Algo tan simple como una red wifi y una desafortunada frase para renombrarla ha puesto en alerta máxima al aeropuerto de El Prat y a los pasajeros de un vuelo procedente de Estambul. Y es que un pasajero del vuelo TK1853 de la compañía turca Turkish Airlines ha activado, al parecer sin querer, la alarma máxima al denominar su red a bordo con un mortal mensaje de bomba. La tripulación ha activado los protocolos de seguridad y el Airbus A321 ha sido escoltado por cazas militares franceses y españoles hasta El Prat, donde la Guardia Civil y unidades caninas han comprobado que la amenaza era falsa, poniendo fin a una tensión que ha mantenido en vilo a los 148 pasajeros y los siete tripulantes del avión y, de rebote, a todo el aeropuerto barcelonés durante varias horas.
Un avión Airbus A321 de la aerolínea turca Turkish Airlines, que cubría el vuelo TK1853 entre Estambul y Barcelona, ha realizado este jueves un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Barcelona-El Prat tras activarse una alerta por la posible existencia de un explosivo a bordo. En el avión viajaban en el momento del incidente 148 pasajeros y 7 tripulantes.
La alarma se disparó cuando un pasajero creó, presuntamente con su móvil y sin mala intención, una red Wi‑Fi cuyo nombre indicaba que había una bomba a punto de estallar. El nombre de la red habría sido algo similar a “I have a bomb, everyone will die” (tengo una bomba todos morirán) lo que llevó a la tripulación y al sistema de seguridad a activar protocolos de emergencia. Con estos aterradores indicios, el piloto lanzó la señal de emergencia 7700 a la altura de la isla de Cerdeña (Italia), indicando una situación de máxima prioridad. En respuesta, el avión fue escoltado de forma inmediata por aviones militares franceses y después por cazas del Ejército del Aire español durante su maniobra de aproximación a Barcelona, siguiendo los protocolos de seguridad rápida (Quick Reaction Alert).
Aterrizaje en una pista en desuso
El vuelo, que debía aterrizar en Barcelona a las 10:30 h, tomó tierra por seguridad en una pista habitualmente en desuso, para evitar afectaciones a la operativa del resto de vuelos comerciales progranados en El Prat. Una vez en tierra, la aeronave quedó custodiada por Guardia Civil, Policía Nacional, Mossos d’Esquadra, Bomberos de la Generalitat y Policía Local de El Prat, mientras se activaba la Alarma General al nivel más alto y se evacuaba al pasaje.
La unidad canina especializada en detección de explosivos ha sido clave en la inspección del avión y del equipaje de los pasajeros. Según la Guardia Civil, el operativo se ha desarrollado “a la perfección”, según fuentes aeroportuarias, y ha permitido descartar completamente la amenaza sin que se produjeran incidentes. Tras las comprobaciones, AENA ha desactivado la alarma general a las 13:50 horas, momento en el que el aeropuerto ha retomado la completa normalidad en sus despegues y aterrizajes.
Evacuados de diez en diez
Varios pasajeros han explicado al llegar a la terminal pratense que no han recibido información detallada durante el procedimiento, aunque sí han notado una intensa presencia policial. Uno de ellos, Kristen, ha declarado a varios medios de comunicación que “no estaba asustado, pero sabía que algo pasaba”. Otro pasajero ha comentado también a su salida que el pasaje invitado a abandonar el avión "de diez en diez" mientras los perros olfateaban las maletas, lo que viene a confirmar la exhaustividad del registro de seguridad que se ha llevado a cabo en las pistas barcelonesas,
No se produjeron heridos ni daños materiales, y el incidente se clasifica como una amenaza falsa provocada por el nombre de la red Wi‑Fi creada a bordo. La Guardia Civil ha iniciado una investigación para identificar al responsable y determinar posibles responsabilidades legales por la activación de la alarma y el aterrizaje de emergencia.
El operativo ha sido destacado por su coordinación entre todas las instituciones implicadas, desde los cuerpos policiales hasta AENA y el personal del aeropuerto, garantizando la seguridad de los pasajeros y la continuidad de la operativa aeroportuaria sin mayores consecuencias.