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Rosich deja L’Hospitalet después de 175 años tras superar las tensiones laborales
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Rosich deja L’Hospitalet después de 175 años tras superar las tensiones laborales

Àlex Aragonès

domingo 15 de enero de 2023, 09:00h

La fábrica de tejidos técnicos Rosich es sinónimo de historia en L’Hospitalet. La empresa abrió sus puertas en 1850 y desde entonces ha vivido en primera fila la evolución social y económica de la segunda ciudad más poblada de Cataluña

Pero este vínculo -que se inició hace 175 años- está llegando a su fin. La firma está haciendo las maletas y ultimando el traslado de la planta del polígono Gran Via Sud a Terrassa, una operación que está previsto que se complete en septiembre de este año. La marcha progresiva de la factoría de la ciudad que la vio nacer no está siendo un camino de rosas para los trabajadores, pues se han visto abocados a una huelga de dos semanas para exigir “condiciones dignas”.

Lo que empezó como un pequeño negocio familiar de fabricación de hules en Collblanc, terminó por erigirse como una compañía focalizada en la confección de tejidos con caucho y en silicona desde el polígono Gran Vía Sud. El negocio pasó a otra dimensión en la década de los 90, tras ser traspasada a la familia Aurell, con trayectoria industrial en el Vallès Occidental. Ahora, la empresa da un paso más en su estructura de negocio pero pone fin a su nexo natal con L’Hospitalet.

La noticia de la marcha a Terrassa cayó como un jarro de agua fría en la plantilla, integrada por 47 personas. De entrada, el personal mostró su firme negativa a desplazarse a cualquier precio. por lo que reclamaron un sistema de transporte como compensación debido a la “pérdida de calidad de vida”. “Para llegar a la nueva planta tendríamos que coger el metro, el tren y el autobús. No podíamos perder tres horas diarias, y luego trabajar otras ocho horas. Es una burrada”, indica el delegado sindical de CC OO, Miguel Ángel Martín, quien lleva más de 33 años en la empresa familiar.

Meses de disputa, con huelga incluida, que acabó con un éxito de movilización y la rúbrica de un acuerdo para garantizar un servicio de autobús para los trabajadores: de L’Hospitalet a Molins de Rei, con una parada intermedia entre Cornellà y Esplugues. De este modo, el traslado a Terrassa empezó a hacerse efectivo en octubre del año pasado con un primer grupo: el personal de mantenimiento, que ha sido el primero en mudarse al nuevo centro de trabajo. Esta nueva etapa ya la viven a diario en este inicio de 2023 unas 20 personas , La aventura comienza cada día a las 5:10 horas de la mañana, cuando el autobús arranca de su parada de origen, situada en plaza Europa de L’Hospitalet.

“Estamos acabando de ultimar el funcionamiento con la dirección. Los de L’Hospitalet vamos muy justos para llegar al inicio del trayecto porque algunos para llegar tienen que coger la línea L9 desde Torrassa y el metro abre solo diez minutos antes. Si tarda, no llegamos. Pero la empresa está evaluando esta situación para darnos más margen”, explican los afectados, que empiezan la jornada laboral a las 6:00 horas.

Lograr este servicio de transporte ha sido el resultado de un conflicto sindical, en el que trabajadores no estaban de acuerdo con la propuesta de la empresa. “Querían que aceptásemos un complemento de 150 euros por el traslado, pero ese dinero no nos da ni para una semana de gasolina. Además, teníamos compañeros que no tenían carnet de conducir o vehículo propio”, subraya el delegado sindical.

Ante la falta de entendimiento, los empleados iniciaron una huelga de cinco días -no consecutivos- para exigir aclaraciones y condiciones “dignas” en el traslado. “Una huelga no le gusta a nadie, se hace porque no hay otra salida”, explican desde CC.OO de Cataluña.Así la plantilla se vio abocada a interrumpir la jornada de trabajo con los paros al no tener respuesta de la compañía. “Si la empresa insiste en imponer sus condiciones, nos aboca al conflicto”, sostenían entonces.

Con este bagaje, el 23 de mayo de 2022 se iniciaron las interrupciones parciales de una hora en los cuatro turnos (mañana, tarde, partido y noche). La reivindicación se prolongó durante dos semanas, hasta que consiguieron sentarse a negociar con la compañía y pusieron punto y final a la huelga. “Sabemos que nos trasladamos desde hace seis años, pero pasaba el tiempo y nadie hablaba del asunto. Hasta que hace unos ocho meses nos dijeron que estaban construyendo una nave y que tenían intención de mudarse”. Ahí empezó todo. El traslado total está previsto que se efectúe este verano. De momento, el próximo grupo que cambiará de planta se ha programado para finales de este mes de enero. Los últimos en mudarse serán los que trabajan con silicona. “Aún tienen que esperar porque falta un aparato para emitir menos vertidos y gases nocivos para el medio ambiente”, explica Miguel Ángel Martín.

