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Contra el plástico de un solo uso

Por Fernando Martín
Vivimos rodeados de plástico y nada indica aparentemente que la situación vaya a mejorar a corto plazo.

El uso indiscriminado del plástico se produjo a partir de la década de los sesenta, y su producción ha ido aumentando de forma exponencial. De esta manera, el plástico se ha convertido en la gran amenaza para el medio ambiente y para nuestra salud.
Las medidas adoptadas por la Unión Europea prohibiendo los plásticos de un solo uso para 2021 van encaminadas en la buena dirección. Además, el acuerdo pretende reforzar el principio de que quien contamina paga, y establece el objeto de recoger el 90% de botellas de plástico para 2029, y el etiquetado obligatorio del impacto ambiental de residuos que contienen plásticos.

La Directiva de plásticos de un solo uso es un buen paso para avanzar hacia la reducción de productos desechables que consumimos y la contaminación por plásticos. No obstante, la directiva no aborda en su integridad la urgencia de la crisis de producción masiva a la que nos enfrentamos. Existe el riesgo de que los productores de plástico no tengan que asumir ninguna responsabilidad de reducción cuando se apliquen estas medidas.

La lucha contra los plásticos cuenta cada vez con más adeptos entre los consumidores, quienes se muestran más concienciados del grave problema que representa tanto para las personas como para la biodiversidad.

Se estima que cada año acaban en los océanos alrededor de ocho millones de toneladas de plástico, lo que supone una grave amenaza para la vida marina.

Asimismo, su producción representa un considerable gasto de energía y contaminación, dado que a nivel mundial se recicla menos del cincuenta por ciento, debido a los costes de recogida, selección y procesamiento.

Para resolver este acuciante problema se precisa del compromiso y la responsabilidad personal de todos los ciudadanos. Así, la sociedad debe considerar y replantearse la manera en la que se produce y, por otra parte, los consumidores debemos modificar los hábitos de usar y tirar, eligiendo la reutilización como sistema más eficaz para reducir la huella plástica.

Además, las Administraciones públicas deben aplicar políticas que permitan el cambio de los hábitos de producción y consumo, comprobando su cumplimiento.

En cuanto a las empresas, cada vez se adhieren en mayor proporción a su acción más respetuosa con el medio ambiente y a reducir la producción de plásticos. Se trata en definitiva de establecer un nuevo modelo de economía circular, a través del cual se planifique la fabricación de productos de manera más sostenible, sustituyendo los plásticos de un solo uso por otros materiales. III

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