Y es que el despliegue casi simultáneo del Biopol Granvia, en L’Hospitalet, el proyecto Porta Diagonal en Esplugues y el futuro Campus Clínic no solo consolidará un potente clúster biosanitario de alcance metropolitano, que ya se afianza a pasos agigantados, sino que situará a esta franja metropolitana del sur de Barcelona en condiciones reales de jugar en la primera división mundial del sector salud, la investigación, la innovación y toda su cadena de valor. No es una promesa retórica: es una realidad respaldada por cifras. Precisamente por ello, no caben excusas para los incumplimientos ni para que las obras no sigan el calendario previsto.
Los números cantan, con elocuencia, y no admiten discusión. El territorio ya alberga un ecosistema robusto, con decenas de empresas del sector consolidadas, startups de alto valor añadido, centros hospitalarios de referencia, universidades, investigación puntera y una capacidad de atracción de talento que se proyecta mucho más allá de Cataluña. No se parte de cero: se despega de una base extraordinaria que, con la ejecución de estos proyectos, puede convertirse en una auténtica joya de la corona de la economía del conocimiento en el sur de Europa.
Precisamente por eso, no hay pretextos para que no se sigan las reglas y los requerimientos que un proyecto así impone. No caben retrasos crónicos, esperas, ni moratorias que acaban lastrando todo, algo demasiado frecuente por estos lares. El ejemplo de la interminable autovía B-25, en Sant Boi, sigue demasiado fresco en la memoria colectiva como para permitir que vuelva a repetirse un fiasco con el mismo guión en el tridente formado por Porta Diagonal, nuevo Clínic y Biopol. Cuando un territorio aspira a liderar innovación, ciencia y salud no puede permitirse una gestión mediocre de sus proyectos estratégicos ni dejar nada al azar.
Los cimientos para ese futuro ya han fraguado. Según el informe La metròpolis de Barcelona. Invertir, treballar i viure 2025 del Área Metropolitana de Barcelona y la Cambra de Comerç, la Smart Health Comunity del entorno de L’Hospitalet y Esplugues concentra actualmente 54 empresas del sector salud y biotecnológico, que facturan más de 2.275 millones de euros anuales y dan empleo a 10.000 profesionales, en estrecha convivencia con más de 4.200 estudiantes universitarios. Además, el 58% de las empresas de sanidad y servicios sociales de Cataluña se localizan en este mismo área. El territorio no aguarda al futuro: ya es presente.
El impacto potencial es mayúsculo. El conjunto de Biopol, Porta Diagonal y Campus Clínic requiere una inversión cercana a los 2.000 millones de euros y podría generar un impacto económico superior a los 15.000 millones, además de hasta 50.000 empleos, el equivalente a un 8,5% del PIB catalán. No es casualidad que el alcalde de L’Hospitalet, David Quirós esgrima que con estas actuaciones “se está decidiendo el futuro urbano, social y económico”, de la segunda ciudad de Cataluña. O que el proyecto Porta Diagonal vaya a situar Esplugues en una “posición estratégica dentro del mapa metropolitano”, como afirma su alcalde, Eduard Sanz, reforzando una marca Barcelona cuya capilaridad se extiende por todo el territorio.
También desde la Generalitat se ha elevado el listón político. El President Salvador Illa ha sido tajante al señalar que el futuro Clínic “no es solo una infraestructura sanitaria, sino una herramienta de país” y que el objetivo es “crear el mejor hospital de Europa, tanto en atención como en investigación y formación”. Palabras mayores que obligan a una gestión que esté a la altura del discurso y de las circunstancias.
Y aquí es donde emerge el punto crítico. Con un calendario que sitúa las primeras obras entre 2027 y 2030 y la plena materialización de los proyectos hacia 2035, el margen para la complacencia es nulo. La experiencia reciente demuestra que los retrasos en infraestructuras estratégicas —y volvemos a la B-25— erosionan la credibilidad institucional y dilapidan oportunidades. En un territorio que aspira a liderar la economía del conocimiento, la impuntualidad político-estructural es sencillamente inaceptable.
Y más aún cuando el contexto acompaña y el viento sopla a favor. Barcelona se ha afianzado en 2025 como el sexto polo europeo preferido para ubicar startups, y L’Hospitalet y el Baix en el segundo de Cataluña, concentrando el 7,3% de todas ellas. Con estos mimbres, renunciar, retrasar o descafeinar este tridente sería un grave error histórico. Las administraciones implicadas deben actuar con coordinación, ambición y rigor y sin quitarse las pilas. Ir a muerte con Biopol, Porta Diagonal y Campus Clínic no es una opción: es más bien una exigencia de obligado cumplimiento. III