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Ángel Miñarro con sus dos canes adoptados.
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Ángel Miñarro con sus dos canes adoptados. (Foto: Cedida)

Los voluntarios de las protectoras compensan el olvido municipal

jueves 03 de octubre de 2019, 22:31h
Las perreras se enfrentan cada día a la crueldad del abandono y la desidia política. Abordamos dos casos con final feliz de perros con una segunda oportunidad.

  • Conan, el perro mezcla de Dogo argentino y Gran Danés, integrado perfectamente a su nuevo hogar.

En los últimos años han surgido diferentes iniciativas de vecinos que, de forma voluntaria y sin ánimo de lucro, han creado protectoras con las que poder ayudar a los animales abandonados. Estas protectoras responden a la poca o nula iniciativa de los ayuntamientos, que a veces optan por contratar empresas externas. A diferencia de las empresas, las protectoras no ganan dinero con la adopción de animales y sobreviven a partir de donaciones y la venta de artículos propios.

“A veces no podemos curar a un animal y lo tenemos que sacrificar porque no tenemos dinero para las operaciones”, explica Nerea Rodríguez, una de las encargadas de Proaniplan, protectora de Castelldefels especializada en gatos. No son pocos los obstáculos que enfrentan. Una de las grandes limitaciones de las protectoras es el dinero. Otra, la falta de concienciación de la gente respecto al cuidado de los animales.

Hablando con los voluntarios se escuchan muchísimas historias donde el comportamiento animal es precisamente el del ser humano. Para Rodríguez, se debería empezar por educar en el cuidado de los animales en los colegios. Una idea que comparte Oscar Rius, presidente de Huella Canina. “Falta mucho por hacer y por desgracia hay muy poca implicación de los ayuntamientos, que son los que tienen la verdadera responsabilidad sobre estos animales en la vía pública”, lamenta Rius.

Método CES
Las colonias de gatos callejeros son comunes en cualquier barrio, especialmente en aquellos en los que no hay ninguna protectora que trabaje para controlarlos. Y entran en conflicto con los vecinos. No son pocas las veces en las que un vecino envenena la comida de una colonia y al día siguiente aparecen decenas de felinos muertos.

Para que los gatos puedan vivir sin amenazas y los vecinos no vean afectado su bienestar, las asociaciones protectoras son clave. El método con el que trabajan es el CES: Captura, Esterilización y Suelta. Con esto se busca controlar las colonias de gatos, que no alteren el bienestar de los vecinos y no se perpetúen las colonias callejeras.

“Prefiero comprarlo”
Cuando un animal abandonado llega a una protectora suele ser sometido a un proceso de desparasitación, castración, es dado de alta en un censo y se le coloca un chip identificativo. El animal queda listo para ser adoptado, pero hay gente que al ver que tiene que pagar los costes veterinarios, prefiere comprar en lugar adoptar.

Comida, medicación y visitas al veterinario son gastos que tienen todas las protectoras, y a duras penas logran cubrirlos con donaciones. “La gente cree que las protectoras ganamos dinero, es una leyenda urbana que es mentira”, se queja Nerea Rodríguez.

El humano como animal cruel
Más de una vez, las protectoras se han encontrado con animales abandonados que tenían el chip de localización. Lamentablemente, al contactar con los dueños, estos han reafirmado su voluntad de dejarlo a su suerte. “Ya no lo quiero más”, es una de las respuestas comunes. “Tenemos la esperanza de que la gente cambie”, confiesa Rodríguez. Historias como las dos que se explican a continuación hacen pensar que tal vez es posible un futuro donde respetemos a los animales como se merecen.

El Ángel de Tana y Fura
Ángel Miñarro, vecino de L’Hospitalet, se define como “un amante de perros” y su historia es fiel prueba de ello. En enero de 2018, Ángel adoptó a Fura, una perra de ocho años de la raza bulldog francés que se encontraba en muy malas condiciones y apenas podía caminar. “Pasó por tres familias y no entiendo por qué, es buenísima”. Con el cariño y cuidado de Ángel, Fura se recuperó y hoy vive feliz con su dueño.

Teniendo ya un animal de compañía, y viviendo en un piso compartido con tres personas, Ángel recogió en agosto a Tana. La cachorra fue abandonada en un contenedor de basura. Por suerte, apareció su salvador. Historias como la de Ángel nos hacen pensar que, si bien hay ‘animales’ dispuestos a abandonar a sus perros, también hay gente buena dispuesta a rescatarlos.

Lauren y Conan
“Hace un año y medio decidimos adoptar un perro y empezamos el proceso de visita de refugios y perreras”, cuenta Lauren, vecino de Torrelles. En una visita al refugo municipal de Sant Boi (RMAC), Lauren conoce a Conan, un perro mezcla entre Dogo Argentino y Gran Danés.

Al ser un perro grande y fuerte, los cuidadores lo tenían apartado debido al peligro que podía suponer para el resto de los animales por su comportamiento agresivo. Conan necesitaba cariño y adiestramiento, y lo encontró con Lauren.“Los únicos conocimientos que tenía eran los capítulos de Cesár Millán, ‘El encantador de perros’, y cosas que leí días antes”, confiesa. “Era cuestión de darle cariño”. “Ahora es un perro super obediente, no tiene ningún problema”, agrega.

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