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L'EDAT D'OR

Joaquim Figueras:“Todos los políticos locales, de todos los colores, han frecuentado Can Figueras”

Joaquim Figueras:“Todos los políticos locales, de todos los colores, han frecuentado Can Figueras”
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Por Lluis M Estruch
domingo 08 de marzo de 2026, 11:00h

La historia personal de Joaquim Figueras Ferrer (76 años), casado ,con tres hijos y cuatro nietos, comienza en Sant Joan de Mediona, un pueblo pequeño, situado al noreste de la comarca del Alt Penedés. Sus padres, agricultores, tenían allí dos casas y algunos terrenos de cultivo (tres hectáreas), pero en gran parte eran arrendatarios de viñas y cereal, en los que las condiciones son duras, -“parcers al terc”- , un contrato de mucha raigambre histórica en el que el arrendatario cede un tercio de lo cosechado al amo.

Su padre consideró poco provechoso seguir en esta abusiva condición y decidieron trasladarse a S. Boi un pueblo que crecía muy rápido, debido a las primeras oleadas de inmigrantes del Sur. Sus padres Joan y María, tomaron en traspaso una bodega típica de la época (actualmente el restaurante Can Figueras), con barrilitos de madera, venta a granel de vinos y espirituosos, en una plaza del barrio antiguo, donde había: una carnicería, un herrero, panadería, pastelería, barbería, librería, leñería, tienda de muebles, relojería, pompas fúnebres, colegios y el mercado de abastos de San José, detrás. Era un buen lugar, con mucho tráfico. Hoy, un desierto. Su familia había decidido emigrar del campo a la ciudad como tantas familias catalanas del interior. Era un movimiento de gran fuerza social impulsado por los primeros signos de modernización económica en España y Cataluña, en especial tras la postguerra.

¿A qué edad te trasladas de Sant Joan a Sant Boi?
Vengo en abril de 1963, Debía contar con 13 años. Seguí los estudios primarios en la Academia Almi - muy asombrado por los cambios al principio-, pero los asimilé pronto. Venía de un pueblo (800 habitantes), donde todos nos conocíamos, a una ciudad de 14.000 habitantes de desconocidos, con dos idiomas de hecho. Y con forasteros de maleta de cartón, llegando. Debía haber sobre una decena de bares, entonces.

Sant Boi en la década de 1960 a 1970, triplicó su población, con una fuerte emigración forastera, que siguió hasta los ochenta: existen estudios del tema del ex. alcalde Jaume Bosch e informaciones de Joan Vendrell Campmany, Unión extremeña y algunas tesinas, pero nos falta divulgación de calidad y sin prejuicios.

Tus primeras experiencias laborales ¿cuáles fueron?
La gente joven, entonces trabajaba de aprendiz. Yo trabajé de mecánico y lampista. Después ya ayudé en el negocio familiar y así seguí hasta la jubilación como autónomo. Nunca trabajé en otra cosa.

¿Cuántos erais en la bodega-bar?
Mis padres yo. Tengo una hermana mayor que trabajaba fuera y colaboraba a veces. En este ambiente tan familiar, mi madre, una buena cocinera que había servido en una casa de Igualada, extendió sus guisos caseros a gente de fuera, que se hicieron fieles clientes de sus platos caseros que gustaban. Eran los que comíamos nosotros.

Fachada del restaurante Can Figueras

El ser vecinos, pared por pared con el bar de comidas ‘Nicasi’ ¿os supuso algún inconveniente?
No. En los muchos años que fuimos vecinos, no fuimos rivales. Cada local tenía su público. El suyo no acudía al nuestro y viceversa. Pero sin celos ni acritud. Éramos diferentes.

Detalla el tipo de público que venía a vuestro local...
A las cuatro de madrugada, venían payeses. Era su primer punto de reunión. Almorzaban fuerte (de forquilla), sus bebidas, sus cafés y a la calle, al Borne o al campo. Cerca había una parada de bus de la que venían también clientes, porque además preparábamos bocadillos para llevar.

