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Gisela Navarro: “Durante la crisis económica la unica cosa que podía hacer para no llorar era dibujar”
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Gisela Navarro: “Durante la crisis económica la unica cosa que podía hacer para no llorar era dibujar”

Por Marina Sánchez Tabuenca
sábado 07 de febrero de 2026, 09:00h

Gisela Navarro Fuster (Viladecans, 1977), también conocida como Giselfust, es la ilustradora de más de treinta títulos entre los que destacan ‘Ana de Tejas Verdes’, ‘Mujercitas’ y ‘El maravilloso Mago de Oz’, y acaba de publicar su primera biografía ilustrada escrita por ella: ‘Brillantes y olvidadas. Las mujeres del 27’. Además de referente artística, es diputada por el PSC en el Parlament de Catalunya, un detalle que hasta esta entrevista con ‘El Llobregat’ nunca había revelado.

Cuesta imaginar dos mundos que estén más en las antípodas que la ilustración y la política. El silencio frente a la réplica. La introspección frente a la confrontación. O eso es lo que parece. Como Gisela Navarro explica tan bien, la política en esencia se basa en el consenso, en la negociación, en el reconocimiento del contrario. Para mejorar la vida de las personas entró en la política y para entenderlas, empezó a dibujar. Aunque ella aún no lo supiera.

Eres Gisela Navarro Fuster y eres Giselfust, ¿en qué se diferencian?
No se diferencian en nada, solamente necesito tener espacios diferentes para concentrarme y saber qué represento en cada momento. Pero mi forma de ser, mis pensamientos y, sobre todo, mis sentimientos son los mismos.

¿Cuándo empiezas a dibujar?
Desde que tengo uso de razón, lo que más me gusta en el mundo es dibujar. Es con lo que encuentro la concentración, el alivio, lo que me permite analizar mis sentimientos cuando estoy muy nerviosa. Dibujar para mí es como respirar, creo que he dibujado casi todos los días en mi vida, independiente de mi actividad laboral.

Estudiaste Bellas Artes pese a que muchos profesores te animaran a no hacerlo porque “no tenía salidas”. ¿En algún momento te planteaste eso a la hora de escoger la carrera?
No, nunca. Cuando tienes una inquietud tan grande por algo, luchar contra eso me parece muy tonto. Cuando eres pequeña y dibujas muy bien, o cuando haces algo que sale un poco de la norma, la gente te mira como un bicho raro, pero también te alaba. Yo solo quería ser artista, no quería hacer nada más, me interesaban muchas cosas, pero no había nada que me conmoviera tanto como dibujar. No sabía a qué me iba a dedicar en la vida y de alguna manera no me preocupaba, no sé por qué. Si volviera a nacer diez veces, las diez veces volvería a estudiar Bellas Artes.
Cuando entré en la carrera, en el 96, la ilustración no era una profesión como tal, lo que estaba de moda a nivel visual eran las fotografías. Y yo pensé que tenía que enfocarme en la pintura o la escultura, en un arte mayor, no en dibujar. Luego me especialicé en imagen.

¿Y cómo llegas a la ilustración de forma profesional?
Yo empecé en política muy joven, con 24, como concejal en Viladecans, y compatibilizaba mi cargo con ser profesora de secundaria, así que solo dibujaba para mí, en mi casa. Es como que yo iba alejándome de dibujar, porque no lo consideraba una profesión, pero el dibujo me iba persiguiendo a mí. Más tarde, durante la crisis económica tan grande que hubo, en 2010, yo era concejal, entre otras cosas, de Servicios Sociales y fue muy angustioso gestionar una ciudad donde la gente se estaba quedando sin trabajo y teníamos que activar ayudas de todo tipo para que no perdieran su hogar. Emotivamente, fue muy duro y, cuando llegaba a casa, la única cosa que podía hacer para no estar llorando era dibujar. Y empecé a enseñarlo en Instagram, incluso con frases un poco de autoayuda, y muy poco a poco empecé a tener bastantes seguidores, empecé a tener peticiones de alguna editorial y algunos encargos sencillos de particulares. Me presenté al Flic Festival d’Il·lustració en Barcelona, gané el primer premio del público y empecé a tener mucho más feedback, así que me apunté a hacer el posgrado de ilustración, y desde entonces me dedico de manera profesional a ilustrar. Empecé a tener muchos encargos, un par de agencias de representación me contactaron y firmé con mi representante actual.

