cualquier otro grado con una nota de corte elevada.

Sin embargo, detrás de una apariencia común conviven realidades diferentes. Aunque existe un marco general compartido, las pruebas son organizadas por cada comunidad autónoma, que establece sus propios modelos de examen y aplica criterios específicos de evaluación. Esta singularidad del sistema español ha alimentado durante años un debate que reaparece en cada convocatoria: si el acceso a las mismas universidades y a las mismas plazas debe depender de evaluaciones distintas según el territorio donde estudie cada alumno.

Los defensores de una PAU unificada para toda España sostienen que el acceso a las universidades públicas debería regirse por las mismas reglas para todos los alumnos, independientemente de dónde hayan cursado el Bachillerato. El razonamiento es sencillo: si las notas obtenidas sirven para competir por las mismas plazas universitarias, las condiciones de evaluación deberían ser comparables.

Esta posición ha sido defendida especialmente por diversos partidos de ámbito nacional y por organizaciones educativas que consideran que el actual modelo genera diferencias difíciles de justificar. En los últimos años también se han pronunciado en favor de una mayor homogeneización representantes del ámbito universitario. La Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), por ejemplo, trabaja en propuestas destinadas a armonizar estructuras de examen y criterios de evaluación entre comunidades autónomas. Quienes respaldan esta vía consideran que una mayor uniformidad reforzaría la sensación de igualdad de oportunidades y contribuiría a reducir las sospechas recurrentes sobre la existencia de pruebas más o menos exigentes según el territorio.
Frente a quienes reclaman una prueba estatal única, otros recuerdan que España cuenta con un sistema educativo descentralizado. Las comunidades autónomas tienen competencias en educación y desarrollan parte de los currículos escolares.

Desde esta perspectiva, una selectividad completamente uniforme podría ignorar particularidades lingüísticas, culturales o curriculares reconocidas por el modelo autonómico. Además, algunos expertos cuestionan que las diferencias entre exámenes sean tan determinantes como suele afirmarse. La dificultad de una prueba es difícil de medir objetivamente y depende de numerosos factores: la preparación previa del alumnado, los contenidos impartidos durante el curso o los propios criterios de corrección. Hay quiendescribe las PAU como un “mal menor”: una herramienta que no garantiza la igualdad absoluta, pero que proporciona una referencia común para comparar a estudiantes de contextos educativos distintos.

La discusión, por tanto, no es únicamente académica. También es política. Y es que una selectividad única obligaría a replantear hasta qué punto el Estado debe intervenir en un ámbito donde las comunidades autónomas tienen amplias competencias. Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿Se puede considerar plenamente justo un sistema en el que cada CC. AA. realiza pruebas diferentes? ¿Garantizaría una selectividad única una mayor igualdad de oportunidades o, en realidad, supondría ignorar la diversidad educativa de España? ¿Es razonable que una prueba de pocos días tenga tanto peso en el acceso a la universidad? ¿Sería más justo basar la admisión exclusivamente en el expediente académico? El debate está servido. III

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