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El fin de las jirafas y el ascenso de las bisagras
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El fin de las jirafas y el ascenso de las bisagras

Valero&Vila

miércoles 18 de marzo de 2015, 03:12h
Muñidor del cuatripartito que gobierna el ayuntamiento de la conurbación que es el Área Metropolitana de Barcelona (AMB), el alcalde socialista de Cornellà, Antonio Balmón (PSC), defiende reeditar a partir de mayo el pacto entre PSC, CiU, ICV y ERC para garantizar el pragmatismo o esa revolución del sentido común que profesa su socio Xavier Trías (CiU) desde Barcelona para afrontar las “revoluciones destructivas” que acechan las urnas.

Estupefactos dejó Jordi Évole a los mandamases de Cornellà cuando ante un Auditori repleto, en vez de pronunciar un discurso de agradecimiento por el premio recibido, hizo una declaración en toda regla a favor de que se vayan los que gobiernan desde hace más de 30 años. Hasta el ex alcalde y ex president de la Generalitat, José Montilla, se revolvió en su asiento cuando Évole le saludó con el tratamiento de “molt honorable”, pero añadió la apostilla “de momento”. Maldita la gracia les hizo a los socialistas de Cornellà que un hijo de la ciudad que había sido becario en su Radio, fuera tan desagradecido. Évole dijo: “Aquí hace 30 años que mandan los mismos. No sé si eso es muy bueno”. Y añadió: “Para tener una democracia más viva, es bueno que haya renovaciones, transiciones y que haya incluso hasta revoluciones. Sobre todo en esta ciudad, en la que siempre hemos sacamos pecho y tenemos fama de echados para adelante… No sé si lo hemos conseguido suficientemente”, concluyó.

30 años no es nada
Al alcalde de Cornellà, Antonio Balmón, se le clavaron esas palabras de Évole. En respuesta a una pregunta sobre limitación de mandatos al término de una conferencia que pronunció días después en el ciclo Cercle de l’Aigua, de Agbar, Balmón se refirió a la pulla del periodista al decir: “Yo me pregunto si 30 años es demasiado en la vida de una persona o es cuando verdaderamente comienza a vivir”.

Ángel Simón, presidente ejecutivo de Agbar, presentó a Balmón como “el hombre bisagra”, apelativo que el alcalde reconoció que era su nombre “de guerra” en la clandestinidad, cuando militaba en el PCI, formación que abandonó para ingresar en el PSUC. Con 16 años empezó a trabajar en unos laboratorios de Sant Boi. Desde 1981 es militante socialista y ha llegado a ser el número dos del partido en Cataluña con Pere Navarro en la secretaría general. Ahora, además de alcalde y vicepresidente ejecutivo del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), también es secretario de relaciones institucionales del PSC.

Vehemente en sus convicciones, Balmón no tiene pelos en la lengua al calificar que el discurso nacionalista está contaminado. Ha creado mil puestos de trabajo en planes de ocupación en su ciudad en los últimos años y, bajo su auspicio, se ha firmado un acuerdo sin precedentes entre las compañías de agua, electricidad y gas para evitar que la pobreza energética deje sin esos suministros a las familias con menos recursos del área metropolitana.

Bregar el día a día
Balmón abomina del político jirafa, ese que tiene un gran horizonte pero que es incapaz de ver las necesidades de la gente. A él le gusta más intuir el horizonte y le va la brega del día a día para compensar desde los poderes públicos a quienes no les llega la cartera para solucionar sus problemas. En estos momentos convulsos que atraviesa la política, se debe reconocer que la AMB ha procurado estabilidad al ser un instrumento útil gracias al consenso. Un acuerdo que ha sido posible, en especial entre Balmón y el alcalde de Barcelona, Xavier Trias, su principal socio en el cuatripartito (PSC-CiU-ICV-ERC) que gobierna ese gran ayuntamiento que es la AMB. A partir de ahí, Balmón asegura que su actividad se ha centrado en el factor humano, “la principal estructura de cualquier Estado”. Por eso dice que nadie se pregunta quién está detrás de que salgan los metros y autobuses cada madrugada, o de que se recojan y eliminen los residuos, o del mantenimiento de las playas, parques y espacios naturales. La actividad de la AMB es discreta.

Paracetamol social
Balmón defiende que el modelo territorial metropolitano es algo más que el análisis empírico de un plano. A partir de fortalecer la gran marca Barcelona, señala que son necesarias nuevas infraestructuras para no quedar difuminados en discursos de jirafas sin poner el pie en tierra. Y lograr que los espacios fluviales se recuperen o para conseguir que la movilidad, ese derecho del siglo XXI imprescindible para garantizar la igualdad, se convierta en un derecho. Por eso, Balmón parece defender la revolución del sentido común que profesa Trías para afrontar las “revoluciones destructivas” de las formaciones que irrumpen con fuerza pregonando la ruptura.

Balmón argumenta que cada euro que sale del presupuesto metropolitano a partir de las aportaciones de los 36 municipios que lo componen, “va directo a las venas de los ciudadanos mediante políticas sociales e inversión”. Como los 5 millones de euros para arrancar el programa de pobreza energética. El alcalde de Cornellà lo llama “paracetamol social”.

El nuevo PGM, el “alma”
Para Balmón, no tiene sentido que Vallirana esté fuera del área metropolitana ni la existencia del Consell Comarcal del Baix Llobregat y del Barcelonés, entre otras razones, porque las competencias que gestionan son irrelevantes. En el mandato que se inaugurará con las elecciones municipales de mayo, este líder socialista defenderá ampliar las fronteras de la AMB y que Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) dé servicio más allá de Barcelona. También será fundamental el nuevo Plan General Metropolitano (PGM)

Nuestro territorio no es una hoja en blanco. Tiene arrugas, grietas, cicatrices. Pero en los 36 años de ayuntamientos democráticos se ha avanzado y mucho. El PGM se antoja una gran oportunidad para definir lo que este territorio quiere ser de mayor, el “alma” metropolitana. No sólo desde la perspectiva urbanística y económica, sino dotándole de criterios humanos. Por ejemplo, enfatizando la necesidad de nuevas infraestructuras, defendiendo las clases medias y garantizando la cohesión social para combatir la desigualdad. Lograrlo implica, a juicio de Balmón, la reedición del pacto metropolitano. Un nuevo cuatripartito para el que serán necesarios políticos bisagras como él. III
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