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A DEBAT

¿Están el Baix y L’Hospitalet listos para un 2026 lleno de conflictos y decisiones aplazadas?
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¿Están el Baix y L’Hospitalet listos para un 2026 lleno de conflictos y decisiones aplazadas?

lunes 12 de enero de 2026, 11:00h

El 2025 se ha despedido del Baix Llobregat y L'Hospitalet dejando un territorio en tránsito, donde cada calle, cada obra y cada debate parecen adverti de que los grandes retos aún esperan su turno. Entre celebraciones centenarias, protestas en el Parc Agrari y atascos que no ceden, la realidad de enero nos recuerdan que el futuro no se anuncia con fuegos artificiales: se construye entre decisiones pendientes, tensiones latentes y la urgente necesidad de repensar la vida urbana. Con 2026 recién estrenado, la pregunta flota en el aire: ¿será este el año en que se tomen las decisiones que marquen la diferencia?

El año 2025 se cierra en el Baix Llobregat y L’Hospitalet con una sensación compartida de que han sido doce meses de tránsito. No ha sido un año de grandes rupturas, pero sí de acumulación de debates, conflictos latentes y decisiones aplazadas que empiezan a vislumbrarse como los retos que marcarán 2026. Informativamente y socialmente, el territorio ha vuelto a ocupar un lugar central en la agenda metropolitana, no tanto por acontecimientos extraordinarios -más allá del esperado fin de la sequía- sino por la persistencia de los problemas estructurales de siempre.

La conmemoración del centenario de L’Hospitalet como ciudad ha sido uno de los grandes hitos simbólicos de 2025. Actos institucionales y exposiciones han puesto en valor un siglo de crecimiento acelerado, acogida migratoria y transformación urbana. Pero la efeméride también ha servido como espejo incómodo: ¿qué ciudad quiere ser L’Hospitalet en los próximos 25 o 50 años? La falta de vivienda asequible, la presión demográfica y las desigualdades entre barrios siguen presentes, a menudo de forma más que implícita.

En el Baix Llobregat, 2025 ha vuelto a girar alrededor de las infraestructuras. Las interminables obras de la B-25 y la saturación de la red viaria, la ampliación del aeropuerto o la necesidad de transporte público eficiente han acaparado titulares y debates políticos. El discurso del territorio estratégico se repite año tras año, pero muchos vecinos siguen percibiendo que las grandes decisiones se toman lejos y llegan tarde. La pregunta de fondo permanece: ¿Las grandes infraestructuras servirán para mejorar la vida cotidiana de la población?

Uno de los conflictos más visibles del año recién acabado ha sido el relacionado con el Parc Agrari. Las protestas del sector agrícola frente a nuevas figuras de protección ambiental y los planes de ampliación han reavivado la tensión histórica entre preservar el entorno natural o garantizar la supervivencia de la agricultura de proximidad. La discusión no solo es técnica, sino profundamente política y social. ¿Queremos un Baix Llobregat verde pero sin agricultores? ¿O somos capaces de imaginar un modelo donde protección ambiental y actividad agraria no sean incompatibles?

En paralelo, la cuestión de la seguridad ha reaparecido en la conversación pública. Algunos episodios de violencia, el aumento de la percepción de inseguridad y el desborde del incivismo han generado la lógica preocupación y, en ocasiones, discursos simplificadores. Sin embargo, también se ha evidenciado que la seguridad no puede desligarse de la cohesión social, la educación y las oportunidades laborales. El riesgo de abordar el problema solo desde una óptica punitiva sigue siendo el gran dilema local. Pero urgen las soluciones.

De cara a este 2026, las expectativas están más llenas de interrogantes que de certezas. Se espera que avancen —o se desbloqueen— proyectos de movilidad clave, que se clarifique el futuro del Parc Agrari y que las políticas municipales afronten con mayor valentía el acceso a la vivienda y la desigualdad. Para al final, dilucidar si se ha aprendido algo de la experiencia de 2025 y se tomarán las decisiones concretas. Con el año recién estrenado, surgen más incógnitas:

¿Cómo equilibrar desarrollo económico, protección del territorio y calidad de vida? ¿Podrá L’Hospitalet convertir su centenario en un punto de inflexión para sus barrios más vulnerables? ¿Qué modelo de seguridad y convivencia construir en un contexto de creciente desigualdad? Y, seguramente, el interrogante más personal de todos: ¿Qué le pedimos al año nuevo? El debate está servido. III

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