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En verano: viajar y pensar. Diarios desde Xinjiang - 20 de junio, Durpan

China sin filtros: claves para entender al gigante del siglo XXI (3)

Explanada en el desierto (Foto: Aguadero)
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Explanada en el desierto (Foto: Aguadero)

El Butlletí Oficial del Parlament de Catalunya ha anunciado, para esta XV legislatura, una “Propuesta de resolución sobre la persecución del pueblo uigur por parte de la República Popular de China y de apoyo a sus derechos fundamentales” [250-01264/15. GP Junts].

Por Jorge I. Aguadero Casado
jueves 16 de julio de 2026, 15:00h
En esta tercera entrega de la serie de artículos en exclusiva para El Llobregat, acompañaremos al escritor Jorge I. Aguadero Casado en su viaje por la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, en China, del 17 al 27 de junio. Hablaremos de uno de los enclaves más representativos de la Ruta de la Seda y de convivencia étnica en China. Xinjiang es, además, uno de los puntos de atención política mundial. (Nota: las fotografías, tomadas por Aguadero y por otros representantes de medios internacionales, proceden de sus teléfonos móviles)

Por Jorge Aguadero Casado.

Al amanecer del 20 de junio, al descorrer la cortina del hotel, divisando la inmensidad del desierto en el horizonte de Turpan, tuve la extraña sensación de que el tiempo se había detenido, como un abejorro cansado que se posa en tu mano sin pretensiones, solo permaneciendo ahí, indiferente al mundo. Será que todos llevamos un desierto interior que nos acompaña, o será que allí donde hemos perdido la esperanza aún queda agua, pero la vista de las dunas me hacía sentir cercano a la inmensidad y lejos de cualquier parte, aquí y allá al mismo tiempo.

Había tomado la decisión de dejar de consultar el libreto del viaje que, aunque perfectamente organizado por los oficiales chinos, ya no tenía sentido en mi cabeza. El motivo no era otro que el jetlag: Eva (Wang Yiping, 王一平) se dio cuenta de que andaba muy perdido con respecto a los horarios y, siempre con una sonrisa, se hacía cargo de la situación. Sé que esto parece una exageración, pero el viaje desde Barcelona había sido largo y a eso hay que sumarle que en China rige un solo uso horario para toda la nación, por lo que, con los desplazamientos, la intensidad lumínica no se correspondía ni de lejos con lo que marcaba mi reloj.

El ambiente en el autocar que nos llevaba de excursión era festivo, los lazos entre la delegación de representantes de medios de comunicación mundiales fraguaban bien, éramos conscientes de que estábamos viviendo la aventura de nuestras vidas. Iba sentado al lado de Andoni Corrales Betanzos y, justo en el asiento posterior, Eva aprovechaba para tomarse un descanso más que merecido. Entonces, Andoni me indicó una de las peculiaridades de la zona:

- Llevas rato mirando al desierto, ¿no te gustan los árboles?

No entendí el comentario. Hasta que, divertido, señaló a la ventanilla de la derecha... ¡era un bosque tupido! Mirabas a la izquierda y parecía la superficie del planeta Arrakis; mirabas a la derecha y estabas en Arboria. La carretera separaba abruptamente ambos mundos, sin un terreno hibridado que tuviese un poco de cada uno. Así, durante tantos kilómetros que, de haber pretendido contarlos, me habría quedado sin números.

Los dos lados de la carretera de Durpan presentaban fuertes contrastes (Fotos: Aguadero)

Conforme nos iba engullendo el desierto, hubiese agradecido poder enviar mis crónicas al Llobregat en tiempo real, pero el cortafuegos chino de Internet no lo permitía. Esta es, en mi opinión, la única molestia que va a encontrar el viajero occidental en su viaje por la zona, porque en todo lo demás se van a sentir mejor tratados que en sus propios países. Y, si se preguntan si percibí algún tipo de malestar en la población civil, les doy fe de que mi percepción estaba siendo de una sociedad feliz, con muy buenas condiciones de vida. Las gentes del desierto chino tienen una calidad de vida propia de ciudad china, con equipamientos y comodidades sobresalientes. Vi a los uigures muy cómodos con la bandera china: no me extrañó, yo tampoco querría dar un paso atrás.

Al cabo de unas horas llegamos a una explanada en medio de las dunas, donde había un recinto dispuesto para los turistas y camellos, lo que anticipaba una excursión desierto adentro. Sin embargo, la excursión que nos tenían preparada nuestros anfitriones iba mucho más allá: una visita guiada a las Cuevas de los mil Budas de Bezklik, una maravilla cultural que nunca olvidaré.

