CITY LIGHTS
08/02/2026@16:00:00
Una de las estrategias recurrentes en la articulación de los discursos de odio consiste en reducir la identidad del objetivo a un puñado de rasgos negativos. Los panchitos son ruidosos. Los chinos esconden algo. Los moros son terroristas. Es sencillo entender cómo esta operación del lenguaje funciona en primera instancia: presenta al adversario a partir de rasgos detestables o peligrosos y, al hacerlo, lo aparta de la comunidad de valores en la que el hablante se considera integrado comenzando de ese modo a justificar la discriminación.