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El Baix, una escuela de teatro
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El Baix, una escuela de teatro

En este número 117 de El Llobregat, comparten páginas artistas de la talla de José Corbacho, que protagoniza el ‘Parlem-ne’ de este mes, o Nuria Espert, como recién galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2016.

Ambos son del barrio de Santa Eulàlia de L’Hospitalet y tienen como denominador común el inicio prematuro de sus carreras.

Con unos excelentes equipamientos en el territorio –desde el Atrium de Viladecans, al Auditori de Cornellà, los teatros de La Pasión de Esparreguera o Olesa, además del propio Nuria Espert de Sant Andreu de la Barca-, es imprescindible poner el foco en el carácter formativo de algunas escuelas de teatro del territorio quienes incentivan –pese a hacerlo, prácticamente, en solitario- el gusto por este ámbito, todavía discriminado.

Prueba de ello es que la gran mayoría de ciudades grandes tengan una escuela municipal de música o que esta rama –sin querer desmerecerla- cuente con una asignatura propia mientras que el teatro caiga como actividad extraescolar. “Nos encontramos un poco solos. Falta ayuda y el apoyo de la administración. Sabemos cómo hacerlo, tenemos el espacio, ahora es necesario el empujón que tienen estas escuelas municipales de música”, dice Sílvia Molins de Sensedrama Teatre. En este sentido se pronuncia Eugènia Delgado, directora artística de Plàudite Teatre: “Falta, completamente, una preocupación por parte de la administración. Siempre hay una escueta municipal de música, porque, aunque no estén sus estudios reglados a ese nivel, si están regulados. Los estudios de teatro, no. Partiendo de esa falta de reconocimiento, puedes imaginar cómo va la administración”.

Sea como fuere, estos emprendedores del Baix son los únicos que luchan por el futuro del teatro. Tenemos excelentes equipamientos, seguramente, como nunca ha habido, con oferta de teatro amateur, pero, también, profesional que abandona la ciudad condal para ofrecer sus espectáculos en el área metropolitana; es momento de dar mayor contenido y poner en relieve a los artistas del territorio del presente y del futuro.

Casi 20 años de teatro en L’Hospitalet
Una de las escuelas más importantes de la zona Llobregat está en L’Hospitalet y se conoce como Plàudite Teatre – Espai d’Arts Escèniques; por cierto, en Santa Eulàlia. La entidad cultural lleva, desde 1998, fomentando el teatro como canal de expresión y, en la actualidad, cuentan con 150 alumnos de todas las edades que pasan cada semana por las instalaciones. “Tenemos alumnos desde los 3 a los 87 años, que es el más mayor. Y en este tiempo, de aquí han salido unas 12 personas que se han dedicado al teatro de manera profesional”, dice Delgado.

Para ello, la escuela se organiza en tres grandes bloques: el de creación, que organiza obras de teatro como una compañía más; la escuela; y el bloque comunitario y social, que engloba a proyectos con la comunidad, a nivel de barrios, con colectivos concretos (salud mental, inmigrantes, refugiados…). A todos, en cualquier caso, se les aplica dos cuestiones fundamentales para la directora artística, sobre todo, en lo formativo, la calidad y la continuidad: “Son los pilares que siempre hemos considerado para que los proyectos funcionen. La escuela de teatro no es solo una actividad extraescolar; sin más. Sino que les ofrecemos la continuidad y el acompañamiento en la motivación para que se puedan formar de manera profesional”.

En una de las salas nos encontramos con uno de los grupos de adolescentes de la escuela. En seguida, sin mediar palabra con los profesores, vemos como la improvisación y la creatividad son un grado; de la misma manera, el liberarse de los ‘clichés’ y las convenciones sociales es, prácticamente, una obligación para poder expresar: “El arte siempre tiene que decir algo. Se trata de ofrecerles, desde bien pequeños, un espacio de expresión en libertad, donde no se sientan juzgados, donde puedan expresar con la palabra y el gesto”, dice uno de los ocho profesores de la escuela. “No solo cogemos textos, los estudiamos e interpretamos. Buscamos mucho la creatividad propia y una actitud muy activa. Huimos de convenciones sociales y establecidas. Se trata de romper barreras, que esa es la función del teatro: un canal de expresión y de liberación de muchos ‘clichés’ que nos cierran como sociedad”.

