Los hogares del mañana se construyen en el centro del Baix Llobregat. A diferencia de la obra tradicional, estos nuevos edificios están construidos de forma industrializada e íntegramente con madera. Es la propuesta de la empresa balear Arquima con sede en Abrera, un municipio de no más de 13.000 habitantes que alberga una de las compañías más grandes de construcción industrializada del país. Así lo explica el director de marketing y comunicación de la compañía, Stefano Carlo Ascione: “Si no es la primera, quizás es la segunda empresa más grande del país en lo que hacemos”.
La propuesta de Arquima se aleja de la obra tradicional para centrar su fabricación en una planta controlada, un método de construcción que acelera tiempos de ejecución, garantiza mayor precisión en la obra y cuenta con una elevada eficiencia energética. “Algunos clientes envían fotografías de recibos de cinco o diez euros mensuales de electricidad, con climatización incluida. Esto es gracias al estándar Passivhaus con el que trabajamos, que permite ahorrar entre un 70% y un 90% respecto a una vivienda convencional a lo largo de cincuenta años”, detalla Ascione. Otra de las grandes ventajas de este tipo de obra es la velocidad. Una vivienda unifamiliar de construcción industrializada se fabrica en una semana y se monta en otra, mientras que un edificio completo puede estar terminado en seis o siete meses, frente a los dieciocho o veinticuatro que requiere la obra convencional.
No solo viviendas unifamiliares
El trabajo de Arquima no se limita a las viviendas unifamiliares; el alcance de la compañía va mucho más allá. A pocos kilómetros de su fábrica, en Olesa de Montserrat, se encuentra la primera comisaría de policía de España construida íntegramente con madera. Un proyecto desarrollado por la empresa balear que registra un consumo energético un 57% inferior al de otros edificios con características similares, asegura Ascione.
Desde residencias de ancianos hasta polideportivos, el portfolio de Arquima destaca por su diversidad. Y es que para Ascione, esta variedad de proyectos responde a la propia naturaleza del sistema constructivo: “Es tan flexible que puede adaptarse a usos muy distintos”. De hecho, en ocasiones, los trabajos de la compañía no suponen una obra nueva, sino que parten de lo que ya existe. Son las llamadas remontas, ampliaciones en altura sobre edificios ya construidos. “Es una manera de aprovechar el espacio que ya existe y densificar las ciudades”, explica Ascione.
Un peso seis veces menor que la cerámica
La clave de este método vuelve a ser la madera. Arquima añadió 60 metros cuadrados nuevos sobre una vivienda unifamiliar ya existente en L’Hospitalet de Llobregat, sin tocar la estructura original. Y es que una fachada de entramado ligero de madera puede pesar hasta seis veces menos que una de cerámica tradicional. Esta ventaja técnica, la ligereza del material, es lo que hace posible añadir una planta entera sobre un edificio sin tocar sus cimientos, sin reforzar su estructura y sin obligar a los residentes a marcharse mientras las obras avanzan.
Las soluciones de Arquima avanzan con fuerza en el territorio. Tanto es así que muchos de los edificios que hoy vemos surgir en el Baix Llobregat ya se construyen a partir de sistemas industrializados y modulares, una alternativa cada vez más extendida en el sector pero que continúa sin explotar su potencial.
Solo un 3% de implantación
La construcción industrializada apenas supera el 3 % de implantación en España. Sin embargo, Cataluña se sitúa a la vanguardia de esta tendencia. “Es un territorio pionero en el ámbito de la industrialización”, señala Ascione. En este sentido, el gran catalizador del cambio podría llegar de la mano de una nueva normativa europea que se implantará de forma progresiva en España, la Energy Performance of Buildings Directive (EPBD).
Esta comenzará a aplicarse desde septiembre, a partir de la modificación del Código Técnico de la Edificación (CTE), y será obligatoria para todos los edificios de nueva construcción en 2030. “Ya no bastará con medir la energía que consume un edificio. Será necesario evaluar toda su huella ambiental a lo largo de su ciclo de vida, desde la extracción de las materias primas hasta su demolición o reutilización setenta y cinco años después”, explica el responsable de comunicación de Arquima.
Cumplir con las nuevas exigencias
La nueva regulación impondrá límites ambientales que condicionarán el uso de determinados materiales. Los sistemas constructivos convencionales basados exclusivamente en acero u hormigón, sin medidas específicas de reducción de impacto, podrían quedar por encima de los umbrales fijados por la normativa europea. “Las estructuras de madera y los sistemas mixtos serán de los pocos capaces de cumplir con las nuevas exigencias”, afirma Ascione. Francia y Dinamarca ya aplican criterios similares, mientras que Alemania se prepara para hacerlo. España, si se mantiene el calendario previsto, deberá adaptarse plenamente en 2030.
En este contexto gana relevancia la propuesta de Arquima, que parte de una tesis clara: muchos de los materiales derivados del petróleo que forman parte de las viviendas modernas, desde los aislantes térmicos y algunos plásticos de construcción hasta determinados revestimientos y acabados de mobiliario, son derivados del petróleo y pueden liberar compuestos orgánicos volátiles al exponerse al calor o a la radiación solar. “Vivimos en un mundo cada vez más plastificado y hemos ido sustituyendo materiales naturales, renovables y compatibles con los ciclos de regeneración de la naturaleza. Nosotros reivindicamos la opción sostenible”, afirma. Así, la empresa apuesta por construir con madera procedente de explotaciones forestales gestionadas de forma sostenible y con cadena de custodia certificada. “Se trata de cultivos forestales cuyos árboles pueden volver a aprovecharse en ciclos de entre quince y veinte años, una escala temporal humana y renovable, muy distinta de los millones de años necesarios para la formación del petróleo”, detalla Ascione.
¿Quién prefiere la madera?
El perfil de cliente que llama a la puerta de Arquima responde a dos categorías bien diferenciadas. “La primera es una persona muy concienciada con el medioambiente, habitualmente un cliente extranjero -alemán, nórdico o incluso asiático- sensible al impacto que tiene la construcción en el planeta”, asegura Ascione. La segunda es el cliente local, que acude a Arquima por razones más pragmáticas: la velocidad y la calidad con la que puede levantarse una edificación.
De hecho, el despliegue territorial de la compañía coge fuerza en Cataluña, sobre todo en Barcelona y su área metropolitana. “Zonas altamente urbanizadas que necesitan soluciones para construir más rápido y de manera más eficiente”, indica Ascione. Del mismo modo, la compañía también crece con fuerza en las Islas Baleares, ubicación originaria de la empresa de construcción.
Esta relación con el mediterráneo, llevó a la compañía a elegir Abrera como centro neurálgico de operaciones. Un municipio bien conectado por autopista y a escasa distancia del puerto de Barcelona permitía a Arquima abastecer el mercado catalán con agilidad, alcanzar la península y embarcar hacia Baleares sin fricciones logísticas, explica Ascione. Arquima apuesta así por un modelo constructivo que responde a las exigencias ambientales del presente. Y lo hace desde el Baix Llobregat, una comarca industrial por tradición que ahora lidera también la industrialización sostenible de la vivienda. III