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Esplugues, nunca a la ligera
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Esplugues, nunca a la ligera

Dice el refrán que “en el tarro pequeño está la buena confitura” y no se equivoca, como casi nunca lo hace la sabiduría popular.

Un claro ejemplo de ello es Esplugues de Llobregat, el municipio más pequeño (en extensión) de la comarca del Baix Llobregat, pero llamado a hacer grandes cosas, a las que hay que sumar las que ya ha hecho. Una de ellas, aunque poco reconocida, es que puede atribuirse el mérito de ser la ciudad que más hizo desde el minuto 0 por el desarrollo, el despliegue y la implantación del Trambaix (que debe su nombre al ex alcalde de la ciudad, Antoni Pérez Garzón). Una gran conquista aunque el propósito original no fuera el tranvía (que antes de eso fue un ‘metro ligero’) sino lograr que el auténtico metro (L3) llegara a la plaza de Santa Magdalena –donde está la casa consistorial- desde la parada final en la Zona Universitària, pasando por el hospital de Sant Joan de Déu, a cuyos sótanos se acerca la cola de maniobra del túnel de la línea. Pero la reivindicación sigue vigente e incluso su futurible ejecución gana peso.

Han pasado más de 30 años de que aquella lucha de David contra Goliat que emprendió Esplugues para conseguir el metro (o en su defecto un tranvía que es el medio de transporte metropolitano mejor valorado por los usuarios) y la ciudad se vuelve a remangar para dar un salto cualitativo hacia delante: convertirse en un motor metropolitano, en el distrito por excelencia de Barcelona en el campo de la biotecnología y la biomedicina. Incluso de la inteligencia artificial. Desde hace más de dos años, la alcaldesa de Esplugues, Pilar Diaz, y su equipo buscan inversores para este proyecto con un mucho futuro por delante.

Y es que no solo la consultora urbanística especializada en innovación de reconocido prestigio internacional Aretian Urban Analytics and Design, ve en Esplugues muchas cualidades y muchas oportunidades. También cree en estas posibilidades el emergente bioclúster que lideran la propia ciudad, la vecina L’Hospitalet y la Smart Health Community, que aúne recursos y sinergias del sector de la investigación y la salud y que está considerado “un proyecto estratégico de país” por la propia Generalitat de Catalunya.
Las expectativas creadas por el proyecto son enormes. Solo hace falta fijarse en las previsiones de creación de empleo inherentes al proyecto para darse cuenta de su potencial: 10.000 puestos de trabajo en el campo de la biomedicina, otros 3.000 en el hub alimentario y de la innovación y 7.250 empleos más vinculados con el urbanismo sostenible.

Solo el Proyecto Porta Barcelona, que va a cambiar la fisonomía del acceso sur a Barcelona por la Diagonal (B-23) con sus dos torres rascacielos de 100 metros de altura (una hotel y la otra de oficinas), por sí mismo ya arroja números megalíticos: 90.000 metros cuadrados de techo (47.000 corresponderán a oficinas; 34.000 de usos hoteleros, 4.200 para implantación de comercios en planta baja y otros 4.500 de equipamiento público) y 18.000 metros cuadrados de zonas verdes, .una inversión de 250 millones de euros y 7.000 futuribles puestos de trabajo en el horizonte de 2026.

Otro punto a favor de la candidatura de Esplugues a motor metropolitano –y que seguro va a ayudar mucho para atraer inversión- acaba de anotárselo estos días el territorio con la firma del convenio que permitirá construir un nuevo Hospital Clínic en los terrenos que la Universitat de Barcelona (UB) tiene en la Diagonal, en el límite territorial con Esplugues. El pacto, suscrito por la Generalitat, los ayuntamientos de Barcelona, L’Hospitalet y la propia Esplugues, el Consorci Hospital Clínic y la Diputació de Barcelona, entre otros, nace como “una de las operaciones urbanísticas más importantes de los próximos años en Cataluña”, como ha ratificado el conseller de Salut, Manel Balcells.

Parece que los vientos soplan otra vez a favor de Esplugues, que lleva una década maquinando dar este paso decisivo tan estratégico y que parece tan bien encaminado. Los éxitos anteriores le preceden. No olvidemos que en 1990 la ciudad ya logró otro desvincularse de la comarca del Barcelonès (cuando parecía que lo mejor era ir de la mano de Barcelona, como defendían la mayoría de actores sociales de la época) para integrarse junto con Sant Just Desvern en la del Baix Llobregat. Dicen que el que la sigue, la consigue. Y Esplugues ha demostrado que cuando le pone empeño, alcanza la meta. Pero como de la experiencia (y de los errores) también se aprende hay que moverse con pies de plomo y sin dar nada por ganado de antemano. Esplugues no puede ni debe levantar el pie del acelerador, no puede permitir otra vez que su sueño del metro (en este caso su distrito biotecnológico) se devalúe a metro ligero y luego a tranvía. Hay que ir a por todas. No faltan mimbres. III

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