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La ampliación de las zonas ZEPA pone en peligro la modernización del Canal de la Dreta
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La ampliación de las zonas ZEPA pone en peligro la modernización del Canal de la Dreta

Por Lluis M Estruch
viernes 07 de mayo de 2021, 08:00h
El incremento de las zonas protegidas del Delta del Llobregat puede afectar a las actuaciones previstas para actualizar la infraestructura. El plan de mejora pretende evitar fugas en todos los ramales, implantar soterramientos e implementar nuevas técnicas de riego.

El Canal de la Dreta del río Llobregat es una pieza básica en el equilibrio del agua del Delta, un ecosistema frágil como prueban los últimos trastornos climáticos. La aportación hídrica del río Llobregat es insuficiente para abastecer la zona metropolitana, un problema que alcanza una nueva dimensión con el reciente mandato de la Unión Europea (UE), que conmina a tres municipios -Gavá, Viladecans y Sant Boi-, a mejorar en 60 días su colaboración con El Prat para ampliar la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), la reserva de avifauna del Parc Agrari. Y este nuevo escenario de ampliación de la burbuja verde deltaica supone de facto un golpe a la yugular de los planes de modernización del histórico canal de riego

La amenaza que se cierne sobre todo el territorio de la desembocadura del Llobregat es tal que se impone el pacto y el consenso razonable, no las imposiciones abusivas. Esto incluye que los propios usuarios del Canal de la Dreta puedan participar en el debate y aportar su opinión. No debe perderse de vista que la denuncia de DEPANA (la que ha dado pie a la reacción de la UE) va a traducirse en una reducción de cultivos y probablemente en que se cuestionen los planes de modernización del canal y sus ramales interiores, concebidos para evitar fugas, implantar soterramientos y, sobre todo, implementar nuevas técnicas de riego pues se utiliza el mismo procedimiento de inundación de terrenos de los árabes.

La ampliación de las zonas ZEPA del Delta puede dejar en entredicho el proyecto de renovación de la infraestructura hidráulica, dado el precedente del Canal Segarra-Garrigues, una obra costosísima que Bruselas ha condenado a la inacción por mor de las aves esteparias. Así pues, el Canal de la Dreta y sus regantes, tal vez para no desaparecer (como tantos humedales europeos) o acabar como una reserva similar a la de los pantanos de Berlín; tendrá que plantearse convertirse en algo estrictamente más que un mero canal de riego.

La necesidad de adaptar la red de riego a los nuevos tiempos es perentoria y debe ir acorde con la historia centenaria de la propia infraestructura. El agua fluye por el Canal de la Dreta del Llobregat desde 1866, que es cuando la Reina Isabel II otorga al constructor Eusebio Soler una concesión de agua de riego. Pero las obras inacabadas y el deficiente servicio y mantenimiento del canal, forzarán en 1896 la expropiación y nueva reasignación por la Regente María Cristina al Sindicato de regantes, que con- el antiguo escudo masónico de manos entrelazadas y sol radiante-, desarrollarán a lo largo de sus 14 km de regadío, una agricultura intensiva que con las dos desamortizaciones, atraerá capitales de la burguesía barcelonesa e innovaciones técnicas con apertura de pozos como refuerzo y reserva en períodos de sequía.

Tras la guerra civil y la progresiva pérdida de valor de la actividad agraria, se producirá un mayor fraccionamiento de la propiedad en manos de antiguos arrendatarios, que aún hoy cierran sus tratos de forma oral. Manera que critica Baldiri Ros de la patronal agraria, por sus derivadas de incumplimientos posibles.

Durante muchos años, se producirán expropiaciones para desarrollar zonas industriales e importantes infraestructuras; como ejemplo, El Prat, que pasará a ser uno de los Ayuntamientos más expropiados de España. Aun así en este -“cuarto de atrás”- de la ciudad de Barcelona, aparecerá ya desde 1974,con los ingenieros-urbanistas, Solans y Serratosa, la gran necesidad de preservar una reserva de suelo para el futuro. Años después, en 1976, se blindará un “Parc Agrari” consolidado en 1998. Es de “facto” una expropiación que limita derechos.

El Canal de la Dreta tiene 547 socios (en su mayor parte pequeños propietarios con no más de 2,7 hectáreas) y un presupuesto anual de 360.000 euros, con unas cuentas saneadas. Tiene una plantilla de cinco empleados, vehículos propios, taller de reparaciones, local social, vivienda para el acequiero mayor e incluso terrenos de cultivo. La morosidad es baja, excepto en las 35 hectáreas del Pla d’en Mas, una superficie de titularidad confusa que arrastra una deuda importante.

La Junta Rectora presidida por el santboiano Joan Estruch y asesorada por el abogado pratense Jordi Codina, -experto en derecho de aguas-, arbitra las diferencias en los turnos de riego, multas, trabajos a realizar y relaciones exteriores con otras entidades: el ACA y los Ayuntamientos de Sant Boi, El Prat y Santa Coloma de Cervelló). Podría parafrasearse al pintor Nonell con aquello de “Jo rego, i prou”, pero ya no es posible.

En 1867, se fundó en Lieja la sociedad franco-belga SGAB para suministrar agua a Barcelona. Hoy, su continuadora (AGBAR) dispone de una red de pozos para el abastecimiento de agua potable metropolitana y goza de mayoría en la entidad que gestiona las aguas subterráneas del Delta. AGBAR tiene el discutible propósito de abrir tres nuevos pozos -con el permiso hidrogeológico de la Agència Catalana de l’Aigua (ACA)-, si fuera necesario comprando comunidades de regantes enteras, como ha ocurrido en Murcia, Navarra, Lérida, ya que así se obtiene un 20% de los ingresos del sector. III

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