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La Fira Avícola de El Prat esquiva la gripe aviar y ultima una edición más sostenible y gastronómica
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La Fira Avícola de El Prat esquiva la gripe aviar y ultima una edición más sostenible y gastronómica

miércoles 26 de noviembre de 2025, 19:57h

Hasta hace prácticamente unas horas, la histórica Fira Avícola de El Prat parecía condenada a abrir sus puertas este próximo viernes sin su gran estrella: el Pota Blava. El confinamiento decretado como consecuencia de la epidemia de gripe aviar que asola España había puesto en jaque a toda la feria, generando dudas sobre si las jaulas llegarían a llenarse de las singulares aves locales o se quedarían vacías. Pero al final, y para suerte de organizadores, expositores y visitantes, entre permisos excepcionales y pruebas sanitarias negativas, la tradición se ha impuesto: la feria abre este fin de semana con sus Pota Blava en primera fila, con su espíritu intácto, y ofreciendo una oferta gastronómica sin parangón. Y todo con el novísimo sello Biosphere y su espíritu intactos.

Hasta hace apenas prácticamente unas horas, en El Prat de Llobregat se ha vivido con un nudo en el estómago. La Fira Avícola, uno de los acontecimientos más queridos de la ciudad, estaba en el aire, o al menos todo lo relacionado con su gran protagonista: los pollos y capones Pota Blava. Y —aunque el gran evento pratense es mucho más que una exposición de gallinas y gallos— su éxito y su singularidad dependen en buena parte de poder mostrar sus ejemplares en vivo. Pero el avance de la gripe aviar en distintos puntos del país y las medidas de prevención adoptadas por las diferentes administraciones hacían temer lo peor: que las jaulas del Pota Blava, símbolo del municipio y orgullo del Delta del Llobregat, tuvieran que quedarse vacías por primera vez en décadas como medida preventiva contra la epidemia.

Y todo porque la normativa de prevención que se ha establecido en todo el territorio nacional para frenar los brotes de la influenza aviar limita el movimiento y la exposición de aves vivas en ferias. De hecho, varios certámenes similares al de El Prat previstos en otros enclaves de España han sido suspendidos o duramente restringidos. Pero al final este miércoles se ha obrado el milagro: mientras los organizadores del certamen pretense ultimaban el montaje con cierta congoja interna, la feria ha conseguido una autorización excepcional de la Generalitat para exhibir los gallineros locales. Las pruebas sanitarias realizadas por el propio Ayuntamiento a las granjas han dado negativo y el Govern ha avalado que los Pota Blava puedan exhibirse con normalidad y como marcan los cánones y la tradición.

Confinamiento total por decreto

Lograrlo no ha sido fácil. El Gobierno de España decretó el pasado 11 el confinamiento total de todas explotaciones avícolas para la prevención y control del contagio por influenza aviar, tal y como se publicó en el Boletín Oficial del Estado (BOE) dos días después. Específicamente, el texto recogía que quedada completamente “prohibida la presencia de aves de corral u otro tipo de aves cautivas en los centros de concentración de animales incluyendo los certámenes ganaderos, muestras, exhibiciones y celebraciones culturales”. No obstante, abría una salvedad, una puerta trasera: “La autoridad competente en materia de sanidad animal de la comunidad autónoma (en este caso la Generalitat de Cataluña) podrá autorizar dichas concentraciones siempre que las aves procedan de la propia ciudad o comunidad autónoma y se efectúe una evaluación del riesgo que dé un resultado favorable”.

Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con la Fira Avícola. Desde el Ayuntamiento de El Prat “se ha acreditado que se ha realizado una evaluación de riesgos y el resultado ha sido favorable”, han explicado fuentes municipales. En concreto, y muy especialmente, el consistorio “ha demostrado que los gallineros de Pota Blava no han tenido contacto con aves silvestres y que todas las pruebas (de la influenza aviar) realizadas a los pollos han salido negativas”, han explicado las mismas fuentes. Y, en consecuencia, la Generalitat “ha autorizado” la muestra. “El Pota Blava no faltará a la Fira”, han confirmado con cierto desahogo desde el consistorio.