Hace poco publicaste un libro sobre la vida de Maruja Mallo “Brillantes y Olvidadas. Las Mujeres del 27” en el que además de dibujar, también escribes por primera vez. ¿Se puede escribir a partir del dibujo?
Sí, lo hice en mi libro. Ese libro lo hice porque me llamaba muchísimo la atención la figura de Maruja Mallo, la conocí a partir de ver un documental y me parecía increíble que fuera una de las pintoras más influyentes de del siglo XX y casi nadie la conociera, o que a mí en mi propia carrera nunca me lo hubieran explicado. Empecé a investigar y tuve muy claro que quería ilustrar su vida. Mi agente concertó una entrevista con la editora de Lunwerg para hacer el proyecto, y me puso como condición que yo lo escribiese, además de ilustrarlo. Les dije que sí con un solo requisito: que fuese sincera con la calidad que tenía el texto y, si no era lo suficientemente bueno, buscar un plan B. Le gustaron los dos primeros capítulos que escribí y estoy contentísima con el proceso de creación, lo disfruté muchísimo porque lo hice desde el disfrute más grande, exprimí cada segundo en hacerlo, todo fluyó. Y el libro está yendo muy bien, ha sido como un regalo de la vida. No sé si me volverá a pasar, pero solo tengo palabras de agradecimiento al cosmos, a los planetas o a quien sea por poder haberlo hecho.

Cuando empiezas a tener un nombre en el mundo de la ilustración, te llegan muchos proyectos. ¿Cómo discriminas los que sí y los que no?
Yo al principio decía que sí a casi todo porque me sentía tan agradecida de que me llegaran proyectos… Luego me he dado cuenta, haciendo mucho trabajo personal, de que había proyectos en los que dibujaba por dibujar, no disfrutaba realmente. Yo tengo dos trabajos: soy diputada en el Parlamento e ilustradora, por lo tanto, no necesito dibujar por dinero, tengo un trabajo que me sostiene y tengo la capacidad y la libertad de poder elegir si me gusta un proyecto. Y ese punto de saber decir que no es lo que he aprendido estos últimos dos años, quedarme solo con aquellos proyectos que me motivan, que me emocionan, que aportan algo a mi día a día. Ahora sí que elijo muy, muy a la carta, y a veces tengo que decir que no por tiempo. Tengo un amigo que me dijo una frase que me encantó: “los artistas cuando empezáis a tener un nombre, tenéis que olvidar el I+D y producir” y es verdad, cuando te dedicas profesionalmente a esto no puedes dibujar por dibujar, que es cuando tú exploras, tienes que dibujar los encargos que te hacen. Y aunque me encante dibujar, sí que se convierte en una obligación, esa es la cara y la cruz de ser profesional. Pero luego también tienes una gratificación: un libro precioso, firmas en Sant Jordi a gente encantadora que quiere el libro. Y un libro te lleva a otro, y vas elevando tu trabajo.

¿La inspiración existe?
Yo creo que no existe. Decía Picasso “que la inspiración te encuentre trabajando” y es verdad: cuanto más dibujas y más trabajas, más fácil es inspirarte porque creas un código interno. Lo que sí existe para mí es cómo te encuentras en ese momento, tu estado emocional, para poder dibujar. Si estoy muy angustiada, mi estado de ánimo no me permite dibujar según qué cosas y cuando estoy muy contenta tampoco me permite dibujar según qué otras porque, para mí, dibujar es canalizar lo que siento, exteriorizarlo. Eso sí que lo vinculo en cierta manera con la inspiración.

¿Y por qué entras en política?
Yo entro política porque, aunque en mi familia nadie se ha dedicado a esto, mi madre siempre ha estado muy implicada a nivel ciudadano, estaba en todas las entidades que podía. Y yo aprendí a ser como ella, seguí esa forma de vivir porque era la que yo conocía en casa. Fui de diferentes asociaciones, como la de estudiantes, y eso me hizo vivir la ciudad desde un punto de vista más crítico, para bien y para mal, un punto de vista activo. Tenía postura política, criterio y en uno de los procesos participativos de mi ciudad a los que fui como joven a reivindicar, gente del PSC de Viladecans me llamó y me propuso entrar en política. Lo hablé con mi familia y decidí probar.
Hay cosas del mundo que me sublevan y no me gustan y sé que no las puedo cambiar yo sola pero la unión de mucha gente sí que puede cambiar cosas y los mini cambios pueden generar la tendencia del cambio. Yo pensé que, siendo una persona reivindicativa, iba a ser más útil construyendo que quejándome por las esquinas. Enseguida fui concejal, al principio de Juventud e Igualdad en mi ciudad, y eso me ha permitido ver muchas cosas y aprender mucho, y la verdad es que me encanta.

