El domingo 5 de julio, LA VANGUARDIA publicó una encuesta electoral que confirma la impresión que muchos percibimos como un futuro irremediable: las próximas elecciones generales desembocarán en un gobierno de derechas (PP y Vox), con mayoría absoluta. El PSOE, verá reducido su número de diputados (a poco más de 100); los partidos a la izquierda de los socialistas, se hunden y los nacionalistas no suben. En definitiva, el PSOE, se queda sin apoyos que le permitan renovar una alternativa progresista.
El gobierno de “las izquierdas”, la “izquierda plural”, seguirá siendo una quimera elogiada por opinadores mediáticos, pero como opción de gobierno, se esfumará con la presidencia de Pedro Sanchez.
Tras la pérdida del gobierno, los socialistas van a tener muchos años por delante para rectificar la deriva estratégica que iniciaron en 2004 con la presidencia de Zapatero y que consumó Pedro Sanchez.
A partir de 2004, el PSOE renunció al concepto de “vocación mayoritaria”, con tal de conseguir a corto plazo, la presidencia de gobierno; Zapatero y Sanchez, aceptaron pactar con quienes les respaldasen (siempre que sus votos fuesen necesarios). Se justificó esa política de alianzas en base al concepto de “las izquierdas”; según se dijo, algo positivo que dejaba atrás el bipartidismo surgido del “Régimen de la Transición”; así, el PSOE dejaba de ser el “monarca”, para convertirse en el “primus inter pares” del progresismo. Es decir, involución de la Edad Moderna a la Edad Media.
Durante estos veinte años, ocasionalmente Felipe Gonzalez (también algún que otro dirigente histórico), alertaron: “aun sumando, no siempre se debe gobernar; el PSOE no ha de renunciar a su vocación mayoritaria”.
¿Qué querían decir los viejos del lugar, cuando hablaban de “vocación mayoritaria”?.
Se referían al objetivo del PSOE de los años setenta: representar a una amplia mayoría transversal de la sociedad española y no limitarse a nichos electorales, radicalizados, minoritarios o frentistas. “Vocación mayoritaria” es un concepto acuñado por los socialistas españoles que protagonizaron la transición y que convirtieron en doctrina partidaria en los años ochenta; aprendieron de la Historia, de las experiencias europeas entre 1945 y 1975: en Francia e Italia, los respectivos partidos socialistas tras la Segunda Guerra Mundial, decidieron pactar con el magma de formaciones radicales que estaban a su izquierda: comunistas en sus diferentes fracciones, caracterizados por luchas intestinas, abundancia de dirigentes y escasez de electores; los partidos socialistas mediterráneos renunciaron a disputar el espacio político a los radicales de izquierda y optaron por ayudarse de esas fuerza políticas a cambio de asegurarles cuotas de representación; sí, consiguieron formar gobiernos; pocos e inestables, pero algunos consiguieron … así, hasta llegar a la decadencia absoluta: el PSI se disolvió en 1994, tras la fuga a Túnez de su Presidente y Primer Ministro Bettino Craxi, eludiendo la acción de la justicia italiana; y el PSF, sin desaparecer, hace años que es marginal en la política francesa (no pasó del 1,75% de los votos en las presidenciales de 2022).
Mientras, en Alemania los socialdemócratas del SPD, trabajaban en sentido contrario: achicando el espacio electoral a su izquierda (verdes y partido comunista); lo consiguieron y les propició trece años de gobiernos estables y políticas sociales ( Willy Brandt y Helmut Schmidt, de 1969 a 1982). Afianzaron un SPD sólido, creíble, tanto para gobernar como para ser la alternativa indiscutida desde la oposición. El SPD, fue el modelo a seguir: un partido con vocación mayoritaria; centrado en el sentido común de la mayoría de los electores; sin estridencias.
El final de etapa del gobierno de Pedro Sanchez será especialmente doloroso: a una mayoría parlamentaria ineficiente (lastrada por la letanía de Junts), se suma un cúmulo de causas judiciales. Cierto es que las altas instancias judiciales españolas, son conservadoras y no disimulan sus prejuicios; pero es que además les toca sentenciar causas dificiles de defender, groseras, que afectan a personas muy relacionadas con la presidencia del gobierno; los dos factores auguran un muy mal final.
La historia del PSOE, dista mucho de la de sus homónimos franceses e italianos. La historia del partido socialista español le aporta una resiliencia muy superior. No obstante en 2027 tendrá que iniciar una renovación profunda, y repensar estrategias con la mirada puesta en el largo plazo. Al PSOE le toca ir al rincón de pensar.
Las circunstancias históricas han llevado a que el PSC sea la excepción en el panorama del socialismo español. Los partidos independentistas dejaron solo al PSC, ofertando “vocación mayoritaria”: unir y servir. Y el éxito acompañó la oferta. (Pero esto ya es harina de otro costal; otro día lo comentaré).