Apertura este mismo viernes

Así, la singular feria pratense podrá celebrarse con normalidad este fin de semana, como si nada hubiera perturbado su larga tradición. Pero quienes conocen todo el trasfondo de la historia saben que ha sido una auténtica carrera contra el reloj que ha acabado con resultado victorioso. Este viernes, cuando las puertas del recinto se abran y los visitantes entren a la Granja de la Ricarda, pocos imaginarán que esta edición ha estado a punto de convertirse en el gran escaparate de la ciudad, pero sin su fundamental pieza central.

La buena noticia permite a El Prat reencontrarse con la que es su auténtica fiesta mayor de otoño-invierno, un encuentro que va mucho más allá de la avicultura. Y es que la Fira Avícola es una celebración del territorio, de su historia agrícola y de la labor silenciosa de los payeses y los criadores del Delta del Llobregat, sin los cuales la identidad pratense sería otra.

Estreno del sello Biosphere

Y, casualidad o no, precisamente este año, la feria llega a su 52 edición muy reforzada. Los días 28, 29 y 30 de noviembre se esperan miles de visitantes —pratenses y también vecinos de los municipios del entorno— en una edición más ordenada, más accesible y con novedades destacadas. La Fira Avícola estrena, por ejemplo, el sello Biosphere, que reconoce su compromiso con la sostenibilidad dentro del Destino Barcelona. Se trata de un distintivo impulsado por Diputació de BArcellona, Cambra de Comerç y el Consorci de Turisme del Baix Llobregat que acredita buenas prácticas y una gestión responsable.

En total, la 52ª edición ocupará 32.000 m² alrededor de la Granja de la Ricarda y su edificio catalogado como patrimonio arquitectónico local. Allí se desplegarán el pabellón avícola, el de El Prat Economia y el Passeig de Comerç, el pabellón gastronómico, la 23ª Mostra d’Entitats, la Fira de Vins, el Espai Agroalimentari, el Aula de Cocina, el Aula de Cata, la feria artesanal alimentaria, la artesanal local y el Espai Municipal.

La gastronomía, eje central

La gastronomía será uno de los ejes centrales de esta edición. La feria estrena un Aula de Cocina y un Aula de Cata que quieren convertirse en espacios participativos donde mostrar talento culinario y poner en valor productos de proximidad como la Carxofa Prat y el Pota Blava. El sábado será el día del talento femenino, con figuras como Mònica Escudero (El Comidista), Eva Hausmann, Susana Aragón, Ada Parellada y Lucila Canero. El domingo llegarán Carlos Novo y Èric Ochoa (GastroGaratxe), Víctor Quintillà (Lluerna, 1 estrella Michelin) y Marc Pèrez (finalista a Cuiner de l’Any 2025). La prestigiosa periodista gastronómica Carme Gasull acompañará parte de la programación.

Mientras tanto, en el Aula de Cata, los visitantes podrán recorrer un itinerario sensorial con cervezas, vinos y distintas variedades de alcachofa, algunas maridadas con vinos del territorio. A pocos metros, el Espai Gastronòmic —con una decena de restaurantes locales— y la Fira de Vins completarán la oferta culinaria. Los cellers Vinyes y La Central presentarán vinos blancos, tintos, cava y vermut, y Jamonsito y Nova Primavera servirán los platos calientes de la zona de feria.

Escaparate comercial y asociativo

El tejido comercial y asociativo también tendrá un papel protagonista. En el pabellón El Prat Economia y el Passeig del Comerç se mostrarán negocios y comercios de la ciudad, mientras que en el pabellón de entidades se celebrará la 23ª Mostra d’Entitats con cerca de cien asociaciones. Actividades como el Praticipa y el Esporticipa —una gincana deportiva pensada para jóvenes, niños y familias— dinamizarán todo el recinto. La organización del certamen insiste además en su compromiso con la accesibilidad: habrá dos puntos de información con sillas de ruedas, protectores auditivos y bucles magnéticos para personas con necesidades auditivas específicas.

Y así, con una mezcla de alivio (por haber sorteado la amenaza sanitaria) y de entusiasmo por las novedades (como el sello Biosphere o la apuesta gastronómica), El Prat apura las horas antes de abrir su feria. Una Fira Avícola que, un año más, demuestra que no solo conserva un legado tan icónico como el del Pota Blava, sino que ha sabido evolucionar sin renunciar a su esencia: territorio, producto y comunidad.

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