Supongo que la mayoría entra en política justamente para mejorar las cosas, pero, desde fuera, la clase política es percibida como distante respecto a la realidad de las personas.
Yo creo que la clase política es una representación de la sociedad. Los políticos no somos diferentes a la gente de la calle. Cuando pensamos en políticos, pensamos en los tres o cuatro que salen por la tele, pero políticos son mucha gente de diferentes niveles, somos una representación de la calle. Es verdad que hoy en día la sociedad está más polarizada que antes y eres de blanco o de negro, eso lo que hace es posicionarte en un bando y creer que el bando contrario no tiene la razón y que es poco menos que escoria. Eso sí que es peligroso, pero eso no está solo en la clase política, está en la sociedad también y ahora se ha intensificado mucho porque las redes sociales. A mí lo que me preocupa de esto es precisamente la pérdida del espíritu crítico de la sociedad, porque si vemos a alguien por TikTok y no tenemos la capacidad crítica al menos para intentar averiguar si lo que está diciendo es verdad o no, lo hemos perdido todo.

Hace poco hiciste un discurso en el Parlament reivindicando el Baix Llobregat y el uso del catalán. ¿Cómo es la situación lingüística actual del catalán y qué estáis haciendo para preservar la lengua?
El uso del catalán en Catalunya es bueno y ha ido subiendo, no es verdad que sea peor, lo que ha descendido mucho es el uso social del catalán. En las instituciones se ha garantizado siempre que la lengua oficial sea al catalán, pero lo que pasa en educación es muy ilustrativo: los niños en clase hablan catalán y cuando salen al patio hablan en castellano, entonces ¿qué pasa? Aquí hay una mezcla de factores y lo que no podemos hacer son lecturas superfluas.
Primero, la evolución de las lenguas existe. También, las redes sociales forman parte de nuestra vida durante muchas horas al día y el idioma mayoritario ahí es el castellano y el inglés, ahora los jóvenes usan muchas más palabras anglosajonas que antes. Además, a veces, cuando tú institucionalizas mucho la lengua o cuando le das un valor político, también hay una reivindicación ante el uso de la lengua si tú no comulgas con esas ideas.
El día que hice aquel discurso era en relación con la encuesta anual que se hace del uso del catalán, en la que salió que la peor comarca era el Baix Llobregat. Y mi reivindicación era que, aunque tenemos que trabajar en el Baix Llobregat, lo heroico es hablar en catalán cuando tus padres y tus abuelos hablan castellano, y eso es lo que hace la gente de esta comarca, por lo tanto, un respeto a la gente que cambia su idioma. ¿Qué valor tiene hablar en catalán cuando tus padres y tus abuelos lo hacen? No es ninguna heroicidad, es tu naturaleza. En cambio, tomar la decisión de cambiar la lengua de tu familia, haciendo una apuesta social por el catalán, para protegerlo y cuidarlo, me parece digno de admiración, y es lo que hacen muchas familias del Baix Llobregat. III

“El debate interno en un partido genera buenos caminos”
Siendo ilustradora y diputada, ¿alguna vez te has sentido juzgada por el colectivo político por haber estudiado una carrera artística?
Nunca me he sentido juzgada ni en una dirección ni en otra, porque para juzgar y herir a alguien, ese alguien se tiene que poder sentir herido y juzgado, y yo no me siento así. Estoy orgullosa de ser una persona implicada políticamente y de luchar por mejorar la vida de los que me rodean y la mía propia. Y orgullosa de tener una mirada creativa y artística, porque esos son mis ojos. No entiendo la vida sin dibujar, igual que respiro, dibujo. Es un acto biológico para mí. Saber y querer saber de arte es querer saber cómo los seres humanos entienden su propia existencia.

¿Se puede ser crítica con el partido al que perteneces?

Por supuesto. Yo he sido muy crítica dentro de mi partido y por eso soy militante, porque pienso que se construye desde las diferentes formas de ver las cosas y el debate interno del partido luego genera buenos caminos. Es verdad que en algún momento he tenido la etiqueta de ser muy batalladora pero lo que soy es muy disciplinada, tengo muy clara la lealtad del consenso. Yo intentaré convencerte de mi idea, pero si al final no te convenzo y llegamos al punto medio, el punto medio para mí será el válido y saldré a defenderlo, y dentro de la organización eso se valora mucho.
Con el tiempo he aprendido que yo no tengo la verdad absoluta, cuando eres más joven piensas que tu idea es la única buena y con el tiempo vas entendiendo que eso no es así. Ahora valoro mucho la conversación, llegar a un punto medio, por eso me gusta tanto la negociación. Admiro a mucha gente de otros partidos y he aprendido a entenderles, aunque no esté de acuerdo..
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