Afecta a más de 180 millones de mujeres en el mundo, tarda hasta diez años en diagnosticarse y, durante décadas, su tratamiento principal ha sido el quirófano. La endometriosis es una enfermedad que padecen el 10% de las mujeres en edad reproductiva, en la que el tejido que recubre el útero crece fuera de él. Provoca dolor intenso -especialmente durante la menstruación-, infertilidad y un deterioro notable de la calidad de vida. De hecho, uno de los relatos más frecuentes en la consulta de la doctora Amparo García-Tejedor en el Hospital Universitario de Bellvitge (HUB), es la incapacidad de muchas de sus pacientes para realizar actividades diarias durante el ciclo menstrual.
Lo explica Alba Busto, de 23 años y diagnosticada con endometriosis hace dos años: “Siempre he sentido fuertes dolores durante la menstruación, pero fue hace un par de años cuando me lo diagnosticaron”. Alba descubrió que padecía la enfermedad un día corriente, en el trabajo. “Estaba trabajando y el dolor empezó a intensificarse; cada vez sentía más dolor y empecé a sentir temblores. Mi jefe me vio y me dijo que me fuera a casa directamente”, explica. Esa misma tarde, Alba fue al Hospital de Sant Joan de Déu en Sant Boi de Llobregat, donde la trataron y le diagnosticaron la enfermedad. “Me hicieron una ecografía, y en la pantalla vi algo raro: era un quiste. En aquel momento no lo sabía; solo veía una especie de mancha. Después de varias preguntas rutinarias, los médicos me dijeron que era muy posible que el fuerte dolor que sentía fuese causado por la endometriosis”, detalla.
Años con un dolor incomprendido
Alba había pasado años con un dolor intenso que no comprendía; lo habitual era asumir que la regla tenía que doler. Y es que una de los retos que presenta la endometriosis es su difícil diagnóstico, ya que los síntomas se confunden con otras patologías. Además, el dolor menstrual sigue estando socialmente normalizado como algo que las mujeres deben experimentar, explica la doctora García-Tejedor. De hecho, según detalla la doctora, “a veces se tarda entre cinco y diez años en encontrar un diagnóstico claro”. Los retrasos en los análisis médicos también se atribuyen a la dificultad para visibilizar los quistes pequeños en las pacientes, que no son visibles en imagen si no superan los cinco milímetros, asegura García-Tejedor.

La endometriosis es un símbolo de las desigualdades históricas que ha sufrido la mujer en el ámbito de la ciencia. Durante décadas, el dolor menstrual ha sido minimizado o ignorado como síntoma clínico relevante. El retraso diagnóstico de entre cinco y diez años que siguen sufriendo muchas pacientes es, en parte, herencia de esa historia. Y los pequeños avances que se establecen en el sector de la medicina y la investigación a menudo dependen de la “motivación” personal de los profesionales, explica García-Tejedor.
Fue precisamente este el aliciente que empujó al equipo de Bellvitge a avanzar en la investigación de la enfermedad. Así, hoy, un grupo de especialistas liderado por la Dra. García-Tejedor en el Hospital de Bellvitge propone una alternativa que evita el tratamiento quirúrgico de la enfermedad.
Años de perfeccionamiento
El equipo de Bellvitge lleva años perfeccionando un nuevo procedimiento, que consiste en pinchar el endometrioma (el quiste benigno que explica la endometriosis y que las pacientes, como Alba, tienen). El médico, guiándose por ecografía, aspira el contenido del quiste y aplica alcohol para destruir las células que lo generan. “Todo ello en unos 30 minutos, de forma ambulatoria y sin anestesia general”, explica la doctora. Una metodología que permite evitar tratamientos más invasivos y con más complicaciones, como el quirúrgico, continúa la ginecóloga.
La técnica que propone Bellvitge puede evitar aproximadamente el 80% de las cirugías por endometriosis ovárica y resulta cinco veces más económica que la laparoscopia, la intervención quirúrgica de referencia hasta ahora. Así, con el nuevo tratamiento de punzado, pacientes como Alba podrían evitar pasar por el quirófano y optar por una alternativa menos invasiva si la situación lo requiriese. De hecho, ella explica que los médicos que trataron su caso le advirtieron de que, en el futuro, podría ser necesario plantearse la intervención quirúrgica. Especialmente si la enfermedad evolucionaba y le impedía llevar una vida normal. “Por ahora no era imprescindible, pero seguía sobre la mesa como opción si el dolor se intensificaba”, detalla.
Observación clínica cotidiana
Esta historia no empieza en un laboratorio bien financiado ni en el seno de un proyecto europeo. Empieza en la observación clínica cotidiana y en las horas que el equipo de Bellvitge dedicó fuera de su jornada laboral. “Nosotros empezamos a ver quistes simples de pacientes cuando hacíamos esta técnica -parecida a la que se hacía en tiroides o en hígado- y funcionaba. Entonces pensamos que igual los endometriomas también se podrían beneficiar”, explica García-Tejedor.
Los buenos resultados del primer ensayo catapultaron la investigación hacia la siguiente fase: la obtención de una beca del Fondo de Investigación Sanitaria (FIS) del Instituto de Salud Carlos III. “Lo único que estas becas ofrecen es el seguro y la monitorización, y poca cosa más. Pero al menos tenemos este apoyo para poder seguir”, destaca García-Tejedor. Y de este impulso nació el estudio ESCOMA, que comparará la evolución de 288 mujeres de entre 18 y 40 años reclutadas en varios hospitales de España, empezando por Bellvitge.
Preservación de la función ovárica
Uno de los aspectos más destacados de la nueva línea de investigación tiene que ver con el enfoque en la preservación de la función ovárica. El tratamiento quirúrgico de la endometriosis ha sido cuestionado precisamente por el daño que puede causar al tejido ovárico sano, ya que cada intervención implica un riesgo en la preservación de óvulos de la paciente. Así, el estudio analizará dos grupos, mujeres con endometriosis que reciben la punción ecoguiada con alcohol frente a las que únicamente reciben tratamiento médico o se mantienen en observación. El seguimiento de ambos grupos permitirá evaluar el dolor, la calidad de vida, los folículos ováricos, la fertilidad y las tasas de embarazo de las pacientes.
Además, la investigación pretende dar respuesta a uno de los principales desafíos asociados a la enfermedad. Cerca del 40% de las mujeres con endometriosis presentan problemas de fertilidad y, hasta ahora, las opciones terapéuticas han sido muy limitadas. “No se hace nada para las pacientes con endometriomas que quieren quedarse embarazadas: simplemente se observa para no comprometer la reserva ovárica. Con la punción creemos que podremos evitar que el quiste se complique e incluso mejorar la fertilidad”, explica García-Tejedor.
Una esperanza tangible
Pacientes como Alba encuentran en este nuevo hallazgo una esperanza tangible para afrontar una enfermedad que durante años ha permanecido invisibilizada. El estudio ESCOMA aspira a aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida de las mujeres con endometriosis, además de abrir una nueva vía para preservar su fertilidad sin comprometer la función ovárica. Este avance podría marcar un antes y un después en el abordaje de la patología que, pese a su impacto, ha permanecido durante mucho tiempo relegada a un segundo plano. III
Video cedido por Anabel Castillo,Genís Miquel y Nour Assaf.