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La verdad os hará libres (Jn 8,31)

Por Mossèn Pere Rovira
domingo 05 de diciembre de 2021, 11:02h

En la Sociedad están sucediendo grandes transformaciones, en ocasiones excesivamente rápidas y sin perspectiva en las consecuencias que acarreará en el futuro.

El problema no es tanto los cambios como en lo que hemos de cambiar.
Se ha introducido la cultura de cambiar por cambiar, es decir, las propuestas de cambio se basan más en la ideología que en la necesidad, más en la improvisación que en la reflexión dialogada y consensuada, más en el ímpetu radical que en la paciente toma de decisiones,… De este modo, la transformación se dirige en una única dirección: se impone el bien particular (del partido que gobierne) al “Bien común”.
Todo aquel que se atreve a contradecirlos se convierte de inmediato en un enemigo del progreso, de un involucionista, en un “carca” fundamentalista. Lo políticamente correcto se ha establecido como un filtro insalvable. Tenemos muchos ejemplos que así lo certifican: la concepción de género en la naturaleza humana y todo lo que comporta; las leyes contra la vida de los más inocentes y desprotegidos (aborto y eutanasia); la forma de educar a los hijos impuesta desde el Estado, reduciendo la responsabilidad de los padres; una concepción distorsionada de la familia reduciéndola a la visión de ciertos “lobbies” de influencia, …
Un posicionamiento contrario a los postulados de “lo políticamente correcto” conlleva un cierto enfrentamiento a la modernidad que nos quieren imponen. Nos convertimos en personas ancladas en el pasado sin ánimos de progresar. Yo me pregunto: ¿estos postulados ideológicos, que nos presentan como inmejorables, nos hacen más felices? ¿Podemos afirmar que el avance de esta ingeniería social (leyes) hace al ser humano vivir en paz consigo mismo y con los demás? Al final todo se reduce a la gran pregunta: ¿Quién soy yo? La respuesta no la encontraremos en las ideologías de moda, ni en las leyes identitarias, ni en las culturas impuestas; sólo en un mirada introspectiva y valiente alcanzaremos un cierto acercamiento. Lo “políticamente correcto” es una dictadura que nos impone un criterio que anula nuestra autodeterminación personal. De esta forma pretenden convertirnos en piezas de su tablero, sólo somos importantes cuando está en juego el “voto” puntual.
Todo aquel que no se mueva en su dirección se convierte en “sospechoso”; toda aquella institución que eduque en una actitud crítica y propia debe ser abolida o reducida a la mínima expresión. III

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