Eva (Wang Yiping, 王一平), escoltada por Aguadero y Corrales

El camino hacia las cuevas es estrecho, en verdad no muy largo, fácil de completar sin necesidad de estar en excelente forma física. Ahora bien, conviene tener grabadas en la memoria las palabras que nos dijo un oficial al ir a bajar del autobús: "El agua es vuestra mejor amiga".

Camino de las Cuevas de los mil Budas de Bezklik (Foto: Aguadero)

Los 3 Amigos en el exterior de las Cuevas de los mil Budas de Bezklik (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Exterior de las Cuevas de los mil Budas de Bezklik (Foto: Aguadero)

Exterior de las Cuevas de los mil Budas de Bezklik (Foto: Aguadero)

Exterior de las Cuevas de los mil Budas de Bezklik (Foto: Aguadero)

El calor, a pleno sol de mediodía, es extremo, valga decir que se trata del lugar más caluroso de China, con temperaturas superficiales que superan los 70º en verano. De hecho, la montaña que flanquea las cuevas recibe el nombre de "Montaña de las Llamas" (también "Montaña flameante") y forma parte del paisaje literario universal, apareciendo en la gran novela china "Viaje al Oeste". En uno de los pasajes de este clásico, Sun Wukong (el Rey Mono) le pide su abanico a una diosa para apagar las llamas de la montaña y así poder continuar su camino a través de las cumbres de arenisca roja. Así que, ya saben, si desean visitar este lugar fascinante, no olviden llevar agua, sobrero y protector solar.

Federica Bianchi, Andoni Corrales Betanzos y Aguadero posan junto a las Montaña de las Llamas

Aunque la construcción de las cuevas tuvo sus inicios durante las dinastías del Sur y del Norte, resultaba evidente que el complejo de templos gruticulares alcanzó su apogeo durante la dinastía Tang, por la significación budista y la mención en "Viaje al Oeste".

- Algunos murales datan de antes de la dinastía Tang, mientras que la mayoría son conocidos como "el budismo de los uigures Qocho"- nos indicó uno de los traductores-. En total, se conservan 83 cuevas, de las cuales más de 40 mantienen murales, con una superficie total preservada que supera los 1200 metros cuadrados.

Señalización de la Cueva 17 (Foto: Aguadero. Sin flash, con permiso)

Fuimos por las cuevas como niños de excursión escolar: ilusionados y con los ojos abiertos por lo que estábamos aprendiendo. Avanzábamos en la semioscuridad, el corazón bajaba de pulsaciones al entrar en las cuevas de culto, como si en aquellas paredes policromadas fuesen a aparecer de nuevo los monjes para realizar sus ritos. Esta sensación se acrecentaba en las cuevas de retratos, donde estaban enterrados los monjes eminentes.

- Desde el punto de vista arquitectónico, las cuevas adoptan tres distribuciones principales: estilo con pilares centrales, estilo con techo abovedado rectangular y estilo con cúpula cuadrada rodeada de corredores- continuó diciendo el oficial-. Entre las pinturas representativas se incluyen pinturas de votos, ilustraciones del sutra del Nirvana, ilustraciones del sutra de la Tierra Pura Occidental e ilustraciones del sutra del Loto. En 1982, el Consejo de Estado designó las Cuevas de los Mil Budas de Bezeklik como Sitio Histórico y Cultural de Gran Importancia, protegido a nivel nacional.

Estas explicaciones hicieron de la visita la diferencia entre ver piedras o imbuirse de la historia local, siendo muy agradecidas por los representantes de medios de comunicación que visitábamos Xinjiang. No obstante, sentí que se me encogía el corazón cuando me dijeron que, a principios del s. XX, autoproclamados exploradores occidentales (especialmente alemanes), saquearon los murales, arrancando grandes trozos de las paredes y llevándolos a museos de sus países. Es triste que, habiendo resistido al fanatismo de las guerras religiosas y a la extensión del Islam entre los siglos XIV y XV, esas paredes sagradas estén incompletas. No deja de ser una ironía del destino que el clima extremadamente seco del desierto de arena haya hecho más por la preservación de ese arte religioso que arqueólogos de renombre.

Cuevas de los Mil Budas de Bezeklik (Foto: Andoni Corrales Betanzos. Sin flash, con permiso)

Cuevas de los Mil Budas de Bezeklik (Foto: Andoni Corrales Betanzos. Sin flash, con permiso)

Otra anécdota que deseo compartirles me sucedió cuando buscaba refugio del sol entre las cuevas. Un anciano uigur tocaba el tambur (un laúd largo, de cinco cuerdas) y yo no tenía claro si estaba allí por gusto o si estaba mendigando. Por su indumentaria, parecía simplemente un señor jubilado que disfrutaba de su música y, además, en el tiempo que llevaba en China aún no había visto a ninguna persona pidiendo limosna. A su lado tenía un papel con un código QR, por lo que deduje que estaba apurado económicamente.

