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Historias de la nada

Apuntes desde el subsuelo

Por Antonio Fornés
Al metafísico por excelencia del siglo XX, Martin Heidegger, se le ocurrió un día escribir esta críptica, inquietante frase: “El mundo mundea, la nada nadea.” Aún hoy día se discute si esta oscura sentencia es una muestra más de su genialidad o una boutade carente de significación real.

Curiosamente, al leer la entrevista que el mes pasado publicó nuestra revista al presidente de la Generalitat Carles Puigdemont, me vino a la cabeza esta famosa afirmación.

No es que un servidor esperara grandes cosas de la misma, pero algo más sin duda. Así sobre nuestra comarca, Puigdemont apenas aporta afirmaciones vagas como las de que “el Baix Llobregat tendrá más potencia en una Cataluña independiente”, sin que uno sepa qué quiere decir exactamente eso. Ah!, pero nos relaja afirmando que en la Arcadia de la independencia “el Baix Llobregat seguirá existiendo”. Así que ya podemos tranquilizarnos, no desapareceremos mágicamente de la faz de la tierra. La capacidad para la predicción del futuro de Carles me estremece…

Pero la entrevista nos regala más perlas acerca de la gran visión del personaje. Así, mostrándose sorprendentemente alineado con lo que ya es una afirmación clásica de todo conservador español, nuestro “president” se define como progresista y que “obviamente no es de derechas.” Esta mala conciencia de los políticos de derecha, sean de Burgos, de Cartagena o de Girona como en este caso, que les impele a negar su adscripción política me cautiva. Si se avergüenzan de ser de derechas, ¿por qué siguen siéndolo?, ¿por qué menosprecian a sus votantes? Vaya, en el caso de Puigdemont entiendo que su antinatural pacto, desde un punto de vista ideológico, con estos señores de la CUP que se dedican a “divertimentos” tales como guillotinar fotos del rey, le obliga a cubrirse un tanto sus “vergüenzas políticas”, pero vamos, por decirlo de un modo castizo: no cuela Carles. Sin embargo, intrépido y decidido, no se arredra en la entrevista y da un fascinante paso más al afirmar que la antigua Convergencia nunca fue un partido doctrinal.

La aseveración, o bien hay que tomarla como una confesión de culpabilidad (cuestión improbable…) o bien como una total revolución del pensamiento político, pues al parecer ¡Convergencia era un partido sin ideología! ¡Esto sí que es nuevo! Ahora entiendo los bandazos, los cambios de opinión y la incomprensible política de alianzas. En Convergencia todo era posible porque simplemente era un partido sin doctrina. La pregunta al respecto de qué era entonces casi mejor no formularla.

Con todo, dejo la joya de la entrevista para el final. Nuestro inefable “president” afirma convencido que no acepta ningún tipo de discriminación. Hasta aquí bien, claro, sólo faltaría que afirmase lo contrario, pero al desglosar la lista de posibles discriminaciones salta la sorpresa: “raza, religión, lengua, creencia futbolística y procedencia.” ¡Ahí es nada! Que cortos se quedaron los revolucionarios franceses con su libertad, igualdad y fraternidad, ¡por favor! No dijeron nada de las “creencias futbolísticas”, pero qué despiste imperdonable. He rebuscado incluso en la hasta ahora histórica “Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano” de 1789, y sorpréndanse, ¡tampoco se habla del fútbol! Gracias a Dios el ciudadano Puigdemont, con su ciencia política de “panem et circenses”, ha venido en rescate de tan mayúsculo olvido. Como seguidor del Espanyol, me quedo más tranquilo…
Escribo esto en tono sarcástico, pero deberíamos reflexionar seriamente al respecto, algo le pasa a este país cuando su principal representante iguala la cuestión de la raza o la religión con la “creencia futbolística…” Cuando uno repasa la entrevista del pasado número de “El Llobregat”, no encuentra más que vacío y banalidad. Independientemente de que uno esté de acuerdo con las propuestas y reflexiones del político de turno, debería esperarse que las mismas causasen, cuando menos, duda intelectual y necesidad de reflexión. Pero desgraciadamente, como la mayoría de los políticos de este país, Puigdemont milita en un partido que “mundea”, y él simplemente “nadea”. III

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