La mayoría de los empleados sostiene que el cambio se está ejecutando “muy rápido”, lo que está generando estrés entre ellos. “La mayoría vivimos en L’Hospitalet, El Prat o Cornellà y ahora nos entra cierta nostalgia y melancolía. Nuestra vida no está en Terrassa. No queremos irnos, pero es lo que hay”, lamenta el delegado de CC.OO en la empresa. Pese a ello, este cambio de ubicación va a elevar el nivel de seguridad de la plantilla, gracias a la modernización de las nuevas máquinas.
Uno de los riesgos que se corren en la actual planta son los vapores de emanación de gases explosivos, porque se trabaja con disolvente y la electricidad estática que se genera con los tejidos y plásticos puede provocar incendios. Pero es un problema que en Terrassa parece más controlado. “Hay más dispositivos para que no genere electricidad estática y los recipientes se taparán mejor para evitar emanaciones de gas. En seguridad estaremos mucho mejor, pero tardaremos en trabajar en condiciones por la inevitable desconfiguración de las máquinas”, reconoce el delegado de Rosich.

El imparable éxodo de L’Hospitalet a Terrassa y la angustia por el conflicto sindical ha dejado al personal exhausto. “Por una parte no me quiero ir pero tampoco quiero seguir con la incertidumbre que hemos vivido”, asevera Martín. Será dificil olvidar porque “Rosich es parte de la historia de L’Hospitalet”, defiende el sindicalista.
La factoría pasó de Collblanc a Gran Vía Sud entre 1987 y 1993. “Cuando vine a trabajar aquí había cuatro casas y fábricas, poco a poco el polígono ha ido creciendo y ahora se cotiza”, recuerda Martín. De hecho, comparten ubicación con el concesionario de Porsche.

Rosich va a dejar en las calles de L’Hospitalet casi dos siglos de vivencias, aunque la vieja fabrica de Collblanc solo consta registrada desde el año 1957. Pero en el recuerdo queda que formó parte activa en el desarrollo industrial local durante las primeras décadas del siglo XX. Justamente en los años de expansión económica de la firma coinciden con la I Guerra Mundial, momento en el que la industria química irrumpió con fuerza y, entre ellos, el fabricante de hules Joaquin Rosich, a quien será difícil olvidar en L’Hospitalet. Y es que Joaquim Rosich i Rovira, industrial que creó la actual empresa de tejidos recubiertos y calandrados, da nombre a una calles en el corazón de Collblanc.

Los nuevos tiempos han querido que el viejo negocio que fundaron los Rosich y compraron los Aurell deje L’Hospitalet, pero su impronta seguirá perdurando por siempre entre la travesera de Collblanc y la carretera del mismo nombre, donde estuvo ubicada la primera fábrica. Terrassa es ahora el presente y el futuro.

Susto en 1987 en el IES Margarida Xirgu

La planta estuvo inmersa en 1987 en una polémica debido a “fuertes olores” motivados por el desprendimiento de gas tolueno, que afectaron al instituto (IES) Margarida Xirgu. Precisamente, este centro escolar (que se había inaugurado para el curso 1986/87) se vio en la obligación de cerrar temporalmente (700 alumnos se querdaron sin clases durante meses y pasaron el curso siguiente en barracones) al hallarse naftaleno en el subsuelo. Las emanaciones procedían de la antigua fábrica Fum de l’Estampa, que ocupaba una parte del solar del instituto y que inyectaba naftaleno en el subsuelo para ahorrarse el proceso de eliminación de los residuos líquidos. El hallazgo se produjo al caer un muro de contención, a consecuencia de las lluvias.

Estos gases tóxicos provocaron irritaciones, mareos y vómitos en alumnos y profesores, con un foco inicial en la planta de Rosich. La empresa advirtió que la problemática no era consecuencia de su negocio, sino de uno próximo a su recinto. El Ayuntamiento de l’Hospitalet cedió en su día parte del solar Fum d’Estampa para la construcción del instituto, y la Generalitat lo aceptó, sin una observación previa de los productos tóxicos que se emitían. Un argumento que dio finalmente la razón a la empresa de recubrimiento de tejidos con caucho y silicona que dijo adiós a a Collblanc de forma definitiva a partir de esa fecha. En la actualidad, Fum d’Estampa da nombre a un polideportivo de 5.350 metros cuadrados, de los cuales 3.236 son útiles. Estas instalaciones están en el lugar de aquella fábrica fundada en el año 1901.

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