- No, Jorge- me dijo Eva-. Este hombre viene aquí a tocar para disfrutar de su música. Si quieres hacerle un donativo, adelante, pero tiene su jubilación y no mendiga ayuda.

De hecho, el anciano se percató de lo que sucedía y, con una sonrisa, me dijo que le gustaba estar allí por las mañanas, porque era un lugar muy simbólico para él. Me invitó a sentarme a su lado y estuvimos charlando, con Eva traduciendo. Le dije que años atrás había sido el letrista de una banda de rock, Madam Hite. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando me invitó a tocar con él! Eso sí, primero me puso un gorro, para que me sintiese uno más entre los bravos uigures.

Aguadero tocando música tradicional con un anciano uigur

Los oficiales chinos que guiaban la expedición nos trataban con un afecto que iba más allá de la cortesía, como a buenos amigos, preocupándose de que cada detalle hiciese de nuestra visita una experiencia memorable. Tras volver al hotel y tomarnos un breve descanso para comer, nos dirigimos a la aldea Ximen de Turpan.

Comedor del hotel en Durpan

En la aldea vimos numerosas casas bajas, de estilo inconfundiblemente de Asia Central, con las paredes decoradas con platos de cerámica y grandes recibidores abiertos. Y, como de costumbre en Xinjiang, con amplia presencia del cultivo de la uva.

Construcciones bajas de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

Cultivo de la uva en la aldea Ximen de Turpan (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Decoración típica de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

Decoración típica de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

Residente uigur de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Las viviendas no eran nuevas, tenían historia, pero lucían limpias. Teníamos claro que, al tratarse de la visita guiada, el ambiente festivo que encontramos en la casa que visitamos era una cortesía para nosotros, con grupo de baile y viandas suculentas. Sin embargo, en lo fundamental no parecía un decorado, ya que en las calles aledañas las casas también presentaban un aspecto exterior de gran belleza y todo se veía igual de cuidado.

Vivienda tradicional de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

Vivienda tradicional de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

Viandas típicas de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Festejo uigur en la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

Lo más discordante que vi en aquella población abundante en viñedos (y no me pareció en absoluto una imagen de miseria) fueron algunas casas-taller, en las que los encargados reparaban motos eléctricas a pie de calle. "Si las personas que se ven más modestas tienen pequeños negocios, eso da una buena medida de cómo se vive aquí", reflexioné, sin olvidar que estábamos en una pequeña aldea en mitad de un desierto de dunas. Me llamó la atención la distribución étnica: de los 3.152 habitantes, el 98,38% son Uigures, el 1,33%, Hui y el 0,29%, Han. Recordé haber leído en medios occidentales que allí no quedaban apenas uigures y que casi todo el mundo era Han. Ante esos datos dispares, mi percepción fuera de toda duda es que la zona es, en su mayoría, uigur. En cuanto a sus condiciones de vida, mi percepción es que las instalaciones públicas, como la Plaza Cultural Granada Roja, las canchas de baloncesto y los equipos de gimnasia, han enriquecido la vida de ocio de los residentes. Diría, sin miedo a equivocarme, que las personas que viven en aldeas en Occidente no lo hacen en condiciones mejores. ¿Qué opinan ustedes?

Desarrollo en la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

La vida en los desiertos exige soluciones adaptativas extraordinarias. Si ya desde nuestra perspectiva mediterránea el agua es valiosa, en las ciudades-oasis es un tesoro. Una de las principales preocupaciones para pensar las ciudades es su estructura urbana, en relación con sus flujos de ingresos (tales como el agua potable o la energía) y los procesos que involucran fenómenos de masificación humana en espacios áridos. Con esta idea en mente, a media tarde, visitamos los pozos Karez, cuyos tres canales atraviesan el parque con el mismo nombre.

Parque Karez de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

La visita al canal abierto, que se extiende a lo largo de más de cien metros, fue un recordatorio de la resiliencia de las gentes de la aldea. Excavado en el s. XVIII, el canal encauza el agua del deshielo de los glaciares y de las precipitaciones de las montañas Tian Shan, hasta los embalses adyacentes.

Canal abierto en el Parque Karez de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

Canal abierto en el Parque Karez de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

Nos adentramos en la Sala de Exposiciones Karez, la primera dedicada al Karez en Turpan, e incluso en toda China. Presenta sistemáticamente la evolución completa del Karez, abarcando sus orígenes milenarios, la sabiduría de su ingeniería, su integración cultural y su herencia.