¿Cuál fue el horario definitivo de trabajo que adoptasteis?
Nuestros horarios han sido duros: de 8.00 a 23.00 h. Luego de 8.00 a 16.00 h y de 20,30 a 24.00 h. Sin fiestas. Solo en el día de Navidad. Después de mucho tiempo libramos los lunes. Y unas sucintas vacaciones. Pocos viajes, pero aún así nos gustaría ir a Alemania.

Hemos olvidado el servicio militar, ¿dónde te tocó hacerlo?
Conseguí hacerlo en el cuartel de Santa Eulalia de Sant Boi y me encargué de la cantina militar. Allí aprendí a gestionar mejor y conocí a personas notables: Ángel Velasco, un pastelero-panadero del Somorrostro, que venía ofrecerme los sobrantes de sus dos tiendas próximas del barrio de Cinco Rosas. Era un hombre persistente, envolvente en sus tratos. El embrión de los Vicens torrons, junto con las trufas de chocolate Gut, debió tenerlo ya en estos primeros tiempos de trabajador por su cuenta.

Ya sabes que el cuartel, tu cuartel, esta reclamado para hacer 1.500 pisos para jóvenes, pero el tema no avanza. ¿Cómo lo ves?
Es una lástima, como lo es el deplorable estado del Ateneu Santboia, un lugar lleno de vida, del que fui asiduo de sus bailes con los Sirex, Mustangs, Luis Aguilé y tantos otros. Son dos asuntos pendientes, que no sé porque no se resuelven. Yo no soy especialmente crítico porque todos los alcaldes y adjuntos han sido clientes de la casa. Todos los políticos locales, sin color predominante. han frecuentado Can Figueras y la discreción ha sido nuestra norma.

Durante la entrevista Àngels su mujer y magnífica cocinera, le apuntará, detalles sobre la etapa en que los dos y algunos colaboradores, regentaron las diversas etapas de ‘Can Figueres’ hasta su cierre.

¿En qué momento necesitaste hacer algún cambio?
En 1973 se hicieron reformas, nueva decoración, -había que hacerlo-, el local era pequeño, y debía aprovecharse al máximo. Yo en la sala y mi madre y Àngels en la cocina, más dos auxiliares, todos juntos hicimos un buen tándem de éxito.

En Sant Boi se han rodado algunas películas de éxito, pero sin ser recordado el hecho en especial. Vuestra bodega participó en la logística del rodaje de ‘Vivan los novios’ (1970), de Luis García Berlanga. Confírmalo con algunos detalles.
Así es, varias noches tuvimos al equipo de rodaje y actores, en nuestra bodega suministrándoles, cenas, bocadillos y bebidas, puesto que en otro negocio vecino una funeraria, se rodaron escenas con Lali Soldevila, muy simpática y José Luis López Vázquez.


Hubo necesidad de más cambios, reformas, retoques organizativos...
Sí, en 1998, hicimos la última reforma y se produjo el relevo de mi madre en la cocina por Ángels; teníamos tres empleados y en ocasiones mis tres hijos que saben cocinar, echaban una mano. Acabamos siendo un total de 6 personas, ya éramos una microempresa. La reforma se hizo y se pago con nuestros recursos, nunca he tenido ni ayudas oficiales, ni premios. Y nos hemos jubilado como autónomos, limpios de deudas y obligaciones. En 2018 dos años antes del Covid-19 al no haber traspaso: vendimos la casa en 2019. Habíamos pensado reemprender, con horario restringido, pero nos faltó decisión. Gracias al negocio, he podido dar estudios a mis tres hijos, uno es ingeniero en la SEAT-Volkswagen, otra es psicóloga y el tercero es técnico audiovisual en TV3, después de estudiar en el Colegio Alemán y el IDEP. Buena parte de sus estudios los han hecho satisfactoriamente en los Salesianos de S. Boi. Verles bien empleados y a gusto es muy satisfactorio. Estos (1963-2018) 55 años de trabajo intenso han valido la pena.

