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Lecciones de esta pandemia

viernes 03 de abril de 2020, 11:32h

Toda la realidad, ya sea informativa o social, se circunscribe a la pandemia del coronavirus que tantos enfermos y difuntos está ocasionando en todo el mundo. Cada día se nos ofrece un “parte de guerra” del estado de propagación y consecuencias de índole sanitario y económico que conlleva. No seré yo quien tome este camino de cifras, previsiones y malestar informativo.

Mi reflexión, con vuestro permiso, quisiera dirigirla a otros aspectos que han puesto de manifiesto unas debilidades, hasta ahora maquilladas por la opulencia del avance tecnológico y la prepotencia auto contemplativa:

  1. a) La vida por más que nos cueste es un “don” recibido para administrarlo en función de unos valores que el mundo está olvidando, ya sea por su bienestar particular o por su egocentrismo ciego e insensible.
  2. b) La fragilidad, el sufrimiento, la precariedad humana no es una desgracia que hay que esconder o disfrazar. Deberíamos plantearnos esta realidad como una oportunidad para valorar y agradecer lo que hemos recibido. Esta pandemia ha sido un baño de realidad, en un mundo donde muchas personas lo han convertido en un espectáculo sin ningún criterio moral.
  3. c) Ahora se habla mucho de la gente mayor, de nuestros ancianos, de las víctimas que están muriendo en los geriátricos… De una población que hasta la fecha eran, en muchos casos, incómodos y anónimos. Nuestros ancianos con salud o sin salud se merecen todo nuestro reconocimiento por la sociedad que han construido y que nosotros gozamos.
  4. d) Esta pandemia está humillando al gran poder económico, a los oráculos de la auténtica felicidad, a aquellos que nos dirigen ideológicamente, a aquellos que excluyen grandes porciones de la población en beneficio de unos pocos, aquellos que silencian que cada año mueren 140.000 personas por el sarampión en África, sin poner cifras al hambre, las guerras u otras enfermedades. Un poder económico que se olvida de las personas en beneficio de sus intereses.
  5. e) En momentos de tanto dolor y frustración, surge lo mejor del ser humano: la solidaridad. Muchas personas, incluso poniendo en riesgo su salud, dedican lo mejor de sí mismos para que otros puedan sentirse acompañados y aliviados en su enfermedad o aislamiento.

Que este acontecimiento nos fortalezca en la verdad, nos haga crecer en humildad, nos edifique en la gratitud y, sobre todo, a no tener miedo a mirar la bondad de Dios que nos espera.

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