El Centre Veterinari Sant Vicenç, en Sant Vicenç dels Horts, advierte de que el calor no solo afecta durante los paseos, sino también en casa, en balcones, terrazas, vehículos o estancias mal ventiladas. El veterinario Francisco Bretones insiste en que la prevención empieza por adaptar rutinas, observar el comportamiento del animal y actuar antes de que aparezcan síntomas de alarma.
“En verano, no es necesaria una exposición larga para que surja una urgencia. Un paseo bajo el sol, una ventilación deficiente o unos minutos dentro de un coche pueden tener consecuencias graves. La mejor herramienta sigue siendo la prevención: ajustar horarios, vigilar al animal y anticiparse”, señala Bretones.
El riesgo no está solo en la calle
Cuando suben las temperaturas, el peligro no se limita a las salidas al exterior. También puede aparecer en viviendas calurosas, terrazas con sol directo, desplazamientos cortos en coche o espacios sin ventilación suficiente. Por ello, los especialistas recomiendan revisar toda la rutina diaria del animal y garantizar siempre agua fresca, sombra y una zona adecuada de descanso.
“Pensar que un animal está seguro solo por estar dentro de casa puede ser un error. Una vivienda mal ventilada, un balcón soleado o un trayecto breve pueden convertirse en situaciones de riesgo. En el caso de los gatos, además, las señales pueden ser menos evidentes porque tienden a moverse menos o a esconderse”, apunta el veterinario.
Diez claves para proteger a perros y gatos del calor
La primera recomendación es evitar los paseos en las horas centrales del día. Las salidas deben hacerse a primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando la temperatura es más baja y el esfuerzo físico resulta menos exigente. Incluso un paseo corto puede ser peligroso si hay exposición directa al sol, calor acumulado y poca sombra.
También conviene comprobar la temperatura del suelo antes de salir. Si el asfalto o la acera queman al tacto, pueden dañar las almohadillas del animal y convertir una salida rutinaria en una situación dolorosa. Este es uno de los riesgos más habituales del verano y, a menudo, uno de los más infravalorados.
La hidratación debe reforzarse durante los días de más calor. En casa, es importante renovar el agua con frecuencia y colocarla en zonas frescas. En la calle, se recomienda llevar un bebedero portátil o una botella adaptada para poder ofrecer agua durante el paseo o cualquier desplazamiento.
Otra pauta básica es no dejar nunca al animal dentro del coche. Ni siquiera durante unos minutos, con la ventanilla entreabierta o para una parada rápida. El interior de un vehículo puede alcanzar temperaturas peligrosas en muy poco tiempo y provocar un golpe de calor.
Los animales necesitan además espacios con sombra, ventilación y descanso fresco. Estar dentro de casa no siempre es suficiente si la vivienda acumula calor o si el animal permanece en una terraza, balcón o habitación cerrada.
Durante los episodios de calor extremo también es aconsejable reducir el ejercicio y los juegos intensos. Los perros no sudan como las personas y dependen principalmente del jadeo para regular su temperatura, por lo que su capacidad para disipar el calor es más limitada.
Animales más vulnerables
No todos los animales toleran igual las altas temperaturas. Los cachorros, los animales sénior, los perros braquicéfalos, los que tienen sobrepeso o aquellos con enfermedades respiratorias o cardíacas requieren una vigilancia especial. También deben extremarse las precauciones en animales con enfermedades endocrinas, neurológicas o que reciben determinados tratamientos.
Los veterinarios recomiendan observar cualquier cambio de comportamiento. Un animal más apagado, con jadeo excesivo, que busca de forma insistente el suelo frío, se mueve menos o parece desorientado puede estar mostrando que el calor ya le afecta.
Los gatos también sufren las altas temperaturas, aunque sus señales pueden pasar más desapercibidas. Es importante vigilar si beben menos, si están especialmente quietos, si se esconden más de lo habitual o si modifican su conducta durante los días de más calor.
Síntomas que no deben ignorarse
Jadeo muy intenso, debilidad, vómitos, temblores, encías muy rojas, apatía marcada, falta de coordinación o dificultad para mantenerse en pie son señales de alerta. En casos avanzados pueden aparecer diarrea, colapso, convulsiones, alteraciones neurológicas o pérdida de consciencia.
Ante la sospecha de un golpe de calor, no conviene esperar. Hay que trasladar al animal a una zona fresca, ayudar a bajar su temperatura de forma progresiva con agua fresca —nunca helada—, favorecer la ventilación y acudir cuanto antes al veterinario.
“Si hay sospecha de golpe de calor, actuar rápido es fundamental. Cuanto antes se detecten los primeros signos y se intervenga, más posibilidades habrá de una buena evolución. Por eso insistimos en no minimizar las señales iniciales”, recalca Bretones.
Pequeños gestos para evitar un problema mayor
Desde el Centre Veterinari Sant Vicenç (Pas del Llop 30-34, 08620 Sant Vicenç dels Horts - Telf. 936 56 51 54) recuerdan que pequeños cambios pueden reducir mucho el riesgo durante los episodios de calor: adelantar o retrasar los paseos, revisar el suelo antes de salir, cambiar el agua con más frecuencia, reducir la actividad física y evitar desplazamientos innecesarios en las horas más calurosas.
La clave, insisten, está en anticiparse. En verano, observar al animal y adaptar su rutina puede marcar la diferencia entre una jornada segura y una urgencia veterinaria.