Sala de Exposiciones Karez en el Parque Karez de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Sala de Exposiciones Karez en el Parque Karez de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Sala de Exposiciones Karez en el Parque Karez de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

- Los pozos verticales no están diseñados para elevar agua, se utilizan para retirar la tierra excavada, para la ventilación, para iluminar el terreno y para que los artesanos del Karez puedan bajar y subir, así como para la ubicación de los canales ciegos subterráneos- nos ilustró el oficial que nos guiaba.

En aquel momento yo aún no era consciente de que el Karez, siendo el mayor sistema de irrigación subterráneo del mundo, desempeñaba también un rol tradicional en el intercambio comercial de las etnias locales, idea que se fue asentando en mi mente conforme fueron pasando las horas.

- Junto con la Gran Muralla y el Gran Canal Pekín-Hangzhou, el Karez es considerado uno de los Tres Grandes Proyectos de la Antigüedad de China- recalcó el oficial-. La red de pozos y canalizaciones se extiende a lo largo de 5.272 kilómetros, haciendo habitable esta parte del Gobi.

Embalse Karez en el Parque Karez de la aldea Ximen de Turpan (Foto: Aguadero)

Durante el recorrido por la aldea nos hicimos una idea de cómo era el día a día en aquel lugar, tal como teníamos previsto. Pero aún nos quedaba otra visita más antes de regresar al hotel: las Ruinas Jiaohe.

Cartel de las Ruinas Jiaohe (Foto: Aguadero)

Estas ruinas están situadas en la zona de oasis del valle de Yarnez, en el borde norte de la cuenca de Turpan, al pie sur de las montañas Tian Shan orientales. Al sur se encuentra la Montaña de Sal, y está a 10 kilómetros al oeste del actual núcleo urbano.

Pie de las Ruinas Jiaohe (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Caminando por la suave cuesta que conduce a la antigua ciudad, uno tiene la sensación de entrar en otro tiempo, mucho más agreste, en el que la piedra y el hombre se funden sobre el horizonte, formando un paisaje singular.

Subiendo hacia las Ruinas Jiaohe (Foto: Aguadero)

Subiendo hacia las Ruinas Jiaohe (Foto: Aguadero)

- La ciudad fue construida sobre una terraza insular de unos 30 metros de altura, rodeada por valles fluviales a ambos lados. La terraza tiene forma de hoja de sauce- nos indicó uno de los traductores.

La semblanza con la hoja de sauce resultaba poética, contrastaba fuertemente con el paisaje marciano en el que penetrábamos.

Ruinas Jiaohe (Foto: Aguadero)

El trazado urbano está estructurado por una vía principal, con ramales perpendiculares que llevan a zonas funcionales que incluyen barrios residenciales, áreas de almacenamiento, recintos administrativos, distritos de templos, cementerios y grandes complejos con patios interiores. Todo, en piedra seca, en adobe que el paso del tiempo resiste.

Ruinas Jiaohe (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Aguadero en las Ruinas Jiaohe (Foto: Wang Yiping, 王一平)

Ruinas Jiaohe (Foto: Aguadero)

Ruinas Jiaohe (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Me sentía dentro de una de esas pinturas chinas que evocan paisajes. La ausencia de policromía reforzaba nuestra sensación de pequeñez ante la inmensidad cósmica de aquella montaña. Aquellas 680 hectáreas habían estado pobladas entre los siglos II a. C. y VIII d. C.; si dejabas posar la vista en las construcciones, podían intuirse las sombras de aquellas personas haciendo sus cosas, cuidando de sus hijos, tejiendo... Pero, en aquellos instantes en los que el día cedía su lugar a la noche, solo se oía el viento sobre nuestros pasos.

Foto grupal de la delegación de medios internacionales y de los oficiales chinos en las Ruinas Jiaohe

Sin embargo, ahí no acabaron las maravillas de esa jornada. Con las ruinas de Jiaohe de fondo, presenciamos una representación de teatro esplendorosa.

Representación teatral en las Ruinas Jiaohe (Foto: Aguadero)

La noche nos cubría cuando iniciamos el regreso al hotel, lo que nos dio la oportunidad de maravillarnos con la iluminación nocturna de las ruinas. Es sutil, con pequeños faroles estratégicamente situados, y te cambia lo que habías visto una hora antes. Hubo, como detalle final, un espectacular pasaje de luces verdes, formando un efecto túnel fascinante, que nos orientó durante parte del camino. En China, la tecnología potencia la experiencia cultural, fiel al legado de sus predecesores.

Las Ruinas Jiaohe bajo el manto de la noche (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

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