El Debate entre Adrià y Santamaria; el artificio o el buen producto, ¿quién tenía razón?
En nuestra opinión, el difunto Santamaría: el buen producto, la cocina del mercado. Salsas opcionales, enfoque tradicional en la elaboración; y el recelo por liofilizados, hidrógenos y mini raciones que te dejan con hambre. Vemos bien lo de explicar los platos que se sirven. Por ello J. Lladonosa cocinero (Quatre Barres) y divulgador con su libro sobre la cocina catalana, ha sido nuestro guía. También vale decir al respecto, que tenemos una preferencia por la cocina del Norte de España y Portugal (bacalao), que hemos frecuentado en nuestros breves descansos.
Y tenemos noticia reciente del “raco d´en Binu” de Argentona con el señor Fortí, que consiguió dos estrellas Michelin (1979). Otro ejemplo de buena y sólida cocina. En el recuerdo nos queda R. Cabau y su “Agut d’Avinyo” con su trágica muerte en la Boquería, donde iba a comprar a diario. Y los escritos de J. Pla sobre la cocina ampurdanesa.

Mal comportamiento, quejas, el sin pagar con excusas, ¿habéis tenido casos?
Nuestro local con capacidad de 39 personas, sufrió una sola inspección sanitaria, con éxito. En la semana teníamos diez raciones/día, los fines de semana 40 raciones. Al ser tan concurrido, exigíamos respeto. El mal comportamiento era penalizado con la no repetición a visitarnos. El precio medio, era alto para Sant Boi, esto disuadía. Nuestros clientes eran fieles repetidores que no jugaban ni gritaban y dejaron de fumar para alivio nuestro cuando la ley se impuso, no hubiéramos podido tener espacio fumador.

Sé que vas con frecuencia al Penedés, a tu pueblo a Sant Joan Mediona, donde un vecino vuestro, Josep M. Esquirol, filósofo y educador os ha resucitado el pueblo, ¿es así?
Sí, aparte de alguna zona industrial, lo cierto es que las dos escuelas fundadas por familiares de Esquirol, y su modo de enseñanza, nos han hecho ganar a familias que se han trasladado para seguir de cerca la enseñanza de una escuela pequeña con alma grande, como dice él. III

“Me da pena el estado de abandono del Parc Agrari”

Habéis vivido el boom gastronómico, concursos TV, revistas ,libros, guías, calificaciones, internet y opinadores que suben y bajan prestigios y famas. ¿Qué opinión os merece tamaño embolado?.
Todo eso lo hemos tomado con calma. La base es el buen producto, si falla esto la buena cocina no puede remediarlo. Yo he sido el jefe de compras, como en la mili, al principio compraba a proveedores de mi pueblo, Sant Joan de Mediona, me lo llevaban recaderos o ellos mismos en una parada de buses de la calle Urgell, que yo recogía. Más adelante me dediqué en Mercabarna a conseguir productos “premium” que los hay.. Del Parc Agrari frecuenté a los de Can Pinca” con buenos resultados. Por cierto, me da pena, yo que provengo de “pages” el estado de abandono del “Parc”..


Vale decir que nunca hicimos publicidad. La buena fama, llegó a través del “boca- oreja”, sin más. Aún así recibimos de la crítica gastronómica de La Vanguardia (Cristina Jolonch, una buena referencia) y a través de ella recibimos la visita de “Els 5 a taula” que nos puntuaron. Teníamos platos notables: la ternera en su jugo, las alcachofas al horno, la tarta Tatín....

(Aquí tercia Ángels y cuenta una inquisición a la que la sometió un restaurador importante cuando ella le explicó cómo hacía la tarta y el coste final: el restaurador dijo que con este precio, no le quedaba margen…). Nosotros hasta teníamos temporada de setas, de caza, con suministros de los cazadores, nuestra perdiz era famosa. Y el pichón. El café irlandés nuestro tenía demanda.

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