Hay días en los que una comarca deja de ser simplemente un mapa de municipios y se convierte en un escenario continuo que hace historia. Este domingo 5 de julio ha sido uno de esos días que quedará marcado en la memoria colectiva. Casi de extremo a extremo del Baix Llobregat (con L’Hospitalet incluido), la carretera se transformó en una cinta amarilla que abría la puerta por primera vez al Tour de Francia, para que los habitantes de la comarca pudieran vivir en directo, desde los arcenes y las aceras, algo que hasta ahora solo era posible a través de la televisión.

El pelotón entró a la grande en la comarca por Castelldefels, procedente de Tarragona. Y la ciudad, acostumbrada al ciclismo desde hace décadas —con protagonismo en pruebas como la Volta Ciclista a Catalunya y una tradición deportiva consolidada— se volcó con la prueba gala y tomó las calles. Desde allí, la carrera se separó del mar y encaró la montaña pasando por Gavà, Viladecans, Begues, Vallirana, Cervelló y Molins de Rei, antes de hacer entrada en L’Hospitalet. Una privilegiada lista de municipios que, aunque solo fuera durante unos minutos de paso fugaz de la Grand Boucle, pasaron de ser un mero paisaje urbano, agrícola o forestal a un escenario de primer plano mundial.
Viladecans: el Tour convertido en fiesta
Viladecans vivió uno de los capítulos más intensos de la jornada. La ciudad no se limitó a recibir la carrera: la celebró por todo lo alto a pesar del calor. El municipio diseñó un auténtico homenaje al Tour de Francia., coincidiendo con que se estaba celebrando en la ciudad en aclamado Festival de Teatro y Animación Al Carrer. El prestigioso evento dedicó su 37ª edición a la prueba ciclista internacional, tiñendo de amarillo su cartel y su merchandising e incorporando tres espectáculos de gran formato inspirados en el ciclismo, con instalaciones participativas y propuestas circenses que trasladaban la épica del pelotón a las calles.

Antes del paso de los corredores, la ciudad ya era una fiesta popular. La Colla del Mamut animó la plaza de la Vila con la tradicional “Mamullada”, seguidos por gegants y diables, mientras los castellers levantaban estructuras humanas como cuenta atrás simbólica del paso del Tour, castillos que resistieron hasta que los ciclistas asomaron por el horizonte y cogieron fuerzas para el ascenso al puerto de Begues. Justo a las 15:45 horas, un grupo de escapados del pelotón cruzó Viladecans entrando desde Gavà por la B-210. En la avenida de la Generalitat se disputó uno de los sprints intermedios del día, donde se impuso el neerlandés Alex Molenaar (del equipo Flanders-Baloise). Después de ellos pasó el gran grupo a muy pocos segundos.
El mejor postre para la ocasión
Pero la celebración no terminó ahí. Tras el paso de los ciclistas, los vecinos pudieron “comerse el Tour” gracias a un postre elaborado para la ocasión por cuatro pastelerías locales —Santacreu, Forn de la Plaça, Raqueliciosa y Dulces Inma—: un crumble de almendra, avellana y lima con mousse cítrica y gelatina de fruta de la pasión y mango, repartido como símbolo gastronómico de una jornada irrepetible.

Más allá del deporte, la jornada fue también una demostración de implicación colectiva de toda la ciudad. En pleno Parc Agrari del Baix Llorbregat, los agricultores de la cooperativa agrícola local realizaron una intervención artística singular: una bicicleta de casi 150 metros dibujada en mitad de los cultivos del delta, visible desde el aire como homenaje al paso de la ronda francesa.

Begues: el primer pulso de la montaña
Antes del estallido urbano del recorrido por las calles de Barcelona, la carrera encontró su primer esfuerzo serio en el macizo del Garraf. En la subida a Begues, el neerlandés Alex Molenaar volvió a ser protagonista al coronar en primera posición el puerto de montaña de segunda categoría, sumando los primeros puntos de la jornada en la clasificación de la montaña.

Un esfuerzo breve pero simbólico, que convirtió a Begues en el primer escenario del Baix Llobregat en dar puntos al maillot de la montaña. histórica jornada. El pelotón continuó su avance por el interior de la comarca atravesando Vallirana y Cervelló, donde la carretera estrecha y el trazado ondulado y en descenso ofrecieron un breve respiro a los ciclistas que se vigilaban los unos a los otros. Sin ataques decisivos, pero con la sensación constante de que cada metro no solo era observado por miles de personas apostadas en cunetas, balcones y rotondas, sino por los propios deportistas.

La llegada de la serpiente multicolor a L’Hospitalet fue uno de los momentos más esperados del día. La carretera de Collblanc y sus alrededores se llenaron de vecinos con móviles en alto, banderas y una emoción difícil de describir. El sprint intermedio que se había marcado al paso por la segunda ciudad de Cataluña se disputó dentro del pelotón compacto, en una lucha de máxima velocidad antes del tramo final hacia Barcelona. En ese punto, el líder de la carrera, el maillot amarillo Jonas Vingegaard, pasó en cabeza, consolidando su dominio en la clasificación general.
3.338 km en bicicletas estáticas
Además, la ciudad vivió una intensa jornada de participación ciudadana con la iniciativa “Fem el Tour a L’Hospitalet”, que reunió a decenas de personas en el parque de la Marquesa alrededor de 100 bicicletas estáticas con las que se recorrieron simbólicamente los 3.338 kilómetros del Tour.

La actividad tuvo carácter solidario, con una recaudación de 3.338 euros destinada al Centre Educatiu Esclat de Bellvitge. Unos 50 voluntarios colaboraron en la organización del dispositivo y en la gestión del paso de la carrera.

La etapa concluyó en Barcelona, en la subida al Estadi Olímpic de Montjuïc, con la victoria de Isaac del Toro, que firmó un triunfo explosivo en la llegada final. Al cruzar la línea de meta, el pelotón dejó atrás una jornada marcada por el control, la emoción y una calma relativa, en el plano deportivo. Pero más allá del pelotón, la prueba se vivió por el público como nunca, en un territorio que de forma fugaz pero intensa se convirtió en el escenario global de la prueba a ciclista más importante del mundo por primera vez en la historia.
