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Una caridad mediática

viernes 15 de mayo de 2015, 04:55h
Las catástrofes humanitarias acontecidas en este último mes: el barco hundido de inmigrantes en el Mediterráneo y el terremoto en el Nepal despiertan las conciencias de nuestro mundo, ricos y autosuficiente.
Por un momento descubrimos que el sufrimiento humano es presente en grandes porciones de la humanidad, un dolor que nos hace experimentar nuestra fragilidad y, al mismo tiempo, nuestra una concepción demasiado sentimental de la solidaridad.

1.- Con todo lo antes expuesto os invito a una doble reflexión: Los ahogados en el mar y los miles de muertos en el Nepal nos permiten descubrir la desesperación de miles de personas que atraviesan el mar en condiciones de altísimo riesgo o la miseria de un país que ante una catástrofe natural pone al descubierto su extrema pobreza. Por unos días nos sensibilizamos y compartimos cierto dolor por su estado.

Llenamos muchos informativos explicando y narrando la tragedia, llenamos las pantallas con cuentas corrientes para aportar alguna ayuda y alimentamos la “lástima” durante algún tiempo para anestesiar la conciencia colectiva. Y después “qué”. Los países ricos y acomodados, como los nuestros, ofrecemos insignificantes ayudas económicas para “parchear” unas realidades permanentes y sangrantes para nuestras conciencias. ¿Qué sentido tiene para mí la caridad?¿Cómo concibo una caridad que no intente solucionar el problema que origina tales escándalos? El Papa Benedicto XVI ya expuso la raíz del problema: “Mientras no concibamos al otro como un hermano, la caridad se reduce a un sentimiento, bueno pero ineficaz”

2.- Desde nuestra responsabilidad personal, no podemos silenciar la falta de una respuesta global y con clara intención de paliar los desajustes que la originan. En la última reunión de los presidentes de gobierno de Europa, convocados bajo el impacto del barco hundido en el cercano mar Mediterráneo, se decidió aumentar el presupuesto en materia de salvamento o acogida de estos inmigrantes.

Nuestra querida Europa sólo se arriesga añadiendo más euros, a proponer un mayor control fronterizo, … ¿Y las miles de personas que huyen de sus países por la miseria y las guerras? ¿Y la industria armamentista (en Europa se fabrican muchas armas) que sostiene muchos de estos conflictos? ¿Y las ”mafias” que se lucran de este deleznable negocio? ¿Se combaten?

El envío de ayuda humanitaria al Nepal es un síntoma positivo pero insuficiente. La miseria de ese país no puede paliarse con campañas puntuales, movidas más por la emoción que por una solidaridad activa y permanente. Nuestro derroche alimenticio o consumista, nuestra indiferencia a las estructuras de miseria existentes o la distancia ante el dolor diario de tantas personas, ¿sólo puede encontrar una respuesta puntual y mediática?

Busquemos, entre todos, forjar una cultura donde los valores a transmitir no sean sólo sensaciones, sino una compasión, es decir, compartir su dolor con justicia y desde su raíz. III
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