La crisis de los trenes pone sobre la mesa cuales han estado las prioridades en la movilidad en Catalunya, y una cosa parece clara: el transporte público para la gente corriente seguramente esté a la cola de la lista. Pero para otros proyectos, sí que ponen esfuerzos: en contra del transporte público que es de todos, los Gobiernos de la Generalitat y del Estado siguen con su plan de ampliar el aeropuerto de El Prat para que más aviones puedan llegar a Barcelona.
Más aviones quiere decir más turismo de masas, más ruido para los municipios de alrededor, más contaminación y destrucción de los espacios naturales, y más obstáculos para disfrutar de nuestra playa. Las prioridades actuales de la Generalitat no parecen ir en la línea de tener un transporte público de calidad, que tenga una oferta atractiva para dejar el coche en casa y llegar a tiempo al trabajo o a estudiar.
No necesitamos inversiones en grandes proyectos faraónicos turísticos, necesitamos políticas que mejoren el día a día de la gente corriente. Al final, ir en avión a cualquier capital europea será más rápido que ir desde El Prat de Llobregat a Terres de l’Ebre en tren. ¿No es un gran contrasentido?
Tenemos que ser exigentes y pedir responsabilidades a los dirigentes que deciden cual tiene que ser la prioridad: si la ciudadanía o los turistas. Queremos una política de movilidad que centre sus esfuerzos en el transporte público por responsabilidad con lo público y colectivo, y que renuncie a proyectos que reman a contracorriente de los tiempos como la ampliación del aeropuerto del Prat, este proyecto que no beneficia a nuestros vecinos. III