L’Hospitalet está viviendo por un momento de apuesta por la cultura con el ya célebre proyecto del Distrito Cultural, algo que Delgado valora positivamente, pero que no es suficiente: “Estamos buscando espacios culturales que antes no lo era, pero está en un proceso embrionario. Luego, se tendrá que decidir qué plan estratégico tiene todo eso. Ahí no hemos llegado. Un distrito cultural en el que no haya una preocupación por la participación ciudadana de base en actividades culturales, a la larga, es un fracaso. Se está empezando la casa por el tejado”.

Delgado reclama que los equipamientos culturales estén conectados con el desarrollo artístico de la ciudad: “Los centros culturales, por ejemplo, son poco frecuentados por artistas”. En este sentido, habla de muchas carencias en los equipamientos y reclama que el Gobierno local no solo haga promoción de la programación municipal, sino que, también, se pongan las bases y se facilite el desarrollo de actividades culturales, aunque sean alternativas.

Sensedrama Teatre, ya en tres municipios del Baix
Con la inauguración del teatro Nuria Espert de Sant Andreu de la Barca, en enero de 2010, y la remodelación del principio de la Avenida Constitución, la ciudad baixllobregatense ha ganado un nuevo espacio central para sus vecinos. Pero aún más. A nivel comarcal, el equipamiento cultural es de referencia para todos los municipios de su alrededor, que tienen la opción de ver propuestas profesionales de artes escénicas.

Ese mismo año que se inauguraba en Sant Andreu el teatro, en Torrelles se constituía la primera de las cuatro escuelas de la compañía Sensedrama Teatre, compañía residente en el Ateneu Torrellenc. Ahora, seis años después, la entidad ha dado el salto a los municipios que se han mostrado abiertos a colaborar, a través de sus entidades: Sant Andreu de la Barca y Begues, en el Baix, y Tiana, del Maresme.

“En Torrelles hay mucha actividad cultural para la dimensión del municipio. Con el Ateneu como entidad importante que aglutina a diferentes artes y que tiene un peso específico, como profesionales del sector, propusimos hacer una escuela y a partir de ahí nos hicimos compañía residente y, por tanto, hacemos los estrenos, ensayamos y tenemos el almacén”, explica Sílvia Molins, impulsora de la entidad junto a Franscesc Ollé, nacido en Torrelles.

Su política, en cambio, ha sido la de contar con diferentes grupos –todos reducidos entre 6 y 12 alumnos- en estos cuatro municipios, tres de ellos en el Baix. “Son las entidades las primeras interesadas en que haya vidilla en el municipio. Y no solo como espectadores, sino que participen. Nuestros alumnos son espectadores también y una cosa lleva a la otra”, explica en relación con este objetivo de incentivar el gusto por el teatro y el convertir la escuela en un trampolín de nuevos actores.

De la misma manera, en estos años se han encontrado con una buena fidelización por parte de los alumnos: “Repiten tres cuartas partes, quiere decir que les gusta, les engancha y se les mete el gusanillo”. En la estructura del curso de hacen ejercicios de expresión corporal, de voz, de improvisación, títeres, ‘clowns’ o el mundo del payaso, se hacen construcciones artísticas de algún cuento, por ejemplo, y al final de curso se hace un montaje que se interpreta con público.

Pero el teatro, más allá de ser una expresión cultural, aporta muchos beneficios para estos jóvenes lo que da sentido, aún más, a esta reivindicación de introducir en un mayor grado las artes escénicas en la docencia: “Como es un arte, se trabaja mucho la creatividad. No hay estructuras cerradas, tienes que crear tú y, por tanto, no hay dos ejercicios iguales. Pero, además, se trabaja que se expresen bien, delante del público, lo que les puede ayudar en futuras exposiciones con gente; la vergüenza, la timidez; aprenden a estructurarse y verán que cuando te preparas una cosa, funciona”, dice Ollé. “Aprenden a hacer mil cosas a la vez: donde estás colocado, como te mueves, el sentimiento que tienes que sacar”, apunta Molins. En este sentido, el trabajo de las emociones –algo olvidado en toda la estructura docente ordinaria- es fundamental: “Cómo identificarlas, saberlas utilizar y como expresarlas, sin miedo”.

Por ello, Molins y Ollé defienden la mayor presencia del teatro en la escuela: “Últimamente se está apretando para que esto ocurra. Hace unos años que se ha ido introduciendo, pero muy lentamente. Se tendría que haber aplicado más directamente. No solo hacer teatro en el colegio, sino enseñar a utilizar el cuerpo y la emoción en otras asignaturas. Esto se está haciendo en países nórdicos; y las asignaturas son troncales. Aquí hay mucho trabajo por hacer”. III

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